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Haití: Las dimensiones del dolor

Con una muy buena intuición, los haitianos no quieren entrar a las edificaciones que permanecen en pie. Hasta el mediodía del sábado se habían reportado 9 réplicas de diversa intensidad y en las últimas 24 horas un movimiento de 6.0 grados en la escala de Ritcher provocó la zozobra nuevamente entre la población.

Existe la percepción de que la prensa internacional se ha concentrado en Puerto Príncipe, y la hecatombe tiene otros puntos que ni siquiera han sido tomados en cuenta. Tal es el caso de Jacmel, una población costera al sur de Puerto Príncipe, a donde solo se puede llegar ahora por mar: estaría destruida en un 70 u 80 por ciento, según informó un cooperante internacional que logró comunicarse con alguien de ahí por el sistema Skype.

La cooperación internacional y las agencias del sistema de Naciones Unidas también enfrentan grandes pérdidas. Tres sedes institucionales destruidas: MINUSTAH (los cascos azules), PNUD y UNICEF. Los sobrevivientes tampoco tienen alimentos ni líquidos.

Si en Santo Domingo y otras provincias dominicanas mucha gente sintió que se mareaba, que las mesas o las aceras se movían, cualquiera puede hacer el ejercicio triste de calcular las dimensiones de este dolor en las áreas más cercanas a la capital haitiana: en Henry y Kencoff hacia el oeste, o en Pic, en el centro sur.

En las cercanías de los ríos Artibonico y Masacre, que conforman la frontera entre las dos islas de La Española, hay mucho miedo. Lo hay también en toda República Dominicana. Algunos vaticinios adelantaban que habría actividad sísmica captada en el subsuelo de la Ciudad Colonial, el epicentro geográfico de la capital. Pero todavía la gente aquí está muy ocupada con sus propios problemas, sobre todo económicos, mientras que el peor nacionalismo repite que se trata de un castigo de Dios para una nación maldecida.

LA SOLIDARIDAD FEMENINA

Se sabe que las mujeres son las más vulnerables ante los desastres. Así ha ocurrido. Por la hora del terremoto y de sus réplicas puede especularse que la mayoría de las personas que estaban en el interior de sus casas desplomadas eran mujeres.

Ellas abundan entre los cadáveres. Las imágenes y gráficas muestran a las sobrevivientes prestando auxilio en los improvisados campamentos.

Por parte de la sociedad civil hay una fuerte presencia de las organizaciones de mujeres en la Coordinadora de la Solidaridad.

Lideran este empeño la Colectiva Mujer y Salud, el Centro de Solidaridad para el Desarrollo de la Mujer (Ce-Mujer), la Confederación de Mujeres del Campo (Conamuca), del lado de Santo Domingo, mientras, en la misma frontera, las vendedoras de ropa usada de Asomuneda están socorriendo a sus congéneres. Del lado haitiano, instituciones, particularmente las de religión católica, están haciendo mucho, tanto cuanto pueden. Una parte son monjas.

Sergia Galván, directora ejecutiva de la Colectiva, quien preside la Comisión de Salud, estuvo en Haití el miércoles y el jueves. Con enorme desolación, ha descrito y circulado las expresiones de su tristeza por las redes de periodistas.

Sergia subrayó que además de sangre y medicamentos, se necesita suero y hace falta preparar a la población para nuevas contingencias. Ya su organización ha editado una hoja de instrucciones.

El grupo que viajó a Haití estuvo integrado, además, por Mario Serrano, ejecutivo del Centro Jesuita para refugiados y migrantes, Bonó, que está concentrando la recepción de contribuciones; Rita Ceballos, del Centro Poveda. A este equipo se sumaron otros representantes del Poveda y de FLACSO que participaban de un encuentro en Puerto Príncipe.

UNA TREMENDA EXPLOSIÓN

Briggite Wooding estaba en ese grupo, en Puerto Príncipe, impartiendo una conferencia como parte de una actividad de FLACSO. Demacrada y ojerosa, con la voz rasgada, contó a SEMlac de la tremenda explosión que sintió en el momento del sismo y le hizo pensar en una bomba de gran potencia.

Pero recapacité que no éramos tan importantes como para tal atentado. El hotel se desplomó. Pudimos alcanzar un balcón y desde allí, deslizarnos a la calle. Todo estaba bloqueado. Muchos obstáculos, la gente vagando sin rumbo. Como no había comunicación, la gente buscaba a familiares. Fueron los primeros momentos de desolación, de pánico y de desconcierto, hasta que pudimos entender lo que ocurría.

Caminé como 10 kilómetros rumbo a Petion Ville, que es la parte más alta de la ciudad, y todo el trecho era como ir andando rumbo al Pico Duarte (la elevación más alta de República Dominicana), pero lleno de muchos más obstáculos.

Esa misma noche comenzaron las réplicas que todavía continúan: todo era ruinas, árboles caídos, cables en el suelo, vehículos varados y la gente desesperada, todos los que vivían estaban en la calle, buscando a sus gentes…
Infortunadamente, esta desgracia incalculable seguirá produciendo noticias. De las más tristes.

10/MRC/LR/LGL

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