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Hay indicios de una transacción política en mi caso: Lydia Cacho

Por Soledad Jarquín Edgar/enviada

¡Por nuestra culpa te van a matar, te dije que no nos ayudaras!, Lydia Cacho recuerda la conversación telefónica que tuvo un día después de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) exculpara al gobernador de Puebla, Mario Marín, de haber violado sus garantías individuales durante su detención y traslado desde Cancún, Quintana Roo, hasta la capital poblana en diciembre de 2005.

Era difícil escucharla, cuenta Lydia pretendiendo serenidad: “Ella, una de las víctimas del pederasta Jean Tomas Succar Kuri, lloraba profusamente, yo también estaba llorando”.

La resolución de la Corte se estaba asimilando, era como una herida en el rostro de la gente que la sigue a todas partes, su pareja, amigas y amigos.

Una segunda pregunta de la niña seguía calando el alma de la periodista: “¿Por qué estos jueces dijeron que lo que pasó no pasó, porque nos están desapareciendo?”.

Luego viene a su memoria una tercera frase de la hoy adolescente de 15 años que a Lydia le suena como una advertencia: “Yo ya no quiero estar viva”, le dijo la pequeña quien se siente vulnerable ante la respuesta de las instituciones de justicia.

La Feria Internacional del Libro en esta ciudad terminó.

En los salones queda una especie de rumor que paulatino se agota para dar paso al silencio, no al olvido. Entre los miles de libros y las millones de palabras escritas, sus autores y autoras emiten “el manifiesto más breve que la comunidad intelectual ha producido en su vida, un acto de salud mental, luego nadie lee los manifiestos”, dice Paco Ignacio Taibo II, quien lee: “El fallo de la Suprema Corte en el caso de Lydia Cacho envilece este país, los firmantes protestamos”.

Ellos y ellas son los escudos de una periodista que ha perdido peso, tiene en el rostro un dejo de tristeza, pero que se sabe ha ganado todas las batallas que la indignidad no permite a los pederastas ni a los políticos corruptos.

En unos días más se cumplirán dos años de un secuestro disfrazado de detención, tortura psicológica, amenazas de violación y acoso por parte de policías judiciales poblanos que la llevan vía terrestre desde Cancún hasta Puebla, el viaje dura casi 22 horas. Los demonios del edén están sueltos.

El empresario textilero de origen libanés, Kamel Nacif Borge, la acusa de difamación y calumnia y, como si se tratara de una peligrosa delincuente, montan un veloz operativo para su traslado. Detrás, acierta Lydia Cacho unos días después, está el poder político y el propio gobernador Mario Marín.

El hombre conocido como el Rey de la Mezclilla, Kamel Nacif se siente ofendido por lo que Lydia Cacho ha trascrito: “la historia verdadera narrada por sus víctimas” y en el que se menciona a Nacif, “socio y protector del pederasta Surcar Kuri” narra la propia periodista en Memorias de una Infamia (Editorial Grijalbo, 2007), donde reporta la detención de la que fue objeto el 16 de diciembre de 2005.

EL MONSTRUO POLIMORFO

Horas antes, uno de los escritores recordó el breve cuento de Augusto Monterroso: “Cuando desperté el dinosaurio estaba ahí”. Lydia lo llama el monstruo polimorfo.

— ¿Albergaste en estos dos años que habría justicia?–. Sus ojos siempre expresivos la delatan junto con sus palabras.

— Sí, por supuesto, por ello me atreví a escribir Memorias de una infamia, porque fue todo un experimento reportear mi propio caso y entender el sufrimiento de las víctimas de esta naturaleza, porque a lo que te lleva el aparato de justicia penal en México es a un estado de indefensión, pero además a un estado de miedo y esperanza, una especie de Síndrome de Estocolmo con la PGR.

Explica el territorio donde se borda la injusticia que produce miedo y, al mismo tiempo, esperanza:

“A pesar de todo el conocimiento y la educación emocional que tengo, había días que me sentaba en la Procuraduría General de la República y me descubría suplicando con lágrimas que por favor hicieran algo, cuando tenían todos los elementos de prueba. Me descubría escuchando y creyendo la promesa de la fiscal Alicia Elena Pérez Duarte; de José Luis Santiago Vasconcelos, subprocurador del área de Delincuencia Organizada, y del propio procurador general de la República, Eduardo Medina Mora.

“Salía del juzgado y mis abogados también se emocionaban y decíamos que a lo mejor sí iban a hacer algo. Pasaba un mes, dos meses, se robaban las pruebas y llorábamos. Decíamos: no vamos a darnos por vencidos. Dos días después nos volvían a llamar para hacer una acción mínima, para hacernos creer que algo funcionaría”.

Su voz parece no detenerse. Es clara y contundente.

“Lo mismo fue sucediendo con la Corte, el martes 27 de noviembre las ministras Margarita Luna y Olga Sánchez Cordero engañaron al país, porque en todos los medios se publicaba que la Corte iba contra Marín, los indicios eran que teníamos seis votos y de pronto qué sucedió ¿qué hilos se jalaron entre el martes a las 2:30 horas al jueves a las 2:30 para que estás ministras dijeran que no hubo violaciones graves a mis derechos constitucionales?”.

— ¿Qué hilos se jalaron?

Frente a la premisa de que los demonios andan sueltos, que el dinosaurio sigue ahí y que el monstruo es polimorfo, Lydia sostiene:

— Hemos obtenido alguna información de quienes estuvieron cabildeando con los ministros (de la SCJN) sistemáticamente Manuel Barttlet Díaz, Emilio Gamboa Patrón, Miguel Ángel Yunes Linares, Mario Marín, los abogados de Kamel Nacif, Manlio Fabio Beltrones… me parece que estos son los nombres más importantes.

“También sabemos de reuniones del presidente del PAN (Manuel Espino) con todos los ministros, en alguna de estas sesiones se tocó concretamente mi caso y hay –-sostiene más adelante– un par de versiones dadas por panistas de Puebla, a quienes les he pedido que ellos mismos salgan a los medios, en lugar de decirlo off the record”.

Se trata –explica– de una transacción política en la que se negocia el triunfo de (Felipe) Calderón con “carro completo” en Puebla y, más adelante, en las elecciones locales, el triunfo priista de la misma manera, con carro completo. Versión que, advierte, “no me consta, pero hay elementos que nos dan indicios que puede ser posible”.

Y agrega, “pueden haber llegado recomendaciones, incluso, desde Presidencia, no podemos olvidar que hay asesores, abogados de Los Pinos, que fueron abogados de Marín, entre ellos Julio Esponda, quien estuvo durante toda la campaña de Felipe Calderón, dentro del pequeño grupo de batalla de Calderón”.

Lydia Cacho es periodista, feminista y autora de Los demonios del edén, un libro que muestra la existencia de una red de pederastia, basado en testimonios de adolescentes mujeres que fueron abusadas sexualmente en su infancia por el pederasta y pornógrafo Jean Surcar Kuri, es el libro que “desata a los demonios y la corrupción política en México”.

En su recién presentado nuevo libro –Memoria de una Infamia– la también corresponsal de Comunicación e Información de la Mujer (CIMAC) e integrante de la Red de Periodistas México, Centroamérica y el Caribe, sostiene sus premisas de vida y apunta que “cuando era niña, mi madre me decía que la verdad es mucho más ligera que la mentira, porque la mentira siempre cae por su propio peso…”

07/SJE/GG/CV

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