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Homofobia tolerada y Estado liberal

Por la Redacción

Después de las homofóbicas declaraciones públicas del señor Alberto Suárez Inda, acerca de que “ni los perros tienen sexo con los de su mismo sexo”, no resulta extraño que personajes de los medios de difusión masiva se sientan con derecho a manifestar públicamente sus prejuicios más retrógradas, así sea rompiendo con el artículo primero de la constitución al fomentar e instigar, desde un micrófono, los crímenes de odio.

Aunque el comentarista del canal 4, Esteban Arce, expusiera su punto de vista autoritario acerca de que la homosexualidad no es normal unos días antes que el sacerdote, ya en declaraciones anteriores Onésimo Cepeda había declarado que los homosexuales no entran en el cielo y Norberto Rivera se había cansado de censurar la orientación sexual de muchas personas que durante toda su vida han tenido que tolerar descalificaciones y repudio social, por un rasgo de su identidad que no eligieron y que les vino dado por causas tan naturales como las que reflejan los múltiples estudios citados a raíz de ambas declaraciones (acerca de personas, pero también de animales de muchas especies que realizan prácticas homosexuales) sin que, por mucho tiempo, los mismos científicos se atrevieran a dar cuenta de ello.

En una clara comparación peyorativa de los homosexuales con esos animales tan apreciados por muchas personas –con lo que el agravio es doble: hacia quienes tienen una orientación sexual diversa y hacia quienes aman a los perros (¡qué diría Francisco de Asís de ese desprecio manifiesto a ambas criaturas del señor!)—; sin haber mostrado nunca asomo de vergüenza ni haber reprochado los actos ilegales e inmorales de abuso infantil que cientos de clérigos han cometido en todo el mundo, los tres señores (Suárez, Rivera y Cepeda, acompañados por su nuevo acólito, ministro de un púlpito público) se atreven a descalificar la decisión de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal de hacer legal el matrimonio y la posibilidad de adoptar, a personas del mismo sexo.

Abiertamente comprometidos en cruzadas políticas que rebasan su propio ámbito de actuación, legalmente hablando; ya que como ministros de iglesia no es su facultad determinar los derechos de las personas; los ofensivos ministros odiantes de la diferencia han promovido debates interminables a través de internet, acerca del origen divino y otros temas absurdos de repudio a sectores amplios de la sociedad; lo que demuestra el miedo y la profunda ignorancia en la que viven miles de mexicanos. Es como si los diputados dejaran de hacer leyes que garanticen la convivencia social, o los jueces de aplicarlas para sancionar el delito, para ponerse a censurar a los clérigos por no cumplir su encomienda de moralizar adecuadamente a sus fieles, ya que es evidente la comisión frecuente de pecados.

En lugar de discutir acerca de los derechos que tenemos como ciudadanos de un país democrático, y del respeto obligado que como seres humanos merecemos todos, más allá de las circunstancias de vida particulares que a cada quien le toca vivir, muchos ciudadanos se dedican actualmente a realizar la comparsa de un tema que en los países más civilizados ya no tiene lugar.

Los representantes del catolicismo en México, en lugar de cuestionar la miseria y la desigualdad que lacera a miles de personas y responsabilizarse por el horror en aumento de las acciones criminales de hoy día, se dedican a sembrar odio y anteponer rechazo a lo que no son capaces de entender. Hablan de anti-naturalidad sin estudiar el comportamiento animal, que es el mejor ejemplo de la naturaleza, y de espiritualidad sin respetar ni mantener las enseñanzas de amor y aceptación del prójimo que les legara su Dios. Y a todo esto, la instancia del gobierno cuya función es regular y contener los excesos de los ministros de cultos y de los conductores de televisión, no ha dicho nada.

Además del lento y accidentado camino que ha seguido en México el proceso de consolidación del Estado Liberal, con 200 años apenas de haberse sacudido el tutelaje de Europa y sólo100 de haber intentado la invención de su propio sentido, los lastres que obstaculizan el avance siguen siendo los mismos: Una institución que traiciona a cada instante: de pensamiento, palabra, obra y omisión, los principios que la fundamentan; un conglomerado de sujetos que defienden y protegen los intereses más terrenales de su propia y exclusiva estirpe (a costa del pueblo que idiotizan), y una clase auto-privilegiada de arribistas que dictaminan desde los niveles más altos de decisión en el país.

Actuando en contubernio, esa nefanda triada conocida por el pueblo de México como La iglesia, El empresariado y El gobierno está compuesta realmente sólo por los jerarcas de la religión católica, por el grupo más oportunista y abusivo de los ricos del país, y por la clase política voraz que se ha enquistado en el poder para continuar (ahora con mayor apetito) su saqueo.

*Académica y ex directora del Instituto Michoacano de la Mujer

10/RMG/LR/LGL

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