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Hondureñas piden limosna para pagar extorsión a Zetas

Cinco mujeres hondureñas que fueron retenidas y extorsionadas por integrantes del cártel de Los Zetas durante su viaje en el tren de carga hacia Estados Unidos, lograron llegar con vida al  albergue para migrantes “La Sagrada Familia”, en esta ciudad del estado de Tlaxcala.
 
Kenia Julissa Zúñiga Castillo, Carmen Walesca Pavón, Saraí Pavón (ambas hermanas), Karla Jaqueline Rivera Aranda, y Estefany Hernández Pleites, relataron a Cimacnoticias que la semana pasada al llegar a Coatzacoalcos, Veracruz, fueron asaltadas por Los Zetas, quienes les exigieron 100 dólares (mil 262 pesos mexicanos) a cada una para que “pudieran salir del lugar”.
 
“Somos de la mafia y nos tienen que pagar por cabeza 100 dólares para que puedan seguir, si no les vamos a dar una ‘tableada’”, fue lo que les dijeron los delincuentes, según narró Carmen Walesca.
 
“Tuvimos que apoyarnos y prestarnos, pues nos advirtieron que si nos movíamos sin pagar nos iban a seguir por todas partes  y en  Tierra Blanca (Veracruz) nos iba a ir peor, ya que nos iban a bajar a la fuerza del tren para que les pagáramos 6 mil dólares (cerca de 76 mil pesos mexicanos) por cabeza o si no ahí nos matarían”, abundó la migrante hondureña.
 
“No viajamos con dinero, cómo les íbamos a pagar. Tuvimos que ir a charolear (pedir limosna) para juntar lo que nos pedían, pues no podíamos irnos del puente porque estábamos rodeadas de Zetas y hasta el miércoles en la madrugada juntamos lo que nos pedían”, contó Saraí Pavón.
 
Añadió: “Luego nos subimos al primer tren que pasó y llegamos el (pasado) jueves a este refugio (‘La Sagrada Familia’)”.
 
DESESPERANZA
 
Las cinco migrantes hondureñas se conocieron en Palenque, Chiapas, y decidieron ayudarse y protegerse entre ellas en su trayecto a EU, en específico a las ciudades de Nueva Orleans, Denver y Houston, en donde viven sus familiares.
 
Las mujeres dijeron que esperan superar los riesgos del recorrido y reunirse con sus parientes, conseguir trabajo y enviarles dinero a sus hijas e hijos que se quedaron en Honduras bajo el cuidado de las abuelas o del padre.
 
Kenia Julissa Zúñiga, de 29 años, comentó: “Yo me separé de mi esposo y tengo cuatro hijos de 13, 11, 10 y 8 años que se quedaron con su papá. Yo me voy a Estados Unidos para buscar su bienestar; les juré que les iba a  mandar dinero para que vayan a la escuela, se compren ropa y tengan que comer todos los días, pues ahorita en San Pedro Sula (la segunda ciudad más grande de Honduras) no hay empleo y yo ya llevo dos años sin trabajar”.
 
Las hermanas Carmen –de 24 años y madre de una pequeña de cuatro– y Saraí, de 20 años, lamentaron que en su país no haya trabajo, ni oportunidades para las y los jóvenes; “los papás nos sacan de la escuela y para qué, si nadie te ofrece nada porque no tienen dinero para pagar”.
 
Saraí cuestionó: “¿Le parece justo que por trabajar un día nos  paguen sólo 5 lempiras, que equivalen como a 2 pesos mexicanos con 50 centavos? De  verdad la situación es deplorable, yo por ejemplo ni estudio, ni trabajo. ¿A qué me quedo en Honduras?”.
 
Karla Jaqueline Rivera, de 29 años, contó que regresa a Houston por su hijo de ocho años, quien se quedó con una amiga tras su deportación en septiembre de 2012. “Mi hijo tiene la nacionalidad norteamericana gracias a Dios y voy a alcanzarlo, a quedarme a con él pues no lo puedo abandonar y él me está esperando”, agregó.
 
Estefany Hernández Pleites, madre soltera de 30 años, dejó en Honduras a una niña de 13 y a unos gemelos de 11 con su mamá.
 
Su último empleo “fue en la municipalidad de San Pedro, pero se terminó y no he podido encontrar trabajo, la situación está muy difícil y ya no se cómo darle de comer a mis hijos. Prefiero pasar hambre y frío unos días, pero confío en llegar a Houston y pedirle a mi cuñado que me ayude a buscar trabajo”.
 
Las cinco migrantes comentaron que partirían lo más pronto posible después de pedirle al sacerdote que ayuda en el refugio les diera la bendición, y ellas juntaran algo de dinero para comprar alimentos que les permitan llegar al próximo albergue en Huehuetoca, Estado de México.
 
APOYOS
 
El albergue “La Sagrada Familia” opera en Apizaco desde octubre de 2010 muy cerca de la estación del ferrocarril. Es coordinado por la asociación civil “Un mundo una nación”, que trabaja en la difusión y defensa de los derechos de las y los migrantes en coordinación con la Diócesis de Tlaxcala.
 
La representante de la organización, Carolina González Cuevas, explicó que de octubre de 2010 a diciembre de 2012 han atendido a 14 mil 511 personas, de las cuales mil son mujeres principalmente de origen hondureño.
 
“Prácticamente el 70 por ciento de mujeres y hombres atendidos  son de Honduras, seguidas por personas de El Salvador y Nicaragua”, detalló.
 
En el albergue las y los migrantes se pueden quedar hasta tres días y tienen los alimentos seguros, un lugar para dormir y bañarse. Además se les dan talleres sobre defensa de los Derechos Humanos, prevención de trata de personas, equidad de género y “fortalecimiento espiritual”.
 
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