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Hoy la represión es más sofisticada que durante la guerra sucia

Por Adriana Rodríguez González

Persecuciones, tortura, represión militar son sólo algunas de las experiencias que vivieron mujeres guerrilleras quienes, en busca de un país más equitativo, igualitario y justo, participaron en las Fuerzas de Liberación Nacional, el Movimiento de Acción Revolucionaria, la Liga Comunista 23 de Septiembre, el Grupo de Diego Lucero, Vanguardia Armada del Pueblo y el Partido de los Pobres.

Estas historias fueron recopiladas, a raíz del primer Encuentro Nacional de Mujeres Ex Guerrilleras, por María de la Luz Aguilar Terrés con el fin de recuperar la memoria histórica. Se trata de una obra que además de anécdotas incluye conferencias magistrales, notas de prensa, así como correos electrónicos enviados entre los participantes del evento.

Dicho encuentro se llevó a cabo en la Ciudad de México, el 13 de diciembre de 2003, en la Torre del Caballito para constituirse en un espacio de análisis y reflexión sobre la participación de las mujeres en el Movimiento Armado Socialista.

En entrevista, Aguilar dijo que las compañeras y compañeros que actualmente alzan la voz por alcanzar el respeto a sus derechos viven la misma represión de los años sesenta.

“Es indudable que la sociedad ha avanzado, aunque actualmente en Oaxaca, por ejemplo, hay signos de represión parecida a la de aquella época, pero más sofisticada o selectiva”, declaró.

La periodista Miriam Ruiz, quien trabajó como reportera de Cimacnoticias, comentó que resulta necesario estudiar un movimiento social como la guerrilla desde la perspectiva de género para que no se repitan casos de mujeres asesinadas.

Señaló que hace falta que las guerrilleras externen sus miedos a un embarazo no deseado o a un aborto mal practicado, tomando en cuenta las condiciones de amedrentación en las que viven.

Ruiz compartió su necesidad de conocer más sobre el contexto en que viven estas mujeres para enriquecer la visión masculina, puesto que mucha gente crece sin sospechar que alguien arriesgó la vida por alcanzar un mejor país porque, recalcó, toda la gente que participó en la guerrilla dio su vida.

Finalmente, manifestó su molestia ante la incapacidad de reconocer a todas esas mujeres que lucharon contra la represión y propuso continuar con la difusión de los acontecimientos sucedidos para que todas y todos comprendan la importancia de su lucha y se recuerden sus nombres.

DEJARON LOS ROLES TRADICIONALES

El libro de Aguilar muestra cómo en las décadas de los sesenta y setenta, madres, esposas, hijas dejaron los roles tradicionales de dedicarse al hogar para manejar las armas, además de tomar decisiones en movimientos sociales.

Tal es el caso de Dení Prieto Stock, nieta de un revolucionario zapatista que en 1974 murió a la edad de 19 años con el tiro de gracia en un enfrentamiento con el ejército en San Miguel Nepantla junto con otros seis compañeros de las Fuerzas de Liberación Nacional, incluido su esposo, Raúl Morales.

Los cuerpos fueron fotografiados y trasladados a la Ciudad de México para ser enterrados en la fosa común del panteón Dolores. Siete años más tarde, la familia recuperó unos restos que depositaron en la urna de una iglesia en la avenida Cerro del Agua con la esperanza de que pertenecieran a Dení.

Otro suceso que estremece es lo ocurrido a Martha Camacho, una mujer a la cual le mostraron a su hijo al momento de nacer con una metralleta en la cabeza. Ambos fueron arrojados a un lote baldío al creerse que los habían matado.

María de la Luz Aguilar Terrés, ex integrante del grupo Vanguardia Armada de México (VAP), acopló las actividades del hogar con la lucha armada.

En 1968 participó en el comité de lucha repartiendo volantes y realizando colectas. En 1969 se integró a la brigada obrero-estudiantil en Tlatelolco donde dio pláticas a trabajadores de maquila.

Conoció a su esposo en el movimiento obrero y juntos se integraron a las células armadas.

En la década de los setenta tuvo que cambiar constantemente de domicilio, incluso de apariencia, ante la persecución.

Sus hijos, así como sus padres fueron secuestrados por unos treinta agentes de la Dirección Federal de Seguridad para exigirles les revelaran el lugar donde se encontraba bajo la amenaza de ser fusilados.

Su lucha continuó hasta que al aflorar el machismo de su esposo y descubrir que el compromiso ideológico en la relación y el amor había llegado a su fin, tuvo la necesidad de dedicarse de lleno al trabajo en una dependencia del gobierno durante once años para sacar adelante a su familia.

Actualmente trabaja en la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) y planea la realización del segundo encuentro previsto para el próximo año en Mazatlán.

La idea del evento es escuchar las voces de familiares y compañeros de guerrilleras, para darles un reconocimiento por su apoyo a pesar de las amenazas que también sufrieron.

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