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Juicio sumario por alimentos ante incumplimiento de pensión

María del Carmen está desesperada. Le indigna tanta injusticia. Quiere que el sistema legal cambie, que ampare más a las mujeres como ella, por eso da su testimonio.

Se separó de Alberto en febrero del 2005. Tiene dos hijos adolescentes, uno de 15 años con problemas neurológicos y una de 14 que ha sido expulsada de dos secundarias.

Decidió terminar su vida conyugal porque se cansó de soportar la violencia familiar y la embriaguez de un marido que no trabajaba.

Ella siempre ha trabajado en las maquiladoras. Desde que Alberto se fue de la casa no le ayuda con nada.

Al principio le pareció suficiente con que se fuera y dejara de agredirla. Hasta sintió alivio. Pero al verse agobiada con tantos gastos decidió demandarlo penalmente por incumplimiento de obligaciones.

Le parece injusto que él esté tan tranquilo, mientras ella se mata trabajando para sacar adelante a sus hijos.

La señora gana 700 pesos por semana. Tiene que hacer rendir el dinero en alimentos, pago de servicios y transporte. Para ropa y zapatos no hay recursos.

Vive en la colonia Ponce de León, en una casa muy sencilla que le está pagando al Instituto de la Vivienda. El abono es de 630 pesos mensuales. En diciembre que le dieron su aguinaldo se puso al corriente, pero ahorita está atrasada con tres mensualidades.

Trabaja en el tercer turno, de doce de la noche a seis y media de la mañana. Es la única manera de atender a su hijo que sufre de problemas neurológicos.

El muchachito requiere asistencia permanente porque no se puede valer por sí mismo. En ocasiones se pone muy agresivo y se sale de la casa. Toma medicamentos controlados.

María del Carmen duerme a ratos. Dos o tres horas cuando llega a su casa del trabajo y otras tres horas por la tarde.

Antes llevaba a su hijo al Cecade, escuela de educación especial que está en La Concordia, pero dejó de ir porque no tiene con qué pagar el transporte y se le dificulta lidiarlo sola en el camión.

Está triste porque sabe que ahí es el único lugar donde pueden ayudar a su hijo para que aprenda a valerse por sí mismo, para que se bañe y se vista solo, para que aprenda a caminar solo en la calle y para que sepa cómo manejar el dinero.

Le preocupa mucho su hija porque está en plena adolescencia y tiene que enfrentar muchos problemas, entre ellos la responsabilidad de cuidar a su hermano cuando ella está trabajando.

Dice que ésa es una de las razones por las que la expulsaron de la secundaria. Además, la muchachita tiene problemas de comportamiento y amenaza con irse de la casa.

María del Carmen la entiende, sabe que mientras ella no esté bien tampoco sus hijos lo estarán. Sabe que su hija está en la edad de la rebeldía y le parece injusto no poderle dar para que cubra sus más elementales necesidades.

Está molesta porque su denuncia está atorada. La presentó en febrero del año pasado. El Departamento de Averiguaciones Previas integró rápido el expediente y consignó el caso al Juzgado Octavo Penal.

Giraron orden de aprehensión y detuvieron a Alberto. El señor pagó siete mil pesos de fianza y salió inmediatamente.

Hace más de un año que el proceso está abierto y no avanza. Le pidieron que llevara varios testigos. Ella lo hizo.

El señor se niega a aportar recursos con el pretexto de que no trabaja. Es músico. Es miembro del grupo Esquirla. Sabe que sí tienen tocadas porque su hija descubrió un cartel con publicidad donde aparece la fotografía de Alberto.

La señora llevó el anuncio publicitario al juzgado para probar que su ex marido sí está trabajando, pero dice que la secretaria de acuerdos le dijo que es muy difícil obligar al acusado a que aporte dinero.

Asegura que con la ayuda de su abogada, Alberto se vale de todas las argucias para aparecer casi como indigente, con tal de no aportar dinero para sus hijos.

María del Carmen no puede creer que no haya leyes y autoridades que la apoyen, que obliguen a su ex marido a ser un padre responsable.

A veces quiere claudicar. Pero saca fuerzas de su indignación. No está dispuesta a permitir que Alberto eluda su responsabilidad de padre. Está orgullosa de tener a sus hijos, pero le parece injusto que sólo ella aporte para su sostenimiento, sobre todo cuando tienen tantas carencias.

Pide a los jueces más sensibilidad y criterio. Sabe que no es la única mujer que está en estas condiciones. Por eso no quiere desistir. Sabe que si cada una hace su lucha, algún día tendrán que hacer leyes que protejan más a los hijos de los padres desobligados.

JUICIO SUMARIO

El caso de María del Carmen es uno de los 47 consignados por incumplimiento de las obligaciones en los ocho juzgados penales del Distrito Morelos el año pasado.

Pero la vía penal no es la única que tienen las mujeres para obligar a sus parejas a sostener a los hijos.

Está también el juicio sumario de alimentos que atienden los juzgados familiares. El año pasado iniciaron 826 procesos de este tipo en el Distrito Morelos.

Claudia Patricia Corral, jueza Tercera de lo Familiar, explica que la mayoría de los hombres sometidos a juicio sumario de alimentos son divorciados que incumplen el convenio que firmaron comprometiéndose a otorgar parte de su ingreso para el sostenimiento de sus hijos.

Cuando una pareja se divorcia, ya sea de manera voluntaria o por la vía contenciosa, firma un convenio en el que se establece de manera específica la aportación que el padre de familia debe hacer para el sustento de los hijos, detalla la jueza.

En teoría, ese convenio tendría que ser suficiente para que los hombres cumplan su compromiso, porque se trata de un documento legal, cuyo desacato implica sanciones, indica.

Sin embargo, la mayoría de los hombres que se divorcian incumple ese convenio, por eso las mujeres entablan juicios sumarios de alimentos, hace ver.

Aclara que no sólo las mujeres divorciadas pueden iniciar este tipo de juicios. También las que están casadas y las que viven en unión libre con sus parejas.

Hay hombres que piensan que porque no hay matrimonio de por medio pueden abandonar a sus hijos sin ayudar en su sostenimiento y no es así, en estos casos también procede el juicio sumario de alimentos, puntualiza.

Dice que aunque son los menos, también hay hombres que, aun viviendo con su esposa y sus hijos, no aportan para su sostén y ellos también pueden ser enjuiciados.

El problema que la jueza ve es que la mayoría de los hombres se las ingenia para evadir su responsabilidad. Comenta que muchos incluso renuncian a sus trabajos con tal de no otorgar parte de su salario a sus hijos y otros hasta se van del país para evadir la ley.

La psicoterapeuta Rossina Uranga dice que este comportamiento de los hombres es el resultado de la estructura social machista.

Los hombres no hacen un lazo afectivo fuerte con sus hijos, por eso se les facilita abandonarlos en todos los sentidos, tanto física como económicamente, explica.

El sistema machista exige que sean las mamás quienes atiendan a sus hijos desde que nacen hasta que se casan, por eso desarrollan un lazo emocional indestructible, indica.

Con este esquema, los papás se acercan poco a sus hijos, no les cambian el pañal, no les dan el biberón, no los bañan, no los consuelan cuando lloran, no los atienden cuando se enferman, no van por ellos a la escuela, no platican con ellos en la adolescencia, ni los regañan cuando cometen errores, detalla.

La mayoría de los padres tienen escasa relación con sus hijas e hijos, por eso no entablan con ellos un lazo afectivo fuerte y se les facilita abandonarlos cuando hay separación conyugal, señala.

Los hombres no entienden que una cosa es separarse de su pareja y otra de sus hijos, con quienes tienen una responsabilidad de por vida, apunta.

José Chávez Aragón, presidente del Supremo Tribunal de Justicia, advierte que los jueces deben ser muy sensibles para no beneficiar con la reforma penal a los hombres procesados por incumplimiento de sus obligaciones.

Recuerda que si bien la reforma penal puede beneficiar a los indiciados, también hay una nueva ley que ampara a las víctimas.

Dice que en estos casos en que las víctimas son los hijos, los jueces deben tener mucho cuidado para no proteger a los padres irresponsables.

Y es que, según Rosa María Sáenz, coordinadora de la Asociación de Abogadas Chihuahuenses, con o sin reforma penal, no hay manera de obligar a los hombres para que sostengan a sus hijos, porque las leyes son muy laxas y siempre encuentran la manera de evadirlas.

07/DV/GG

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