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La despedida

Por Juana Eugenia Olvera*

Se vencía mi estancia en el Ashram, así como la visa. Yo había quedado de verme con mis maestros de la gnosis en Delhi para ver la posibilidad de acompañarlos a Rishikesh.

Así que empecé a preparar mis cosas, dejar ropa que no me sería útil en México y prepararme para una despedida sorpresa que me dieron los compañeros del Ashram, con quienes trabé amistades.

Nunca me imaginé el festejo. Se realizó en los jardines y fue una especie de picnic, con huevos cocidos, sándwiches y refrescos. Muy cariñosos, me regalaron un yapa mala de venturina dorada como recuerdo del tiempo que habíamos convivido y en señal de amistad. Fue una tarde muy grata.

Esa tarde hablamos del baño que existe en el centro de Ganeshpuri, que era uno de los lugares favoritos de Nityananda, el gurú de Baba Muktananda, y del cual comentamos que ninguno de nosotros habíamos ido y nos hicimos el propósito de ir.

Tendría que ser como a las tres de la mañana y diciendo y haciendo. Ada y yo quedamos de pasar por Paul y Manjunat y así lo hicimos.

El centro de la población estaba cuando mucho a 10 minutos a pie del Ashram, y pese a que en esa época el pueblito tendría una población máxima de mil personas, era sumamente tranquilo, seguro y silencioso a excepción de unos cuantos perros que notaban nuestra presencia y se las dejaban saber a sus compañeros.

El camino estaba iluminado y pronto llegamos. Era un manantial que habían divido en dos partes. Una para mujeres y otra para hombres. Aunque era de madrugada aquello parecía día feriado.

Tenía un cuartito para dejar nuestras cosas. Ahí nos vestimos para meternos a una especia de fosa. El agua estaba tibia y todo se mantenía en orden. Veíamos a nuestros compañeros del otro lado de la barda que dividía el lugar. Fue una experiencia muy agradable.

No queríamos recibir sanciones, por lo que decidimos volver antes de que el Ashram estuviera activo y así lo hicimos. De hecho el lugar se considera sagrado y como tal fue la visita que realizamos, comentando lo que muchos devotos decían de los prodigios de esas aguas.

Llegamos y cada uno de nosotros fuimos a nuestras salas a bañarnos, arreglarnos e integrarnos a nuestras cotidianas ocupaciones. Entramos justos a la Guru Gita, sin que nadie se hubiera dado cuenta de nuestra escapada.

Faltando unos pocos días para mi vuelo, decidí regresar a Delhi y esperar el día que me encontraría en la embajada de México con mis maestros. Con cierta nostalgia dejé el Ashram, no sin antes despedirme de mis deidades nuevas.

Llegué a Delhi en medio de algunos contratiempos con los vuelos, pero sin mayor problema. Me habían aconsejado que llegara al hotel de la YMCA, que aparte de estar limpio no era caro. Estaba muy cerca de la embajada mexicana por lo que me gustó más.

El día de nuestro encuentro llegó y me dirigí a la embajada. Me permitieron esperar un tiempo razonable, pero no llegó nadie. Dejé mis datos por si llegaban después. Esperé un día más, y cuando sentí que ya no llegarían confirmé en el avión mi salida para Los Ángeles.

Esa tarde llegó un telegrama a la embajada, que me enviaron al hotel. Mis maestros me comentaban que habían surgido algunos contratiempos, por lo que no pudieron llegar la fecha en que habíamos quedado y que iban rumbo a Rishikesh.
Fue un día más para estar en Delhi, caminarla, admirarla, despedirme de ella, pidiéndole que en un futuro me volviera a llevar con ella.

Al siguiente día emprendía el regreso. Tenía que salir por Madrás o Madurai, como se llama ahora; fue mucho más tranquilo, aunque no más seguro, ya que cuando llegué a México noté que me habían abierto unos pequeños compartimentos de una maleta (donde venían mis libros y habían sustraído dos rollos usados de mi cámara fotográfica). Con cierta desilusión me dí cuenta de que en todos lados se cuecen habas.

En Madrás me embarqué en el vuelo de Air Singapur que sigue siendo la mejor línea aérea internacional. Sólo que ahora haría una parada en Tokio para llegar posteriormente a Los Ángeles, California, y de ahí a mi querido México. Como siempre, mis amigas irían por mí para integrarme nuevamente al bullicio de esta ciudad.

*Narradora oral, astróloga y terapeuta.

11/JEO/RMB

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