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La seva

Por Juana Eugenia Olvera*

Una situación que siempre me cuestionaba era la seva (una compañera la bautizó como la soba que te pone), ya que se me hacía injusto que si se pagaba una mensualidad todavía tocara lavar trastes en la cocina occidental.

Para ese momento daba mi seva en la cocina hindú, lo cual me encantó porque aprendí a preparar el té a la usanza del Ashram. Ahora ya lo están vendiendo algunas cafeterías en México, pero en ésa época no era conocido acá. Está hecho con el té negro y se combina con especias, entre ellas el cardamomo que le da ese sabor especial, así como canela, azúcar mascabada y leche.

Lo servían como a las cuatro de la mañana antes de ir a cantar la Guru Gita (el canto al Gurú), que dura como tres horas. Como seva también cada 15 días se lavaban los baños, se limpiaba la sala en donde dormías y si tenías alguna especialidad como acupunturista, masajista, médico, etcétera, había lugares como pequeños consultorios en donde podías dar tu servicio.

Como seva también empecé a hacer horóscopos a algunos devotos. Esto me permitió darme cuenta de las posiciones planetarias para los que ahí estábamos, dado que es una situación casi de clausura, y fueron muy ilustrativos como aprendizaje.

Podíamos salir del Ashram si teníamos alguna necesidad. En una ocasión se salió un cristal de uno de mis lentes y tuve que ir a Bombay a que me los compusieran. En otra los zapatos que había llevado para el clima se deshicieron prácticamente y tuve que salir a comprar otros.

Otras veces se me antojaba comer pollo o algo diferente y pues íbamos a Bombay, aunque había ciudades pequeñas más cerca de donde estábamos como Pune, que está más o menos a la mitad de Ganeshpuri y Bombay.

Esta ciudad tiene los servicios de cualquier ciudad más grande. Lo que me encantaba de ella es la cantidad de dulces que se expenden en los puestos cercanos al mercado. Ni a cuál elegir, dado que tanto en presentación como en sabor todos son maravillosos, bueno, lo que sucede es que a mí me encantan los postres.

Como seva también me tocó aprender hacer unos dulces muy similares a los que se hacen con amaranto, sólo que los de la India eran bolas gigantescas.

Allá se calentaba el ghi (mantequilla clarificada) y se sofreía a fuego muy bajo el cacahuate. El amaranto mezclado con piloncillo derretido se mezclaba con el cacahuate y con las manos se formaban una bolas grandes que una vez secas se daban de regalo a quienes visitaban el Ashram en las diferentes festividades. A los niños les encantaban.

También como seva se le pedía a los devotos que prepararan una serie de platillos que se vendían en el comedor occidental, como parte de una cena típica del país de origen.

Dado que en esas temporadas había personas de múltiples nacionalidades, se les pidió a unas mexicanas de Guadalajara que andaban por allá prepararan una cena típica. Yo no tuve forma de probarla, pero muchas de las latinas que permanecían por más tiempo me comentaron que estuvo muy picante y que casi no la pudieron comer.

Cuando casi habían salido los extranjeros, Gurumayi preguntó si habría alguien más dispuesto a preparar una cena. Mis amigas llegaron y me preguntaron si podría preparar una cena mexicana, a lo cual, sin dudar dije que sí, ya que había empezado a extrañar mis queridos chilaquiles, el guacamole, unas rajitas, en fin, todo lo que para mí es la comida mexicana.

Pronto estaba organizando todo con el chef de la cocina occidental. Trataba de explicarle lo que son los chilaquiles y él en su francés y yo en mi medio inglés, medio nos entendíamos. La realidad es que era un devoto como yo, cuya seva era dirigir la cocina light donde muchos de los occidentales tomaban alimentos más afines a su comida original.

Él me pedía que le diera el peso exacto de la bola de masa con la que se elaboraba una tortilla. Le explicaba que cuando yo hacía ese platillo compraba las tortillas ya hechas y no sabía cuánto pesaba.

Pero el necesitaba saber cuántos kilos de masa se iban a ocupar, para pedir el abastecimiento de la harina de maíz y así tener los elementos para preparar nuestro platillo principal.

* Narradora oral, astróloga y terapeuta.

11/JEO/RMB

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