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La Verdad nos hará libres

Por Lucero Saldaña

El caso de la periodista y defensora de derechos humanos Lidya Cacho, de las supuestas grabaciones telefónicas que escandalizan y ponen en entredicho los temas del Estado de Derecho, el espionaje telefónico, la libertad de prensa, el delito de difamación y calumnia, el financiamiento de campañas políticas, los vínculos entre el poder político y económico, la corrupción, el chantaje a funcionarios, los derechos humanos, la ética de los medios, y muchos grandes temas que para que se den o se dejen de dar requieren de firmeza, sensibilidad, pero sobre todo justicia, equidad y la verdad en su plena y definitiva expresión.

Hay que desvelar falsos valores, probándolos para comprobar su correspondencia con los valores éticos que deben manifestar los medios, las autoridades, los particulares, y la sociedad organizada. Pero el tema central de todo este asunto en el que giran los demás, está la pederastia y sus redes de contacto, explotación, y comercialización. Este es el tema focal que si perseguimos la verdad, debemos solicitar que se realicen las investigaciones por parte del gobierno federal para que se efectúe la extradición del señalado pederasta Jean Succar Kuri desde Arizona a nuestro país, de tal manera que aplique el necesario proceso legal, estaríamos hablando, entonces, del gobierno de la ley, donde nadie, ni siquiera el gobierno esté por encima de la ley.

Investigación a fondo puede ser la propuesta de que la Procuraduría General de Justicia a través de las recién creadas Fiscalías Especiales para la atención de delitos cometidos contra periodistas y para los delitos violentos en contra de las mujeres se aboquen a las indagatorias y se adopten las medidas conducentes de conformidad con los tratados internacionales y las leyes nacionales; y se intensifiquen acciones para erradicar el abuso y la explotación comercial de niñas y niños mediante la coordinación de los tres niveles de gobierno.

Que los partidos políticos se involucren únicamente para obtener la ganancia en votos, o la pérdida de simpatizantes de sus contrincantes, no significa que se tenga el interés por el desmantelamiento de la redes de pederastas, por ello es necesario dar un tratamiento separado al tema jurídico del político y no propiciar la politización de lo jurídico, ni la judicializar lo político, las perspectivas son diferentes.

Atendí al llamado de grupos de mujeres periodistas, organizaciones de derechos humanos de las mujeres y familiares de Lydia Cacho para solicitar a las autoridades respectivas, el debido respeto a su integridad en el trayecto y durante la detención y presentación de su declaración, de tal manera que el mismo día en que llegó a Puebla pudiera salir bajo fianza debido a que trataba de delitos menores.

Ella ha debido enfrentar y brindar las pruebas necesarias para su defensa, y habiéndose trasladado su caso hacia Cancún su libertad condicionada está todavía sujeta al juicio legal. ¿Consideraríamos que el delito de difamación debiera despenalizarse, para evitar el que se interne al procesado por no tener el dinero suficiente para pagar la fianza, multa y reparación del daño, junto con delincuentes y procesados por delitos mayores?

“Entre el agravio y la afrenta hay esta diferencia (dice Don Quijote hablando del religioso de la casa del duque que acaba de injuriarle públicamente). La afrenta viene de parte de quien la puede hacer, y la hace y la sustenta; el agravio puede venir de cualquier parte sin que afrente.” Si vemos a las víctimas como las figuras que son vulnerados sus derechos, empecemos viendo lo vulnerables que son los derechos de las y los niños, que no presentan demanda porque no tienen ni dinero, ni voz, ni ciudadanía.

La venganza es un deseo inflamado y distorsionado de que se castigue una ofensa. La corrección del perjuicio que constituye esa ofensa suele quedar subordinada al deseo de infligir dolor y sufrimiento a quien comete una falta. En la venganza la parte ofendida suele buscar a menudo infligir personalmente lo que considera el castigo. Esta reacción excesiva conduce más a la injusticia que a la justicia. Y nos esclaviza.

Los medios de comunicación han hecho muchas cosas positivas a nuestra sociedad, incluido un conocimiento más amplio del mundo que nos rodea y un paradigma más informado sobre el proceso del gobierno democrático. El medio es eso, un instrumento para un fin. Aquí el fin no persigue la difamación, sino desmantelar las redes de pornografía infantil en nuestro país, y en esto luchamos.

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06/LS/LR

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