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Las campañas de Provida causan retroceso legal

Por Silvia Magally

Teresa Flores, profesora de la Universidad Católica Boliviana, criticó a los grupos Provida por realizar campañas de condena y terror en contra del aborto y en perjuicio no sólo de la salud de las mujeres sino del bienestar de millones de hijos no deseados.

En su artículo “Aborto: decisión ética personal”, la también consultora internacional en temas de la mujer y medio ambiente señala que las acciones que han impedido la despenalización del aborto en los países de América Latina y el Caribe han validado retrocesos en las legislaciones.

Dijo que a través de campañas de miedo y culpa, los grupos de la Iglesia católica pretenden desalentar la práctica del aborto al considerarla un acto criminal.

Sin embargo, advierte en su análisis, la ciencia ha demostrado que un embrión o feto (hasta bien avanzado su proceso) carece de vida humana y sólo hasta el séptimo mes de desarrollo fetal las células cerebrales son capaces de percepción sensorial.

La falacia de que al abortar estamos matando a un ser viviente tiene el único fin de crear un sentimiento de culpa en las mujeres que no desean tener hijos, opina.

Más aún, sostiene que hacer creer a las madres que son asesinas cuando interrumpen el desarrollo de un embrión, no es más que una crueldad basada en dogmas de fe relativamente recientes.

Sin embargo, estima que las mujeres embarazadas que deciden no tener hijos lo hacen con un profundo sentido ético, pues toman esta decisión animadas por el deseo de evitar traer al mundo niños que vengan a sufrir, pasar hambre, malos tratos o bien porque saben que sus necesidades básicas y afectivas se verán insatisfechas.

“En una decisión de abortar hay un alto sentido de responsabilidad, que no es otra cosa que una actitud ética”, asevera.

Los millones de mujeres que practican el aborto –señala la autora-, lo hacen porque no tienen condiciones materiales o emocionales para criar a un hijo, con lo que muestran un sentido ético más desarrollado que aquellas que los abandonan, sea física o emocionalmente.

La moral social dicta que tener muchos hijos constituye un beneficio; sin embargo, en el mundo actual no es posible atender a una gran cantidad de hijos debido al aumento del desempleo y la pobreza, pues se cuenta con menos recursos o muy deteriorados para atender las necesidades de una población creciente, lo que confirma los altos índices de niños abandonados en las grandes ciudades latinoamericanas.

Hoy se deben considerar las limitaciones que nos impone un mundo agobiado por problemas sociales y ambientales y que entre otras muchas cosas determina la necesidad de tener una menor cantidad de hijos, concluye.

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