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Las dificultades de la marcha ciudadana hacia Ciudad Juárez

Por Clara Jusidman*

Uno de los aspectos más valiosos del Movimiento por la Paz y la Justicia convocado por Javier Sicilia y un grupo de activistas cívicos, es el rostro y la voz que el Movimiento le está dando a las miles de víctimas que carecen de los recursos económicos, sociales y políticos para ser reconocidas y escuchadas por los poderes del Estado y para acceder a la justicia y a la reparación del daño.

Otro valor muy rescatable es la autenticidad y la frescura del lenguaje que maneja Sicilia. Emerge de su corazón y de sus emociones y no se preocupa por ser políticamente correcto. Además su capacidad para reconocer que pudo haberse equivocado y matizar afirmaciones o demandas que en algún momento realizó al escuchar testimonios reiterados de abusos.

En este país de simulaciones, la autenticidad en el espacio público, arroja un aire de frescura y de esperanza. No hay dobles agendas como han querido ver muchos, temerosos del desplazamiento de sus intereses frente a la convocatoria y la amplia expectativa generada por el Movimiento por la Paz y la Justicia.

Mantener la centralidad de las demandas por acceso a la justicia de las victimas y el combate frontal a la impunidad y la corrupción son dos temas que deben mantenerse como ejes del Movimiento.

Se corre el riesgo, sin embargo, que ante la incapacidad del Estado para escuchar y atender otras demandas de la sociedad civil se pretenda utilizar la fuerza del Movimiento para incluirlas. Esto podría conducir a una ampliación y diversificación tal de la agenda que dificulte su concreción en la exigencia de acciones concretas y medibles en el tiempo.

En cierto sentido, todos somos víctimas de una sociedad profundamente desigual, discriminatoria y excluyente donde el poder político y económico se concentra en muy pocas manos. Todos y todas nos sentimos abusados, expoliados y engañados.

Aquí se trata, no obstante, de darle la vuelta a la evidente incapacidad del Estado mexicano para cumplir su función de garante de la vida, la integridad y la libertad de las personas que viven y transitan por su territorio. Si al menos no encontramos el camino para lograr eso, difícilmente podremos abordar los cambios necesarios para enfrentar la violencia estructural.

En la compleja marcha hacia Ciudad Juárez, las cabezas visibles del Movimiento han tenido que enfrentar y tratar de conciliar dos posiciones extremas: las de aquellos que eximen al Estado y especialmente al gobierno federal de toda culpa por el desastre en que nos encontramos y le atribuyen todo a la delincuencia, y la de aquellos que se niegan a cualquier diálogo o pacto con el gobierno por considerar que es el responsable de la situación y de las 40 mil vidas que han caído en esta administración.

De ahí la importancia de un diálogo civil que permita encontrar los consensos básicos y dejar fuera los disensos. Por ello la enorme trascendencia del encuentro en Ciudad Juárez.

La conciliación y el acercamiento ha sido una tarea que ha ocupado a los líderes del Movimiento en estos últimos días. Se han dedicado a reunirse y escuchar a diferentes grupos, organizaciones y personas.

Pero un reto mayor que se enfrenta ahora es la organización de la marcha que deberá concluir en Ciudad Juárez el 10 de junio. Hay que partir del hecho de que por su naturaleza y origen, el Movimiento no cuenta con la capacidad logística y los recursos económicos requeridos para mover a un número, aún desconocido, de las personas que se integrarán en la caravana.

Se pretende iniciar la marcha el día 4 de junio desde Cuernavaca y pasar por el Distrito Federal para recorrer los estados y ciudades más agobiadas por la violencia Michoacán, San Luis Potosí, Zacatecas, Durango, Coahuila, Nuevo León y Chihuahua.

Las dificultades económicas y logísticas incluyen la contratación de autobuses y operadores de los mismos que puedan acompañar por ocho días a los participantes; la disposición de medicamentos, alimentos y agua para autoabastecerse y reducir los riesgos de enfermedades; la presencia de personal de salud en cada autobús y la disposición de al menos una ambulancia; así como lugares de alojamiento colectivo y de aseo para todos los participantes, evitando su dispersión.

Además, es necesaria una organización y un dispositivo de seguridad en el recorrido y organizaciones solidarias en cada ciudad, para convocar y armar los eventos culturales y los encuentros con las víctimas de la región.

Para todas y todos los que estamos deseosos de que esta movilización ciudadana sea un éxito y contribuya a la visibilización y a la consolidación de un Movimiento Ciudadano pacífico, es una oportunidad para apoyar con medicamentos, alimentos, agua y dinero, facilitando autobuses, incorporándose a la misma y acudiendo a los eventos que se realicen en las ciudades del recorrido.

En las páginas de Cencos, INCIDE Social y del Centro Vittoria se podrá obtener información para apoyar la marcha hacia Ciudad Juárez.

*Analista del Cambio Social y Presidenta de INCIDE Social A.C.

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