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“Lesbianas, comunistas, putas”

Por Anamaría Cofiño K.*
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Los prejuicios en Guatemala son de tal magnitud que mecánicamente asocian ser feminista con los calificativos de “lesbianas, comunistas y putas”.
 
Casi nos hemos acostumbrado y hasta risa da que nos digan de todo. Eso refleja el grado en que la ideología manipula las mentalidades creyentes acríticas, formadas en los moldes de la doble moral.
 
Veamos: nos dicen “lesbianas” porque participamos en actividades para mujeres, porque usualmente no nos disfrazamos de muñecas, con tacones, maquillajes y postizos de silicón; porque promovemos transformaciones en las maneras que nos enseñaron a amar, desear y darnos placer. Porque muchas lesbianas son feministas como opción política.
 
Llamar “comunistas” a quienes piensan, hablan o actúan por el bienestar colectivo tiene sus raíces en las dictaduras del siglo pasado y se reproduce en el anticomunismo anticuado de la derecha local.
 
En su temor por perder hegemonía, acusan de terroristas a quienes se atreven a cuestionar al sistema que les da privilegios y poder.
 
Y lo de “putas” es una manera de insultar a todas las mujeres por su sexualidad. Cualquiera puede ser maltratada, la intención es intimidar, someter y expropiar los cuerpos de las mujeres al servicio de los hombres y obligarlas a la reproducción. Ser libres y autónomas es motivo para la agresión y la violencia.
 
Cuando en 1998 salió a luz “La Cuerda”, primera publicación feminista en Guatemala, queríamos hacer visible cómo el patriarcado ha organizado la vida sobre la base de la opresión y dominación sobre seres y bienes en detrimento de las mujeres, de los hombres que son formados como infelices machos y del mundo en que vivimos.
 
Queríamos analizar la realidad con los instrumentos acuñados a lo largo de siglos por las experiencias y teorías feministas, dar información sobre lo que se oculta, presentar imágenes inquietantes. Con ello abríamos la posibilidad de entender y explicar las complejidades de esta sociedad y abonar al proceso democrático.
 
A 15 años de fundación, podemos evaluar lo hecho: 163 números publicados, tocando temas tan heterogéneos como el amor, la ecología, la edad, el desarrollo, las elecciones, la risa y la memoria; 20 mil ejemplares mensuales impresos y virtuales distribuidos en el país e internacionalmente.
 
Cientos de talleres, conferencias y reflexiones compartidas con mujeres de distintas etnias y regiones, encuentros con compañeros; acompañamiento a diversos movimientos sociales y realización de iniciativas creativas, son algunos logros que nos hacen sentir orgullosas y contentas de llegar hasta aquí.
 
Lo más valioso que hemos construido son las relaciones de colaboración, las alianzas políticas y las amistades solidarias. Gracias a ellas hemos podido hacer mucho de lo mencionado, además de integrarnos a una red que reúne y potencia las diversidades.
 
Si por ser libres y abrigar sueños de bienestar nos tildan de transgresoras, lo asumimos, y con gusto. De eso se trata lo de dar cuerda.
 
*Antropóloga e integrante fundadora de revista feminista La Cuerda, de Guatemala.
 
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