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Logró regularizar tierras; ahora pelea contra rapiña empresarial

Por Angélica Jocelyn Soto Espinosa
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Tras años de enfrentar la violencia machista en su natal Chihuahua, Hermelinda Gutiérrez Luján, de 53 años, logró convertirse en una de las mil 227 mujeres líderes de núcleos agrarios que hay en el país, desde donde impulsa un proyecto ecoturístico y desafía a ejidatarios detractores y a una compañía de gasoductos que la quiere despojar de su territorio.
 
“Las cosas para las campesinas son muy difíciles porque el machismo sigue existiendo y porque no entienden que no estamos peleando por quién manda, sino es nada más saber quién hace mejor las cosas, quién tiene la razón, sea hombre o sea mujer. Es justicia nada más, en equidad”, reclamó Hermelinda, quien está a cargo de 26 mil 600 hectáreas de uso ganadero.
 
La ejidataria forma parte del escaso 4 por ciento de mujeres líderes de núcleos agrarios. Conversó con Cimacnoticias durante su participación en el “Encuentro Nacional de Mujeres Rurales, Indígenas y Campesinas”, organizado por la Procuraduría Agraria y el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), los pasados días 15 y 16 de octubre en esta capital.  
 
AMOR AL CAMPO
 
Hermelinda –la quinta de 15 hermanas y hermanos– ha trabajado en la agricultura desde su infancia a pesar de que su padre insistía en que era una actividad “muy pesada”, y que sólo la llevaban a cabo los varones.
 
“Mi primer reto fue demostrarle a mi padre que podía, y pude. ‘Soy mujer, pero te voy a demostrar que voy a ser tu brazo derecho’”, recordó la campesina que le dijo a su padre cuando tenía apenas seis años de edad. 
 
“Me gustaba siempre estar viendo las estrellas y un día me quedé dormida en el campo. Cuando llegó del riego (su papá) le dijo a su compañero: ‘Siquiera tú que tienes hombres que te ayuden, pero yo no tengo a nadie’”, contó Hermelinda.
 
Y agregó: “Entonces le dije ‘te voy a demostrar, pa, que soy mujer pero que te puedo ser tan útil como si fuera varón’. Y se lo demostré, luché por ser su orgullo y lo conseguí”.
 
La líder agraria –de cuerpo delgado, pero con las yemas de los dedos muy curtidos– reconoció que gran parte de sus conocimientos los adquirió de su familia y de la gente de su comunidad.
 
“Yo estaba vestida de una armadura que me enseñaron en mi casa que es la responsabilidad, el respeto, el trabajo, el valor civil, el amor. Toda esa cultura la trae una en la sangre, pero se había quebrantado en mí porque se da uno de topes contra todo, en oficinas. Luchar por cada causa cuesta lágrimas”, relató.
 
Hermelinda estudió hasta la secundaria abierta y después se dedicó junto a su padre a cuidar las tierras de cultivo que tenían para que sus hermanas y los cinco hermanos varones que nacieron después de ella fueran a estudiar.
 
“Yo dije: ‘este año yo no me voy (a la escuela), ya que se vayan mis hermanitos y yo me voy al siguiente, pero mentira, como venía una escalerita no se pudo, o sea que yo preferí que se fueran ellos a estudiar y yo me quedaba con mi papá porque al final a mí me gustaba hacerlo.
 
“Yo decía (a mis hermanos menores) váyanse a hacer lo que quieren hacer y yo pues amo esta tierra, este trabajo, me gusta hacer parir a la tierra, me siento orgullosa, no me avergüenzo de eso. Vayan ustedes a estudiar, a sacar una carrera y yo trabajo el surco para que ustedes salgan”.
 
SER LÍDER A PESAR DEL MACHISMO
 
Hermelinda afirmó que el principal reto de dirigir un núcleo agrario es ganar la credibilidad y la confianza de las personas, “principalmente si eres mujer”.
 
“Dirigir un ejido significa mucha responsabilidad, porque tienes que inyectar las ideas, porque primero las adquiere una y luego hay que inyectárselas a los demás y ver quién se queda con ellas, que  acepten esa idea para seguir adelante. Y ese es un reto que dice uno ‘ya lo vencí’, pero de repente se da cuenta que no es verdad.
 
Si la líder es mujer –prosiguió–, los ejidatarios a quienes representan le ponen el doble de pruebas para confiar en ella. “Fallas poquito y ya valió todo el asunto, tienes que estar siempre, siempre, luchando, luchando porque en lo menos que te equivocas te dicen: ‘Te dije que no ibas a poder’.
 
“El primer reto es que crean en ti en cualquier proyecto, porque luego te dicen ‘estás loca, no pudieron ni los hombres, ¿vas a poder tú?’”, narró la campesina.
 
Desde su juventud, Hermelinda –quien nunca se casó porque no estaba en sus planes– se dio cuenta de su liderazgo y su gusto por el trabajo agrario, por lo que decidió “salir” de su parcela y trabajar en el ejido de la comunidad donde ahora dirige a 40 varones que son titulares de las tierras.
 
“A la mejor tengo la gracia, el don para poder dirigir a mis compañeros, pero a la mejor no tengo la gracia de cocinar”, reconoció entre risas la líder, quien recordó que su juventud fue la etapa más difícil de su vida porque en su comunidad no había otras mujeres que, como ella, trabajaran en los ejidos.
 
“En mi juventud, ya cuando empecé a volar y no estaba en mi parcela sino que me fui al ejido que son montes y sierras, mi trabajo ahí era diferente. Salir sola a los campos, a la serranía, a los montes, a las negras noches, no fue fácil.
 
“Tenían en la mente (los campesinos varones) que una mujer sola busca hombre, una mujer entra a la bola porque busca hombre. Entonces es ponerles el stop (alto): ‘Hasta aquí puedes llegar, mírame como uno más de tus compañeros que andamos en la chamba, no me mires ahorita como mujer, soy tu compañera de trabajo y hasta ahí son las cosas, y si no, mira, tengo garras’”, le decía la joven a sus compañeros.
 
“EL SUEÑO DE LOS VIEJOS”
 
La vida de Hermelinda se va en gestionar proyectos, de cualquier tipo, pero principalmente agrarios, lo que –aseguró– define su estilo de vida. “Si esto sólo fuera por dinero le aseguro que no lo haríamos bien, pero esto es por amor”, precisó.
 
Y enfatizó: “Me fui formando una coraza; mi vida es muchos años al frente de muchas cosas. Tengo que ser responsable, así me enseñaron mis viejos de la comunidad, mis abuelos y luego mis padres y mis maestros ancianos”.
 
La mujer también dirige una colonia agrícola en la que consiguió lo que llamó “el sueño de los viejos”: que un conjunto de hombres que lucharon y esperaron por más de 80 años que regularan sus terrenos finalmente lo consiguieran.
 
“Todavía recuerdo ese evento. Imagínate lo que es tener un documento por el que habían luchado por más de 80 años, pero ya nomás se los entregue a tres de la lucha que sobrevivieron porque el resto se murió”, relató la campesina, quien continúa con proyectos agrarios cada vez más grandes, como terminar de regularizar los terrenos de sus compañeros, y concluir su proyecto ecoturístico que lleva por nombre “Parque Ecoturístico Sierra y Cañón el Peguis”.
 
“Mi proyecto me nació desde 1994, cuando me subí al cerro a bajar unas chivas y allá me quedé viendo. Como las ovejas, correteé la idea”, contó.
 
Hermelinda relató algunas de las dificultades que ha enfrentado con este proyecto: “La gente no entendía que había que poner una parte. Tocar las puertas, correr y correr para que te atendieran, para que creyeran en ti, para que lo miraran viable; fue tan difícil pero lo logramos.
 
“Lo difícil es aterrizarlo. Empecé sola, luego completé un grupo de 12 y luchamos, pero luego entramos a un área que tenía un conflicto fuerte y ahí sí me quedé sola.
 
“Dormía en la montaña si era tiempo de calor o si era tiempo de frío porque no sabías a qué hora llegaba el enemigo. En casa no te podías quedar. ¿A ver dónde vas a dormir esta noche?”, se preguntaba Hermelinda todos los días tras las múltiples amenazas que había recibido de sus detractores, otros campesinos.
 
En 2008, una catastrófica creciente de ríos arrasó con una parte del parque que ya estaba construida, así como con otros terrenos de cosecha. Hermelinda y los otros labriegos tuvieron que volver a empezar.
 
“Pero dígame usted qué funcionario fue a preguntar en qué te puedo echar la mano, nadie. No encontré eco”, reconoció la dirigente agraria.
 
Si bien Hermelinda salió adelante de este desastre natural, ahora enfrenta una pugna con una compañía de gasoductos que quiere ocupar sus terrenos.
 
“Estoy luchando todavía porque anda una compañía de gasoductos que no puede negociar conmigo. Yo le estoy diciendo: ‘Dame tanto por lo que me vas afectar’, y no quiere. Me dice: ‘Ahora te vamos a quitar el parque’”, reveló.
 
Hermelinda afirmó que aún está estancada en terminar el parque, que alberga desde pinturas rupestres hasta plantas silvestres endémicas y ríos que están en conservación.
 
“Yo quiero hacer algo presentable, digno, que no digan ‘¿esa bola de campesinos tienen eso?’. Yo quiero demostrar que los campesinos pueden”, enfatizó.
 
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