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Maríe Curie

Por Erika Cervantes

El acceder a la educación para las mujeres nunca ha sido tarea fácil y menos aún más cuando la carrera que se elige es un ambiente considerado masculino. Pero cuando la vocación y el talento se imponen, los obstáculos dejan de ser monolíticos. Esta es la historia de Marie Curie, descubridora del Radio que revolucionó la medicina con la invención de los rayos X.

Marya Sklodowska (después adoptó la forma francesa de su nombre: “Marie”), nace el 7 de noviembre de 1867 en Varsovia, Polonia, y fue la quinta hija de los esposos Sklodowski.

Su Padre, profesor de física y matemáticas, la instruye en la disciplina científica. Marie fue una alumna destacada y al egresar del bachillerato tuvo que trabajar ya que su familia no tenía los medios para mantener su carrera en Francia, debido a que en Polonia era imposible que la admitieran en la universidad por ser mujer.

Al graduarse su hermana Bronislawa de médica, en París, se casa con un compañero de estudios con quien establece un consultorio de medicina. Éste cambio en la situación económica de su hermana le permite a Marie viajar a esa ciudad garantizándole comida y vivienda. Así, a los 21 años se traslada a París y se registra en la Sorbone.

El apoyo de su hermana no se prolonga por mucho tiempo, pues ésta regresa a Polonia de manera definitiva para fundar un sanatorio.

Mientras, Marie vive en una diminuta habitación alquilada y afronta su difícil condición, dedicando todo su esfuerzo a terminar sus estudios en el menor tiempo posible. Sobre esta época Marie dice: “mi vida, desde ciertos puntos de vista, era penosa, pero tenía para mí también su encanto porque me permitía conocer el gran valor de mi libertad y del sentimiento de independencia”.

En 1893 Marie obtiene el grado de licenciada en Física, y un año más tarde el de licenciada en Matemáticas.

En esta época, mientras Marie piensa en volver a Polonia, consigue un trabajo como asistente en un laboratorio, en donde conoce a Pierre Curie con quien se casa en 1895.

En 1897 nace la primera hija de Marie, Irene Curie. Los necesarios cuidados de la niña no le impidieron iniciar su trabajo de doctorado, relacionado con el recién descubierto fenómeno de la radioactividad espontánea (aún no se le conocía con este nombre).

Su primer descubrimiento fue que el Torio emite el mismo tipo de radiación. Sus investigaciones avanzan y en junio de 1898, Pierre y Marie habían obtenido una sustancia 300 veces más activa que el Uranio, y sugirieron que contenía un nuevo elemento, al cual llamaron Polonio.

En diciembre de ese mismo año obtuvieron otra sustancia radioactiva con un comportamiento químico similar al Bario, y la llamaron Radio.

Éstas investigaciones llevaron a los esposos Curie, en 1898, al descubrimiento de dos nuevos elementos, el Radio y el Polonio, nombrado así en honor a la tierra natal.

El desconocimiento acerca del peligro representado por los elementos radioactivos, llevó a los Pierre y Marie Curie a manipular éstos de manera imprudente, lo cual repercutió seriamente en su salud. Constantemente sufrían de fatiga y dolores de cabeza, y la piel de sus dedos presentaba cicatrices y desolladuras.

En 1903 Marie y Pierre Curie reciben el premio Nobel de Física por sus trabajos sobre la radiación. La prensa se interesó ampliamente en la historia de la pareja, la cual no dispuso nunca de un laboratorio adecuado y trabajó siempre bajo penosas condiciones. La fama, lejos de complacer a estos científicos, se constituyó en un obstáculo que les impedía el normal desenvolvimiento de sus labores de investigación.

En 1914, al estallar la Primera Guerra Mundial, se paraliza el trabajo científico en Francia, y Marie se dedica intensamente junto a su hija Irene, a formar una red de ayuda radiológica, equipando unidades móviles y hospitales con aparatos de rayos X; adiestró al personal y llegó incluso a manejar una de las unidades personalmente.

Al finalizar la Guerra dirige el Laboratorio Curie en el Instituto del Radio en París, en el cual dedicaba gran parte de su actividad a la investigación de la aplicación de la radioactividad al tratamiento contra el cáncer. Marie Curie murió el 4 de julio de 1934 de leucemia, heredándole a la humanidad uno de los avances científicos más grandes de todos los tiempos.

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