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Mayoría de mujeres africanas vive con menos de un dólar al día

Por Baher Kamal*
MahawaKabaWheeler01CortesiadelaComisiondelaUnionAfricana

Pese a todos los desafíos que enfrenta África, los líderes de sus 1.2 millones de habitantes decidieron enfocarse en el tema de los Derechos Humanos (DH) con Especial Énfasis en los Derechos de la Mujer, durante su 26 cumbre celebrada en Addis Abeba, Etiopía, entre el 21 y el 31 de enero pasado.
 
En entrevista con IPS, Mahawa Kaba Wheeler, directora de Mujeres, Género y Desarrollo de la Comisión de la Unión Africana (CUA), el órgano ejecutivo de la Unión Africana (UA), explicó que ha llegado el momento de actuar contra la multitud de barreras a la igualdad de género.
 
“Estas incluyen, entre otras, la exclusión económica y los sistemas financieros que perpetúan la discriminación de las mujeres, su limitada participación en la vida política y pública, su falta de acceso a la educación y la escasa asiduidad de las niñas en las escuelas, la violencia basada en el género, las prácticas culturales nocivas, y la exclusión de las mujeres de las mesas de paz, ya sea como mediadoras o como parte de los equipos de negociación de las partes en conflicto”, argumentó.
 
La UA tiene plena consciencia de que la eliminación de estas barreras que impiden a las mujeres disfrutar plenamente de sus DH, puede potenciar a todo el continente, agregó, desde la sede de la CUA en la capital etíope.
 
Consultada sobre el papel social, económico y político de las mujeres en África, Wheeler explicó que el continente está en un punto de inflexión, pues emerge como “una de las regiones de más rápido desarrollo económico del mundo, con niveles de crecimiento que varían entre 2 y 11 por ciento”.
 
“Pero si bien las mujeres hacen enormes contribuciones a las economías africanas, siguen siendo afectadas en forma desproporcionada por la pobreza, la discriminación y la explotación”, dijo Wheeler, nacida en Liberia.
 
Las desventajas socio-económicas que sufren se reflejan en las manifiestas desigualdades en materia de acceso al mercado de trabajo, al derecho a la propiedad y la obtención de los servicios sociales incluyendo la salud y la educación.
 
Es más, hasta la fecha, las mujeres africanas no han sido incluidas como actoras de pleno derecho en los procesos que determinan el impacto sobre sus vidas, añadió.
 
Recordó que el tema de la 26 cumbre de la UA deriva de la declaración de 2016 como el “Año Africano de los Derechos Humanos, con un Especial Énfasis sobre los Derechos de la Mujer”, un año que marca “hitos importantes” en la agenda de las mujeres, ya sea en el continente o a escala global.
 
A nivel continental, este año coincide con el 30 aniversario de la entrada en vigor de la Carta Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos, de 1986, y el comienzo de la segunda fase de la década de las mujeres africanas 2010-2020.
 
A nivel mundial, 2016 conmemora 36 años desde la aprobación de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés), considerada como la declaración internacional de derechos de las mujeres, así como el 21 aniversario de la Declaración de Beijing y su Plataforma de Acción, de 1995, que es clave en las políticas globales de igualdad de género.
 
En cuanto a las razones por las que las mujeres africanas aún enfrentan estos enormes obstáculos, Wheeler respondió a IPS: “La clave es que la cultura africana es en gran medida patriarcal. Debido a esto, el control de la familia y el poder de decisión pertenecen a los varones… por lo que la capacidad de hacer políticas y de influir en las normas sociales también pertenece a los hombres”.
 
En consecuencia, “los responsables políticos varones suelen mantener un firme control sobre las funciones específicas del género. Esto crea un ciclo vicioso del que África aún no está libre. Resultado: el papel tradicional de las mujeres en África es considerado como el de amas de casa”, dijo.
 
En cuanto a la participación política de las africanas, la alta funcionaria de la CUA explicó que se ha hecho un enorme progreso en esta materia en el continente.
 
UA: ANTE TODO, LOS DERECHOS DE LAS MUJERES
 
De hecho, 15 estados africanos figuran entre los primeros 37 de la clasificación mundial de participación femenina en los parlamentos nacionales con más de 30 por ciento: Ruanda (63.8 por ciento); Seychelles (43.8 por ciento); Senegal (42.7 por ciento); Sudáfrica (42 por ciento); Namibia (41 por ciento); Mozambique (39.6 por ciento); Etiopía (38.8 por ciento); Angola (36.8 por ciento); Burundi (36.4 por ciento); Uganda (35 por ciento); Argelia (31 por ciento); Zimbabwe (31,5 por ciento); Camerún (31.3 por ciento); Sudán (30.5 por ciento), y Túnez (31.3 por ciento).
 
Pero mientras que Ruanda es el líder mundial en materia de representación parlamentaria de las mujeres, queda rezagada cuando se trata de mujeres en cargos ejecutivos. En contraste, Cabo Verde tiene el mayor número de mujeres que ocupan cargos ministeriales en África: de sus 17 ministros, nueve son mujeres, agregó Wheeler.
 
“Además, de los 54 jefes de Estado y de Gobierno africanos, tres son mujeres: la presidenta de Liberia, Ellen Johnson Sirleaf; la presidenta de Mauricio, Ameenah Gurib-Fakim, y la presidenta interina de la República de África Central, Catherine Samba Panza”.
 
En este sentido, Wheeler señaló que la UA establece que las mujeres representen 50 por ciento de los de cargos de toma de decisión.
 
“Hasta la fecha, la UA es el único organismo multilateral que ha mantenido la paridad de género en su más alto nivel de toma de decisiones. Además de una mujer en la presidencia de la CUA, hay cinco comisarias mujeres y cinco hombres, y se hacen esfuerzos para que la paridad de género se filtre a sus demás órganos e instituciones como la Comisión Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos, así como la Corte Africana, donde las mujeres son mayoría”, detalló.
 
La UA mantiene que, con las mujeres representando la mitad de la población africana, el logro de la paridad de género crearía un efecto dominó a través de muchos sectores de la sociedad, eso a medida que más mujeres sean impulsadas a aspirar a puestos de dirección.
 
“Contar con mujeres en posiciones de liderazgo no sólo conduce a una mejor calidad de vida para las propias mujeres, sino también para sus familias en general y las y los niños en particular. No puede haber verdadera democracia en un país donde las mujeres estén insuficientemente representadas en los puestos de toma de decisión”, subrayó.
 
Pero mientras que se reconocen los grandes avances en materia de participación política, las africanas siguen sufriendo una discriminación significativa.
 
En algunos miembros de la UA, añadió Mahawa Kaba Wheeler, la legislación y las constituciones nacionales afectan negativamente a la participación de las mujeres en la vida pública y política, al limitar su papel a través de cláusulas de exclusión o discriminatorias.
 
Aunque muchas constituciones articulan un compromiso con la igualdad de género, las normas consuetudinarias pueden minar seriamente este compromiso, porque hay muchos asuntos que afectan a las mujeres en las esferas jurídicas y que son reguladas por los hábitos y las tradiciones, advirtió la directora de la CUA.
 
Cuestionada sobre más datos sobre la situación de las africanas, cuyo papel es clave en el campo de la producción de alimentos, la agricultura y la seguridad alimentaria, Wheeler abundó que su contribución no coincide con los beneficios que se derivan del sector de la inversión en general, que las beneficia en poco.
 
“Mientras que las mujeres africanas producen más de 60 por ciento de la agricultura, constituyen más de 50 por ciento de la población rural, y siguen siendo las principales guardianas de la seguridad alimentaria, hay muy poca inversión en ellas para producir resultados acordes y que les ayuden a dar rienda suelta a su potencial”, planteó.
 
Un ejemplo: ellas dedican 80 por ciento de su tiempo a la producción agrícola o a los sectores secundarios relacionados, su contribución a la producción de alimentos, el cuidado de la familia y las actividades de asistencia social, así como en el sector informal, pero este aporte no se contabiliza en el Producto Interno Bruto ni en las estadísticas de las cuentas nacionales, criticó.
 
“Además de que las mujeres no poseen tierras y carecen de acceso a las infraestructuras agrícolas, incluidos los derechos a la tierra, la tecnología de la agricultura moderna, los insumos, los créditos, y los servicios de extensión y capacitación, la mayoría de ellas no tiene acceso a la infraestructura física porque residen en zonas rurales sin acceso a buenas carreteras, al agua o la electricidad, entre otros”, precisó.
 
“Debido a que la mayoría de las mujeres no son dueñas de la tierra, producen la mayor parte de los productos agrícolas como simples arrendatarias sin incluso derechos de herencia”, detalló.
 
Señaló que el acceso a la tierra para las mujeres sigue siendo uno de los obstáculos fundamentales para el empoderamiento económico, social y político de las africanas, y citó otro ejemplo: ellas poseen sólo 1 por ciento de la tierra, pese a que producen la mayoría de los alimentos.
 
Como consecuencia, las mujeres constituyen la mayoría de la población que vive en África con menos de un dólar diario.
 
En cuanto a la salud, Wheeler explicó que en África los desafíos relacionados con el género se manifiestan en varias formas incluyendo una inaceptable alta mortalidad materno-infantil. La salud materna, recordó, es un indicador clave no sólo de la situación de las mujeres, sino también del estado de salud y bienestar de la sociedad en su conjunto.
 
Según datos de 2012, más de medio millón de mujeres mueren cada año por causas vinculadas al embarazo y el parto. Específicamente, 99 por ciento de estas muertes se producen en los países en desarrollo, de las cuales 50 por ciento ocurren en África, exceptuando la región norafricana. Por cada muerte, por lo menos otras 20 mujeres sufren enfermedades o lesiones relacionadas con el parto o el embarazo.
 
“El riesgo de morir durante el embarazo y el parto en África (excluyendo el norte del continente) es de una de cada 22 mujeres, en comparación con una de cada ocho mil mujeres en el mundo industrializado. Además existen abundantes pruebas de que 80 por ciento de esas muertes podrían prevenirse mediante acciones simples y de bajo costo”, concluyó.
 
*Este artículo fue originalmente publicado por la agencia internacional de noticias IPS.
 
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