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Migración femenina, lactancia y sufrimiento innecesario

Por Julia Monárrez Fragoso*

El pasado noviembre, en un viaje que realicé desde Ciudad Juárez al interior del país, me encontré a una joven mujer que viajaba en compañía de su pequeña hija de ocho meses de edad. Obvio es que no diré su nombre ni el de su pequeña, sin embargo, sí detallaré, a través de ellas, las violaciones a los derechos humanos de algunas mujeres mexicanas y sus pequeños hijos e hijas lactantes que acuden al consulado de Estados Unidos, en esta ciudad, para tramitar su residencia en ese país.

Sucedió que en el viaje la niña lloraba y lloraba. La madre me comentó que se le había enfermado en la ciudad por las bajas temperaturas que se registraron y que además, le había quitado el pecho y la bebé no quiso tomar la fórmula ni ningún otro alimento como jugo de naranja. Con ese sufrimiento, ambas, ya llevaban seis días.

La madre me comentó que para tramitar la residencia en Estados Unidos era necesario hacerse unos exámenes médicos. Al llegar al laboratorio, el personal que la atendió le preguntó si traía con ella documentos que probaran que había sido vacunada contra la viruela. Ella les contestó que no, que no sabía que los necesitara y que como vivía en una población lejana a esta ciudad fronteriza no se los podían hacer llegar, además de que no tenía el dinero necesario para estar pagando el alquiler de un hotel y todos los gastos que conlleva la estadía al estar tramitando una visa en esta ciudad.

Entonces, le dijeron que la iban a vacunar, pero como estaba amamantando a la niña lo mejor era que dejara de hacerlo porque podía tener consecuencias graves para su hija. Si ella dudaba de tal afirmación podía consultarlo con el pediatra que la atendía para que escuchara una opinión de un profesionista de la medicina.

La joven mujer, de escasos recursos económicos, dejó de amamantar luego de que fue vacunada. Y así como ella, otras madres tuvieron que hacer lo mismo ante el sufrimiento de sus hijas e hijos y ellas mismas: los pechos de las mujeres, al dejar de amamantar se colman de leche y producen un penetrante dolor que se expande por el cuerpo.

Me pregunto cómo se puede hacer de manera diferente, si la migración hacía otro país, frecuentemente es por la necesidad económica, por buscar nuevos horizontes en otra tierra porque la propia no los ofrece y tampoco está interesada en hacerlo. Cómo hacerlo de manera diferente si es una gran odisea trasladarse desde otras entidades federativas de la República Mexicana a esta ciudad para tramitar las visas, perdones, residencias. Cuidando la magra economía que les acompaña.

Ante este caso, se evidencia que el proceso selectivo de la migración no está exento del ejercicio de la violencia de género que construye, regula, vigila, limita y daña la existencia de la vida de las mujeres. Hay un ejercicio de poder que representa estos cuerpos femeninos como inferiores.

Por la experiencia relatada, esta mujer y las otras que ella conoció no fueron sujetos de derecho, dignas de ser avisadas, de ser informadas, sobre estas normatividades de salud pública que se requieren para ser aceptadas en Estados Unidos. Si así se hiciera tendrían la oportunidad de destetar a sus bebés con el tiempo necesario para que fuera un proceso gradual, no un evento traumático, lleno de dolor por el nexo tan íntimo que se establece entre quien amamanta y quien es amamantado.

Estos procedimientos negatorios de todo conocimiento devalúan el cuerpo de la mujer, de sus pequeños y las prácticas del amamantamiento. Con estas maneras de atender y proteger la salud pública de una nación se discrimina la salud de las habitantes de otra nación. Sin embargo, es necesario mencionar que estos procedimientos se dan en una lógica de intervenciones que van desde la superioridad de una nación sobre otra, de la superioridad de los hombres sobre las mujeres, de la riqueza sobre la pobreza. Y todos estos elementos confluyen en los cuerpos de quienes son consideradas inferiores: las mujeres subalternas.

Ante esta situación me parece indispensable y urgente que la Secretaría de Relaciones Exteriores tome carta en estos temas de la agenda de las mujeres para desbaratar esta lógica de discriminación genérica, una flagrante violación a sus derechos humanos, que conlleva el abuso, el atropello y el maltrato de madres, hijas e hijos.

Para esto se requiere que se identifique el proceso por el cual se les informe a las mujeres de una manera clara y precisa los documentos que necesitan presentar, y si no los tienen, las previsiones que tendrán que tomar. En caso de estar amamantando, el tiempo necesario para que dejen de hacerlo si es su deseo ingresar a Estados Unidos. Sólo de esta forma será posible hacer conciencia y cambiar los procedimientos jerárquicos y patriarcales de las embajadas y de los laboratorios que prestan sus servicios a las mismas. Sólo así se construyen ciudadanías informadas y se evita tanto dolor y sufrimiento innecesario a las madres migrantes que amamantan y a sus criaturas.

* Profesora investigadora El Colegio de la Frontera Norte

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