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Mitad de mujeres con problemas en el embarazo recibe atención

Por Guadalupe Cruz Jaimes

Las estrategias del gobierno federal para garantizar un embarazo saludable y disminuir la muerte materna (MM), cuya razón (RMM) en 2010 es de 49 fallecimientos por cada 100 mil nacidos vivos, deben incluir entre sus indicadores la medición de la morbilidad materna (cantidad de casos de mexicanas con enfermedades vinculadas al embarazo), para que los servicios de salud estén obligados a brindarles atención y seguimiento médico.

Lo anterior lo señaló Susana Collado, médica especialista en el tema e integrante del Comité Promotor por una Maternidad Segura en México, quien mencionó que por cada muerte materna se calcula que alrededor de 30 mujeres en el mundo quedan con lesiones irreversibles en su salud después de parir, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Durante el foro virtual Morbilidad Materna en México, Collado indicó que la prevalencia de enfermedades relacionadas con el embarazo está vinculada, entre otros factores, con que no existen “medidas reales y eficaces” que garanticen el acceso universal de estas mujeres a los servicios de salud de calidad.

Así, se estima que aproximadamente 15 por ciento de los embarazos conlleva complicaciones que requiere intervención del personal médico capacitado, pero en países poco desarrollados, como México, sólo la mitad de los casos recibe esa atención, dijo.

En el foro, la especialista indicó que la atención y seguimiento médico de las complicaciones obstétricas dependerá de si las mujeres tienen o no seguridad social, ya que cuando la tienen “al menos cuentan con la posibilidad de ser trasladadas en ambulancia a un nivel de mayor capacidad resolutiva”. Si ellas no son derechohabientes se ven obligadas a “buscar atención por sus propios medios para ser atendidas”.

Cuando no se garantiza que quienes se embarazan en el país “tengan asegurado donde atenderse, nos encontramos ante una flagrante violación a sus Derechos Humanos, sexuales y reproductivos; ante una vergonzosa muestra de injusticia social en la que viven las mujeres mexicanas y ante una impostergable necesidad de replantear o reestructurar el sistema de salud para abatir el rechazo del que son objeto”, advirtió.

En este panorama, la experta señaló que es necesario que las estrategias del gobierno federal para disminuir la mortalidad materna deben incluir entre sus indicadores la medición de la morbilidad materna, para que su impacto alcance la reducción de estos padecimientos.

Para que una complicación obstétrica pueda ser identificada oportunamente es necesario un acceso real a la información y a los servicios de salud, el cual debe ser de “buena calidad (técnica y humana)”.

Hasta ahora, mencionó, la morbilidad materna se puede calcular a partir de las cifras de MM, ya que no se tiene registro de los casos atendidos y de si se dio o no seguimiento médico. De esta forma es posible identificar los estados en los que la problemática es más grave.

De acuerdo con la Secretaría de Salud (Ss), la razón de mortalidad materna (RMM) en 2010 fue de 48.9 defunciones por cada 100 mil nacidos vivos. Y las entidades con RMM mayor a la nacional son Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Chihuahua, Hidalgo, Chiapas, Tlaxcala, Veracruz, Puebla, Distrito Federal y Durango.

La especialista criticó la falta de registros oficiales de las sobrevivientes de enfermedades relacionadas con el embarazo, parto y posparto, lo cual impide saber “qué sucedió con tales complicaciones a largo plazo; por ejemplo, cuántas mujeres viven actualmente con una insuficiencia renal crónica por preclampsia”, y si reciben atención o no.

Sin embargo, dijo, “sabemos que entre menor nivel de escolaridad, mayor distancia geográfica para accesar a los servicios de salud y a menor capacidad resolutiva de éstos, los riesgos de tener secuelas son mayores”.

Entre las complicaciones a corto, mediano y largo plazo del embarazo, parto y posparto están las relacionadas con el manejo inadecuado o no oportuno de la hemorragia, procesos infecciosos, un parto prolongado u obstruido, la hipertensión asociada al embarazo y las secuelas del aborto, por parte del personal de salud.

El manejo inadecuado o inoportuno de la hemorragia obstétrica puede ocasionar anemia, infertilidad, entre otras. Las infecciones durante y después del parto ocasionan dolor pélvico crónico y lesiones en órganos reproductivos y adyacentes, como la vejiga o el intestino.

Mientras que un parto prolongado u obstruido puede provocar incontinencia, ruptura uterina, desgarros vaginales, entre otras. De igual modo, algún estado hipertensivo asociado al embarazo son la hipertensión crónica, insuficiencia renal y los trastornos neurológicos.

En tanto, las secuelas de un aborto realizado en condiciones inseguras pueden ser infección del canal reproductivo, lesiones del útero, infertilidad, enfermedad pélvica inflamatoria y dolor pélvico crónico.

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