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Mujeres indígenas de Coahuila: pobreza, violencia y costumbre limitan su desarrollo

Por Sofía Noriega, corresponsal

Las integrantes de las tribus indígenas de Coahuila son víctimas de condiciones que limitan su desarrollo, en un contexto en el que su rol pasa a segundo término, debido a las brechas de desigualdad entre hombres y mujeres, mientras que debido a los usos y costumbres sufren de discriminación. 
 
Así lo informa el estudio elaborado por el Gobierno estatal, a través de la Secretaría de las Mujeres de Coahuila, titulado “Diagnóstico de la Situación de las Mujeres Indígenas”, que documenta su falta de oportunidades de empleo; la limitación que tienen para hablar y para hacerlo en libertad; su falta de acceso a la educación media superior y superior; la falta de oportunidad para ganar mejores salarios y de que se elimine la discriminación en su contra.
 
El análisis, elaborado mediante el programa de Tejedoras y Tejedores de Igualdad, y por el Programa de Fortalecimiento a la Transversalidad de la Perspectiva de Género del Instituto Nacional de las Mujeres de la Convocatoria 2013, abarcó a las dos tribus asentadas en el estado: los Mascogos y los Kikapú.
 
Ambas comunidades se localiza la Colonia El Nacimiento, en el municipio de Múzquiz, fundada hace más de 160 años y se  diferencian de las etnias del resto del país debido a que no son originarias de México sino de los Estados Unidos de Norteamérica.
 
MUJERES KIKAPÚ
 
Quienes externaron opinión sobre las condiciones que prevalecen en su entorno fueron las mujeres Mascogas, ya que a las Kikapú, debido a sus tradiciones, no les fue permitido interactuar con las entrevistadoras.
 
Los datos fueron proporcionados por los líderes varones de la comunidad Kikapú, autoridades gubernamentales y por la observación de quienes aplicaron el instrumento.
 
En la tribu, la mujer sigue siendo la parte secundaria de la relación, subordinada a ritos y costumbres que, justificados o no, la siguen manteniendo en un nivel de discriminación de género.
 
MUJERES MASCOGO
 
En la tribu de los Negros Mascogos, según información de las encuestadas, no existe una sola persona con estudios de licenciatura, hombre o mujer, ya que el grado máximo de escolaridad de algunas ha sido el de técnica o comercial.
 
El 66 por ciento de las mujeres mencionaron que ellas o alguna mujer de su familia truncaron sus estudios por embarazo, más otro 16 por ciento, menores de 15 años, se vieron obligadas a abandonar sus estudios por la misma razón.
 
Las opciones educativas son mínimas y estas se agravan con la negativa de los varones para autorizar que continúen sus estudios, además de la falta de recursos económicos. De las 105 mujeres encuestadas solo 27 de ellas trabaja con un ingreso.
 
VIOLENCIA “NORMAL”
 
La violencia se encuentra latente en los hogares, ya que 29 por ciento de las encuestadas mencionó recibir golpes por parte de su pareja. El mayor porcentaje detectado mencionó que las agresiones son normales y no es tan grave.
 
Las alternativas de empleo con las que cuentan las mujeres de la tribu son como empleadas temporales con los indios Kikapú y el taller de herbolaria con el que cuenta la comunidad.
 
En el caso de las mujeres del pueblo Mascogos, los casos de violencia en la pareja son difíciles de comprobar, debido a que gente ajena no puede entrar a la aldea.  Esto provoca que la violencia contra las mujeres se convierta en un problema privado de cada mujer y no se detecte, con lo cual no puede ser  clasificado como problema de salud pública.
 
COSTUMBRE Y DISCRIMINACIÓN
 
El factor principal que, en la lógica Kikapú, justifica la discriminación contra la mujer, son las creencias ancestrales. Debido a esa concepción, mientras pasan por sus periodos menstruales y cuarentena posparto, tienen que aislarse del resto de la familia, bajo el supuesto de que “pueden sangrar hasta morir” y “dejar maldiciones en su familia”.
 
Esta misma práctica la llevan a cabo con otras mujeres con las que tienen trato, como son las mujeres de la tribu de los Negros Mascogos, quienes no les permiten acudir a la aldea en sus periodos menstruales.
 
Para las mujeres Kikapú, está prohibido hablar con gente ajena a su pueblo y más aún si el tema es sobre sus tradiciones o costumbres, por lo que ellas se niegan a tener comunicación o contacto alguno y no se permiten entablar conversaciones con la gente extraña.
 
“Dentro de sus creencias religiosas existe una práctica a la que ellos y ellas le llaman ayunos, que sirve para purificar los pecados y va dirigida a las mujeres, quienes deben alejarse a la sierra en donde solo hay chozas indias sin ninguna adaptación de la vida moderna, señala el estudio. Esa estancia consiste en alimentarse de comida natural y carne de venado y participar en misas constantemente. El “ayuno” dura alrededor de 3 meses”.
 
Según el informe, durante el tiempo que permanecen las mujeres en el claustro, sufren un abandono y también pasan hambres, pues en declaraciones de las mismas mujeres Mascogos, con quienes han construido lazos de amistad y confianza, se escapan  de sus chozas para pedirles comida de manera subrepticia, es decir, sus propias  patronas les piden alimento para sobrellevar ese periodo sin hambre.

15/SN/GGQ

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