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Mujeres invisibles

Por Sara Más

La mayoría de las cubanas de edad mediana trabajó bastante, o lo sigue haciendo, en la calle y en la casa. Muchas tienen hijos, un grupo nada despreciable se ha casado o unido más de una vez, y otro tanto se encarga, a solas, de sostener a su familia.

Sin embargo, ellas no suelen aparecer en los anuncios publicitarios ni protagonizan los programas televisivos, a no ser en los papeles de madres y abuelas, casi siempre regañonas.

Tampoco se abunda públicamente en sus problemas y necesidades, y hasta suelen pasar inadvertidas por cualquier acera. “Nadie nos dice un piropo ni repara en nosotras. Nadie nos ve; somos mujeres invisibles”, asegura Leonor González, profesora de inglés de 57 años.

No obstante, ellas son todavía un segmento numeroso y creciente en las estadísticas de una población de 11.2 millones de habitantes que tiende cada vez más a envejecer. Actualmente, más de un millón de cubanas transitan entre los 40 y los 59 años, conforme a datos ofrecidos por Servicio Especial de la Mujer Cuba.

Ellas se encuentran, además, en el centro de la dinámica familiar y soportan, de una u otra forma, la reproducción social de su parentela, extensiva a veces a la de sus esposos.

“Cuando cumplí 55 años decidí no jubilarme todavía, porque al menos mientras trabajo me ocupo en algo que me gusta hacer, salgo de la casa y no me estanco”, asegura González, madre de una profesional de 43 años, abuela de un joven de 16 y una niña de 10, e hija de una anciana de 80 años, quienes conviven con ella en la misma vivienda.

González asegura que en su casa “todo el mundo hace su poquito”, pero reconoce que el peso mayor recae sobre sus hombros. Ella le paga a una vecina para que cuide a su madre hasta las cuatro de la tarde, hora en que llega del trabajo, se ocupa de su baño y su comida, “además de hacer las compras y atender a mis nietos los días en que mi hija se complica en el trabajo”, relata.

Un estudio que indagó sobre la situación de las cubanas entre los 40 y 59 años de edad reveló que 38 por ciento de los núcleos familiares evaluados estaban regidos por figuras femeninas, quienes además eran las máximas responsables económicas del hogar.

Los resultados de la investigación, divulgados en mayo último durante el III Congreso de Longevidad Satisfactoria en La Habana, indican que el hecho de mantener a la familia no excluía a esas mujeres del resto de las funciones y tareas hogareñas.

Aunque no es una ley escrita, las cubanas siguen asumiendo -por tradición y dictados culturales- el papel de cuidadoras familiares. Después de que cumplen los 40 años el panorama se les complica todavía más, pues una buena parte agrega a sus funciones habituales, de trabajadoras y amas de casa, las de madre, esposa, hija, nuera, sobrina, tía, ahijada o abuela, entre otras.

El tema inquieta a especialistas de diversas ramas, preocupados además por el impacto de la subvaloración personal y social en la salud femenina durante esa etapa, cuando sobrevienen otros eventos asociados al ciclo vital, como el climaterio, y un cúmulo de tensiones, tampoco atendidos adecuadamente, que derivan incluso en enfermedades crónicas y peligrosas, como la hipertensión.

Al inventario de pesares se añaden los relativos a la sexualidad, otra esfera desatendida por las propias mujeres y sus parejas, cuando no reducida a mitos y tabúes que agregan nuevas insatisfacciones a la existencia cotidiana, en detrimento de su salud mental y física.

05/YT

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