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Mujeres y elecciones

Por Sara Lovera

Entre tres y seis millones de personas indecisas, serán la piedra de toque en el próximo proceso electoral, el 53 por ciento de los votos se concentran en ocho entidades del país (16 millones 240 mil sufragios), en cuatro de las cuales gobierna el antiguo y carcomido Partido Revolucionario Institucional (PRI), con una historia irrefrenable de pérdida de votos, mientras que en Veracruz y el Estado de México ha crecido exponencialmente el Partido de la Revolución Democrática (PRD).

En dos estados más, gobierna el Partido de la Revolución Democrática (PRD), con un importante crecimiento en votos, 860 mil tanto en el Distrito Federal como en Michoacán y el Partido Acción Nacional (PAN) gobierna Jalisco y Guanajuato con un aumento en votos superior a los 500 mil.

Las otras cuatro entidades son Veracruz, Nuevo León, Estado de México y Puebla. En Veracruz el PRD ha desarrollado una campaña inmensa, tiene una base electoral crecida en los últimos 3 años y en Puebla la debacle priísta no se sabe a quién ha favorecido.

Este mapeo nos hace pensar que la balanza puede inclinarse claramente. Los expertos dicen que con una distancia hasta de 6 puntos. Es decir el PRD podría triunfar con amplitud. Pero no se sabe.

El tema es cómo se comportarán los indecisos y lo que se llama el voto oculto. El PRI no ha salido del juego, pero al mismo tiempo, sus bases corporativas, como la de los sindicatos, llamaron a votar por el PRD, y en equilibrio apareció rejuvenecida y a todo color la maestra Elba Esther Gordillo, una de las aliadas de Felipe Calderón.

En esta reñida contienda las mujeres no existimos. Saberlo hiela el alma. Nuestra agenda se perdió en el mar de las diatribas y las acusaciones mutuas.

Ningún compromiso fue firmado. Las bases feministas, una vanguardia exigua y sin incidencia durante el sexenio de Vicente Fox, nos han dejado en la lona, para no hablar de un futuro incierto, sin candidatas fuertes y claramente comprometidas, ni educadas ni feministas.

Tanto que hemos desaparecido de la discusión. No somos tema.

Esto me recuerda el anuncio de la señora Carmen Moreno Toscazo, directora del Instituto Internacional de Investigaciones y Capacitación de las Naciones Unidas para la Mujer, quien en una entrevista con Silvia Magally de CIMAC, anunció que los líderes internacionales habían dejado de considerar como importante la lucha por la igualdad de las mujeres.

No logramos ser clientela para el proceso, ni fuimos tocadas especialmente, a pesar de la exitosa actividad de las diputadas a la legislatura que está por terminar.

Es como si fuéramos zigzagueando en la historia, sin una línea política clara, sin unidad, sin visión de futuro. Me viene así el siguiente ejemplo. Estuve con candidatas y organizaciones civiles el sábado pasado, se trataba de conocer la postura de las futuras diputadas sobre la tragedia de la muerte materna.

No escuché una visión global, politizada, comprometida de un asunto tan enfrentativo, tan claramente ejemplo de la injusticia social y la opresión femenina.

La muerte materna, 68 por cada 100 mil nacidos vivos. Quiere decir al menos mil 300 mujeres muertas por causas ligadas al parto cada año en este país, si nos atenemos a la cifra de 2 millones de nacimientos al año. Es terrible.

¿Cómo podemos entender esto? Pues muy sencillo hay que cruzar esta cifra oprobiosa con los 60 millones de pobres, con la pérdida de empleos, la migración de 4 millones de mexicanos y mexicanas a Estados Unidos, con la visión conservadora con que en este sexenio se vio el problema, con la falta de compromiso legislativo y la incapacidad enorme para entender que en un país donde se ha extremado la desigualdad social, las mujeres son desechables. La mortalidad materna forma parte del fenómeno del feminicidio. Pero no oí nada de eso.

La segmentación cómo se trata el fenómeno de la desigualdad y la opresión femeninas, nos ha enviado al basurero de la historia. Decía yo hace una semana que se necesita un repute en compromiso y convicción feminista.

Si no logramos entender que nuestra desigualdad, todos sus horrores, situados en la lucha por la vida y la libertad, si no hacemos un ejercicio dialéctico de pensamiento y acción, tampoco vamos a lograr que el Estado, sus niveles de gobierno y las y los ciudadanos releven la causa femenina.

Un cambio real de liderazgos, alejados de la cantaleta de que el gobierno firmó compromisos internacionales, más ligado a la realidad nacional, con un diagnóstico claro, es urgente.

Ninguna candidata o dirigente feminista, hasta ahora ha leído el informe sobre los homicidios de mujeres en 10 entidades del país, donde se hallan datos contundentes el nivel donde estamos las mujeres, sobre lo que piensan los gobernantes, con la medida de la impunidad y la indiferencia.

Tres de estos estudios se hicieron, precisamente en el Distrito Federal, Veracruz y Estado de México, con sus 21 millones de votos. Podríamos haber abrevado ahí. Y en estas entidades donde van a contar votos en la decisión del próximo domingo.

En el Estado de México y en el Distrito Federal se concentran los mayores estragos del gobierno neoliberal y paradójicamente en ambos, es donde se ha desarrollado el gobierno y la industria del país, donde hay más obreras que abortan, más mujeres indígenas trasladadas de su entorno a las fábricas, donde existen representaciones de todas las etnias y dónde, como en Chimalhuacán todavía, hoy, a unos días de las elecciones, se hallan mujeres asesinadas tiradas en el canal del desagüe.

Me duele cada muerte por parto, por ahorcamiento, por ejercicio de poder misógino, Me duele cada atropellada como las miles en Veracruz, muchas muertas, me duele cada violada como las miles del Distrito Federal y cada una de las que ultrajó la policía en Atenco. ¿Y nosotras qué?

*Periodista feminista mexicana

06/SL/LR

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