Inicio Niñas-adultas, la construcción perfecta del capitalismo moderno

Niñas-adultas, la construcción perfecta del capitalismo moderno

Por Karla Gómez*

La publicidad, llamado “el arte de enseñar a la gente a querer las cosas”, se ha convertido en el monstruo de las niñas, les ha creado necesidades que no corresponden a su edad cayendo en la hipersexualización (exaltación de la sexualidad) para convertirlas en mujeres adultas en cuerpos de menores de edad.
 
Los medios de comunicación, televisión, cine, revistas y carteles publicitarios están tergiversando la realidad de esta población, cambiando su forma de vestir.
 
Hasta hace poco se veía a las niñas lucir vestidos –algunos con encajes–, sandalias, zapatos bajos o tenis, overoles o shorts. Ahora usan ropa que la moda ha impuesto para las jóvenes, se maquillan y están pendientes de las novedades que les dicta la industria del vestir.
 
Esta invasión a su identidad convierte al mismo tiempo a las menores de edad en consumistas de productos de belleza, ya que anteriormente las empresas de belleza y moda no las tenían como “target” (consumidores específicos), y ahora la niñez de manera indirecta se ha convertido en consumidor personal, es decir, en cliente que accede a comprar productos para satisfacer sus necesidades.
 
Pero, ¿cuáles son esas necesidades que tiene ahora una niña cuando está en la etapa de la creatividad e imaginación, y el desarrollo motriz?
 
Las niñas se convierten en mujeres de mentiras o minimizadas a la orden del sistema patriarcal, en productos del mercado, y con ello inician problemas de autoestima, anorexia o bulimia. Además, son víctimas de otras víctimas del consumismo: sus propias madres o padres cuando las inscriben en concursos de belleza.
 
LO TRADICIONAL CONTRA LA MODA
 
Las nacidas antes del año 2000 tuvieron algo en común: ver programas de televisión y gozar de la libertad de vivir su infancia.
 
Ellas comparten cómo se vestían en esa etapa.
 
La violinista Gabriela Zepeda dijo que ella de niña se vestía como futbolista, con tenis, pantalones, playeras o shorts, ya que así podía sentirse cómoda y jugar.
 
“De bebé odiaba las mallas, sombreros y vestidos. Me acaloraban y lloraba –decía mi mamá–. Supongo que me acostumbré a andar cómoda, pero me dejaron ser (ríe). La verdad me gustan los vestidos. Me veo muy bien en cualquier estilo. Ahora los uso más… siempre fue una cuestión de comodidad”, abundó.
 
Asimismo, Gabriela señaló que actualmente las niñas están influenciadas por la moda, los programas de TV, la música, y se han convertido en seguidores de tendencias: “Las preparan a través de eso para tener una imagen falsa de lo que es ‘cool’. La apariencia vende. Mientras más corta la falda y maquillaje uses en la secundaria, serás la más guapa… muchas veces así es”.
 
La criminóloga Karina Montero recordó que en su infancia usaba vestidos y tobilleras. Además resaltó que hoy en día hay niñas que se visten como “señoritas”, y lo único que están haciendo es adelantarse a su adolescencia, ya que si se les permite que se vistan así, generará que adopten actitudes de una persona mayor.
 
Por su parte, la comunicadora Laura Landeros mencionó que actualmente existe una forma distinta de vestir a las niñas, sobre todo contar con ropa que las haga sentir más cómodas.
 
Sin embargo, acotó que eso no quiere decir que ya quieran ponerle tacones a las niñas o maquillarlas: “He visto mamás que llevan a sus niñas hasta con el cabello pintado, con mechas. Se debe dejar que las niñas sean eso: niñas. Claro, siempre está el ‘mamá, ¿puedo pintarme las uñas?’. Eso se puede, siempre y cuando entendiendo que son niñas y no adultas”.
 
REEDUCACIÓN A MADRES Y PADRES
 
Las mamás y los papás, al repetir los patrones culturales, necesitan reeducarse y analizar que el sistema global, capitalista y neoliberal ha determinado algunos patrones en la sociedad, como vestirse a la moda, comprar productos de franquicias, consumir productos de belleza, así como establecer qué es lo bonito y lo bello bajo estándares de la privación de ser mujeres.
 
Hacer un ejercicio de reaprender y desaprender lo que nos dicta la televisión es una obligación para quienes tienen bajo su cuidado o formación a niñas y niños. Ahora mismo es urgente romper con esos moldes y enseñar a las menores de edad bajo principios feministas, para ir sembrando la semilla que nos ayude a terminar con las enormes violencias que las mujeres vivimos actualmente.
 
*Este artículo fue retomado del portal de noticias Enheduanna.
 
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