Inicio Niñez guerrerense defiende el patrimonio cultural en Oxtotitlán

Niñez guerrerense defiende el patrimonio cultural en Oxtotitlán

Por Redaccion

La cueva de Oxtotitlán, en el estado de Guerrero, ubicado al sur del país, ha forjado parte del paisaje no sólo físico sino anímico de generaciones y generaciones de habitantes de Acatlán, por lo que actualmente niñas, niños y jóvenes de esa comunidad empiezan a participar en la conservación de este sitio que recibe a numerosas personas, atraídas por su pintura rupestre.

Especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) brindan un curso-taller a estudiantes de las seis escuelas distribuidas en Acatlán –preescolar, primaria y secundaria– con el propósito de “tejer” un nexo más fuerte entre ellos y su patrimonio cultural, vinculación que garantizará el mantenimiento y la preservación de los murales pese al tiempo.

Por más de tres décadas, la cueva de Oxtotitlán ha sido conocida por sus pinturas rupestres del periodo del Preclásico Medio Tardío (800-500 aC), muchas de las cuales muestran fuertes semejanzas con el arte de los olmecas de Veracruz y Tabasco. La caverna consiste de dos grutas anchas en la base de la pared de un precipicio, se informa en un comunicado del INAH.

El graffiti y los daños causados por los pasados visitantes se eliminaron y muchas de las pinturas han sido limpiadas cuidadosamente y preservadas, gracias al Proyecto Integral de Conservación, el cual tendrá una sexta temporada de campo durante el próximo verano.

Sandra Cruz, quien desde 2002 coordina el Proyecto Integral de Conservación de la cueva de Oxtotitlán, informó que el curso-taller con niñas, niños y jóvenes forman parte del Programa de Educación Social de dicha iniciativa, y más que una actividad puntual, se trata de una propuesta didáctica que se generó conforme los objetivos que marca la Secretaría de Educación Pública para cada año escolar.

“A lo mejor se pensaría que este curso-taller es una actividad menor, pero es muy importante porque hemos visto que en gran parte de nuestras comunidades rurales vinculadas con sitios rupestres, la gran mayoría de los profesores no son del lugar, es decir, quienes forman a las y los niños no conocen el patrimonio local”, cuenta.

“Las y los alumnos están en un momento de su vida en el cual buscan su propia identidad, entonces, reconocer ese patrimonio que les ha sido legado de las generaciones anteriores les permite fortalecer su identidad individual y de grupo”, expresó la restauradora perito.

De esa manera, mediante tareas lúdicas y creativas e, inclusive, con el uso de la lengua náhuatl –que es el idioma de Acatlán– niñas y niños aprenden la historia de su localidad, la técnica en que fueron realizadas las pinturas rupestres de Oxtotitlán y la posible interpretación de éstas, y crean sus propios compromisos respecto a su cuidado.

Las y los pequeños participantes llevan a cabo ejercicios en piedras que llevan a su salón de clase, usan pigmentos y aglutinantes que pueden encontrar en la naturaleza, y empiezan a reconocer los agentes dañinos para estas pinturas, el viento, la lluvia, el sol, y la peor: la acción humana que va desde tirar basura hasta jugar “tiro al blanco” sobre algunos diseños.

“Todo esto ha permitido, por ejemplo, el establecimiento de jornadas de limpieza por parte de las escuelas y que se creen ‘grupos espontáneos’ como Los cuidadores de Oxtotitlán, un equipo de niñas y niños que orienta el comportamiento de sus demás compañeros durante la visita a la cueva”, comentó la experta de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural.

Agregó que “aunque hacia el exterior se conoce poco el patrimonio rupestre de México, en realidad éste se ha mantenido vigente en muchas de las comunidades del país. Se trata de una vinculación muy fuerte entre la naturaleza –en particular con montes y cuevas– que data de las sociedades prehispánicas”.

En ese sentido, dijo Cruz, siendo rurales varias de nuestras comunidades, mucho de este nexo se mantiene hasta la actualidad y señaló que nuestro país es muy rico en patrimonio rupestre y los sitios de interés van más allá de la Sierra de San Francisco, conocida por la tradición Gran Mural.

Este tipo de legado, concluyó, “ha sido poco estudiado y técnicamente es un reto muy complejo para los restauradores porque el trabajo debe ser in situ y es necesario buscar su estabilidad dentro del contexto natural, el cual además es dinámico”.

08/GG/CV

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