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No puedo ni quiero callar en medio de la orgía de la muerte

Por la Redacción

Observo las fotos de la sangre en Líbano, madres y niños masacrados; escucho las sirenas que anuncian la llegada a los poblados de Israel de los mortíferos misiles de la Hezbollah.

La radio y la televisión muestran pánico y destrucción en el Líbano, Gaza e Israel. Por doquier las voces de los patriotas de todos los bandos claman por un triunfo contundente que doblegue a los enemigos.

Manifestantes pacifistas en Europa y otras regiones vociferan su enojo pidiendo la eliminación de Israel y glorificando a los islamistas justicieros. Los nazis de siempre le quitan el polvo a los emblemas racistas y festejan el festín de viva la muerte.

Las organizaciones judías se enojan y acusan a los que protestan de haber callado antes, cada vez que los judíos fueron víctimas.

Muchos de los que se autodefinen revolucionarios socialistas descubrieron que la lucha contra el capitalismo global imperialista tiene el nuevo lema Proletarios del mundo uníos contra los israelíes. Los políticos de Israel sostienen que el país está más solo que nunca.

La ONU se reúne una y otra vez para hablar. Los gobiernos árabes de Arabia Saudita, Jordania y Egipto aprueban subrepticiamente el ataque de Israel y lo critican a media voz.

Irán insulta a los judíos vivos y muertos y sigue con su plan de expansión. El nuevo Cuarteto de cuerdas desafinadas (La Unión Europea, Estados Unidos, Rusia y la ONU) dice que él es la fuerza moral y el poder del orden en el mundo, mientras lo único que hace es hablar para que se les crea, pero con garras, cada uno de los socios en esta empresa defiende sus intereses en pro de su poder y usa a su otro socio, la ONU para afianzarlo, y la propia ONU no sabe si es club social o teatro de títeres.

Los estrategas nos lo explican todo para que no entendamos nada. Los religiosos miran, unos al cielo y esperan, y otros, al final de los tiempos y dicen que estamos en una guerra de Dios?

Y a pesar de tanta cháchara, exijo que se callen los cañones y se negocie la paz.

-Tú no entiendes- me dicen en Israel. – ¿No te das cuenta que es una guerra para sobrevivir? ¿Que Hezbollah el Partido de Dios, es el brazo de Irán en Líbano para expandir el Imperio del Islam hasta Andalucía y eliminar a Israel y los judíos?. Estamos en una trampa, los palestinos y los de Hezbollah nos bombardean desde territorios civiles y se escudan con niños.

¡No! No entiendo- les digo a todos. No entiendo la causa por la que hay que matar y hacer la guerra y destruir y morir porque hay un conflicto que se puede intentar solucionar con acuerdos políticos entre naciones. Como no entiendo todo el inmoral asunto de la proporción que está tan en boga.

Los líderes de los países europeos, Japón y el Secretario General de la ONU sostienen que Israel tiene derecho a defenderse con las armas pero que la respuesta fue desproporcionada. Y lo dicen tranquilamente como si una guerra proporcionada estuviera bien y fuera aceptable.

Es erróneo pretender que en estos momentos Israel y los que están luchando con este país en el Líbano o en Palestina, por sí solos, lleguen a un acuerdo para terminar la guerra y que el débil ejército del Líbano pueda imponer autoridad en el área.

Tampoco los israelíes y palestinos están en condiciones de finalizar la beligerancia ya que ambos tienen tremendos conflictos internos basados en ideologías de derechos existenciales histórico-religiosos. Esos conflictos son la causa para impedir por un lado a los israelíes el retiro total de los territorios ocupados en 1967, y a los palestinos la firma de una paz definitiva con los judíos.

Eso es lo que entiendo y lo escribo para que no queden dudas. Estoy conciente que esta declaración me producirá alguna enemistad, dentro y fuera de Israel. Lo importante es que mi conciencia humana, médica, social y literaria me exige este compromiso.

06/LR

* Carta de Ernesto Kahan, poeta y médico. Vicepresidente del Congreso Mundial de Poetas, Academia Mundial de Arte y Cultura (Reconocida por UNESCO). Presidente de la Asociación Israelí de médicos por la paz y vicepresidente de médicos para la prevención de la guerra nuclear (IPPNW -NOBEL 1985).

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