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Oaxaqueñas por la paz y un futuro mejor

Llueva, haga frío o calor, la calle es la trinchera, donde ellas siguen en movimiento, constante y determinado a derrocar al gobierno de Ulises Ruiz

La zozobra es cotidiana, sobretodo por las noches cuando se anuncia la alerta máxima ¿Quién puede dormir si, dicen, que va a llegar el ejército? ¿Cómo “pegar las pestañas” mientras sobrevuelan los helicópteros el cielo de Oaxaca?

Salieron al plantón desde el 22 de mayo. Sufrieron el desalojo del 14 de junio. Otras, sus madres, hermanas, hijas y esposas, familiares, vecinas, amigas y conocidas se sumaron con los días.

Marchan y se manifiestan. En las barricadas vigilan, cocinan, barren, son locutoras, se preparan y organizan estrategias de lucha. Hoy son parte de los escudos humanos.

A pesar de la alerta máxima decretada durante la madrugada, Malena se siente bien con lo que hace, asegura que “todo vale la pena, lo que vamos a ganar es para los que vienen detrás”, dice convencida.

Cocinera, de más de 50 años, con tres hijas y un hijo en la universidad pública y un marido “del otro lado”, Malena sostiene una y otra vez que si no fuera por el magisterio, en Oaxaca todavía tendríamos los ojos cerrados.

“Claro, me preocupo, sobre todo cuando nos ponen en barricadas o campamentos diferentes –se refiere a su familia-, me siento orgullosa con lo que hago y aprendo, ¿cuándo iba a imaginarme?”, comenta.

Guadalupe perdió el trabajo después de sumarse a las jornadas de lucha, pero asegura que ha valido la pena. “Tuviera o no tuviera familiares en el magisterio aquí estaría”, afirma refiriéndose a la barricada donde se realiza la entrevista.

“Estoy molesta con Fox porque dice que él no quita ni pone gobernantes, pero está imponiendo a Felipe Calderón”, señala indignada mientras sostiene que no le preocupa ninguna intervención policíaca o militar.

“Sabíamos que el gobierno lo haría, porque sabe que Oaxaca ya despertó y Ulises mismo los advierte (a los otros gobernadores) que después de él seguirán otros, por eso nadie quiere resolver el problema”.

RAZONES PARA QUE NO SIGA GOBERNANDO

Martha Aparicio, presidenta del Grupo de Estudios de la Mujer “Rosario Castellanos” afirma que hoy aquí la primera demanda es la paz pública y la no intervención de los cuerpos de seguridad, “pues sea como sea el costo más grande recaerá sobre las mujeres”.

Aparicio sostiene que es válida la exigencia de la desaparición de poderes que plantean la APPO y la Sección 22 de SNTE, ya que “para las mujeres el gobierno tiene una respuesta discursiva y no de hechos”.

Enumera el analfabetismo, la falta de atención médica y el difícil acceso a la justicia como los principales flagelos de las oaxaqueñas.

Recuerda que el gobernador Ulises Ruiz no cumplió los compromisos contraídos con las mujeres, luego de que firmó una agenda con las organizaciones civiles (por las mujeres) cuando era candidato y a los 100 días de que inició el gobierno, como había dicho.

Esas, explica, son razones de peso para que no siga gobernando.

Abogada de profesión y feminista, añade que las acciones realizadas por el movimiento popular y magisterial “aunque parecieran violentas son en realidad pacíficas, quien ha violentado a la ciudadanía es el gobierno”, enfatiza.

Cuando se refiere a la participación de las mujeres en un movimiento que cumple ya cuatro meses, la voz se le llena de satisfacción y puntualiza que los asuntos de las oaxaqueñas no se ponen sobre la mesa de discusión.

“Me emociona mirar a las mujeres muy activas en todo lo que hacen y dicen”. Son una parte vital, solidarias, tienen un claro compromiso. “Se puede reflejar su participación hasta en las consignas, como la que plantea que dejarán el mandil para tomar el fusil”.

Aparicio agrega que sería “simplista” creer que al destituir al gobernador habría un efecto en cadena. “No. Tenemos que mirar el bien común, lo que hay de fondo son asuntos como la pobreza y el cansancio que ha generado la desatención institucional”.

ENTRE EL DISCURSO Y LOS HECHOS

Luego de coincidir con Aparicio, respecto a que en Oaxaca la primera demanda es la paz pública y la no intervención de los cuerpos de seguridad, Norma Reyes Terán, directora del Instituto de la Mujer Oaxaqueña (IMO), se mostró preocupada y desde una “visión personal” admite que el género es parte del discurso político no sólo en Oaxaca.

En México, “la planeación del desarrollo no ha sido vista con criterios de género”, de ahí los rezagos y las demandas no cumplidas, subraya.

Cuestiona al movimiento magisterial y popular, del que asegura “si estuvieran interesados en las mujeres, tendrían que ser auto críticos y castigar la violencia que se ejerce contra ellas en las organizaciones y en el magisterio donde persisten los casos de violencia sexual y pederastia”.

La formación machista persiste, dice la ex militante perredista, “de ahí que sean utilizadas para ejercer presión o en el caso de otras organizaciones para obtener recursos que ellas no manejan”.

Reyes Terán expone que si estas organizaciones realmente quisieran un cambio, habrían planteado programas para dotar a las mujeres de tierras y no sólo para criar pollos. Pero, admite que ellas “no se dan cuenta que son utilizadas y siendo justas diría que no son responsables de esa situación, porque estamos en un estado patriarcal, sería falso culpabilizarlas”.

Sostiene, además, que en una crisis como la que vive Oaxaca las mujeres son “todavía más marginadas”, desde la función estructural, funcional e individual porque el marco teórico es patriarcal, como lo son las instituciones y la formación individual de las mujeres y los hombres.

En ese contexto, apunta, en cualquiera de los escenarios –la intervención armada o la resistencia pacífica- las mujeres se llevan siempre la peor parte.

LAS COSAS PUEDEN CAMBIAR

En tanto, los políticos no se ponen de acuerdo y la zozobra continúa, Rosa, una joven de 17 años, habla de su experiencia desde la resistencia civil.

“Mi vida cambió drásticamente desde el 14 de junio”, cuenta. No está sola. Su madre sabe que anda en la lucha, incluso a veces la acompaña y se queda con ella toda la noche, mientras su hija va recorriendo barricadas, o la ayuda en las tareas que se le asignan.

Más que pensar en sentir miedo, dice Rosa, seria y pensativa, “mejor imagino que las cosas pueden cambiar”.
06/SJ/LR

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