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Olvidadas por el Estado, michoacanas que emigran a EU

De cada 100 personas que emigran de Michoacán a Estados Unidos 36 son mujeres, debido a la precaria situación en la que viven y la violencia del narcotráfico.
 
Ellas están emigrando tanto de las zonas indígenas como de las urbanas, y en ambas “se van las más pobres de las pobres, es decir las que están en pobreza extrema y que nos les queda de otra”, dijo Lucero Circe López Ríofrio, directora de la organización civil Humanas sin Violencia.
 
De acuerdo con el censo de 2010 del Inegi, el estado de Michoacán ocupa el tercer lugar en migración, tanto de hombres como de mujeres, después de Guanajuato y Jalisco.
 
A las razones económicas habría que sumar las de género y sociales: la ruptura o ausencia de vínculos con un hombre, entendida como cambio en las relaciones matrimoniales; la soltería, contextualizada en el cambio de roles de la familia, y las estrategias de sobrevivencia para escapar de la violencia.
 
La coordinadora del Comité de la Mujer de la Red Mexicana de Líderes y Organizaciones Migrantes, Yolanda Zoraida Ávila Toledo, quien trabaja con mujeres migrantes en Illinois, Estados Unidos, y en Michoacán, explicó que las mujeres del estado que emigran lo hacen por cuestiones económicas y “emocionales”, mientras que las centroamericanas huyen de la violencia en sus países.
 
Las michoacanas que emigran a EU se van en su mayoría a Illinois, donde ya cuentan con redes de apoyo, afirmó Ávila Toledo.
 
Detalló que de acuerdo con información de su organización, las mexicanas que se van a EU “son solteras y muchas de ellas con hijas e hijos”, quienes se quedan con los abuelos, por lo que las migrantes tienen que enviar dinero para la manutención.
 
Lo que sí es crítico, apuntó Yolanda Ávila, es que más de 50 por ciento de las mujeres migrantes en el vecino país “viven en pobreza”, con lo que se evidencia que “el sueño americano es una utopía”. También se suma el bajo nivel de escolaridad de estas mujeres.
 
La situación política, social, económica e histórica de cada país es una de las causas de la migración, según el estudio “La feminización de los procesos migratorios internacionales: Una perspectiva psicosocial de la migración de mujeres mexicanas a Estados Unidos y su relación con la salud mental”, elaborado por académicas de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (Umich).
 
De acuerdo con información de la Secretaría del Migrante del estado, 68 por ciento de las michoacanas que se van a EU están casadas y la mayoría pretende reunirse con sus esposos.
 
Una investigación del Pew Hispanic Center, una organización de investigación sobre la población hispana en el país del norte, menciona que en EU hay 3 millones 291 mil personas michoacanas, y de ese total, un millón 600 mil son mujeres, es decir 48.6 por ciento.
 
MÁS RIESGOS PARA ELLAS
 
En entrevista con Cimacnoticias, Lucero Circe López Ríofrio dijo que las michoacanas utilizan rutas distintas a las de los hombres para llegar a EU, la cuales les cuestan más dinero.
 
A un hombre le cobran 2 mil 500 dólares (cerca de 32 mil pesos mexicanos), mientras que a una mujer le cuesta hasta 5 mil dólares (casi 64 mil pesos mexicanos), y sin embargo la vida de las migrantes no está garantizada.
 
En el trayecto ellas se exponen a redes de trata de personas. “Muchas veces terminan haciendo lo que el “coyote” o “pollero” (traficantes de personas) les dicen para pasar (la frontera) y salvar su vida”, detalló López Ríofrio.
 
Según denuncias recopiladas por Humanas sin Violencia, las últimas llamadas que hicieron las migrantes a sus familiares era cuando estaban en estados como Sonora, Tamaulipas y Baja California, aquí concretamente en la fronteriza ciudad de Tijuana.
 
Algunas mujeres han llegado a comunicarse después de un año y es cuando cuentan que “el pollero las tenía y las prostituía, posteriormente las dejaba seguir su camino”.
 
Lucero López Ríofrio consideró que esta situación se presenta porque contrario a lo que pasa con los hombres migrantes, las mujeres no cuentan con redes de apoyo, o números telefónicos a donde llamar.
 
En contraste con los varones –añadió la activista–, del total de michoacanas que emigran a EU sólo cinco por ciento lo hace acompañada de algún familiar, mientras que el resto viaja sola. “Ellas nunca se van en grupo, migran solas en autobuses desde Morelia hasta la frontera”, explicó.
 
Yolanda Ávila Toledo señaló que “hay cientos de mujeres que viajan con la pareja, pero es muy bajo; por lo general se trasladan de manera individual. Ellas contactan a los ‘polleros’, quienes les cobran una cantidad considerable; otras más se van a la ‘aventura’”.
 
FIN DEL “SUEÑO AMERICANO”
 
Detalló que las michoacanas “se van a EU porque no hay trabajo en el estado”. Agregó que las mujeres tienen más posibilidades de encontrar empleo, pero no se les respetan sus derechos laborales.
 
Ávila Toledo apuntó que las michoacanas se emplean en el cuidado de niñas y niños, aseo de hoteles, en cocinas y fábricas. Recientemente se han incorporado a la jardinería, un trabajo que hasta hace poco era sólo para los hombres.
 
El estudio “Mujeres en la migración a Estados Unidos, migración internacional”, publicado en 2008 por el Consejo Nacional de Población,  indica que 95 por ciento de las mujeres migrantes en EU encontró trabajo, en contraste con el 85 por ciento de los varones. La mayoría de ellas se empleó en el servicio industrial.
 
Un análisis de la investigadora Ivonne Szasz menciona que en el vecino país se prefiere contratar a mujeres migrantes “porque (las empresas) eluden más fácilmente el pago de la seguridad social”.
 
Esta vulnerabilidad social permite que se violen los Derechos Humanos (DH) de las migrantes, ya que los empleadores les pagan bajos salarios y no les proporcionan medidas de seguridad e higiene para la realización de su trabajo, según la investigación de la Umich.
 
Ávila Toledo explicó que en Illinois su organización tiene un proyecto llamado Mujeres Monarcas, que tiene como fin empoderar a las mujeres, sobre todo aquellas que tiene bajo nivel de escolaridad.
 
Se trata –precisó– “de que ellas tengan mejores niveles de confianza en su persona y su autoestima se eleve”, para que reconozcan sus logros al momento de haber emigrado y trabajar en un país distinto al suyo.
 
Agregó que trabajan tanto con las mujeres que se quedan en Michoacán como las que viven en EU y las capacitan para defender sus derechos laborales y a la salud.
 
SIN MEDIDAS DE ATENCIÓN
 
Lucero Circe López Riofrío abundó que a su organización Humanas sin Violencia llegan familiares a denunciar que las mujeres migrantes “se extraviaron”. “El problema es que por falta de recursos no le damos seguimiento”, lamentó.
 
Humanas sin Violencia pretende elaborar una “Cartilla para la mujer migrante”, pero por carencia de fondos no se ha puesto en marcha.
 
La cartilla sería una especie de guía sobre medidas de seguridad, como por ejemplo “coserse el dinero dentro del pantalón, porque sabemos que en los retenes (los delincuentes) les piden que se quiten la ropa”.
 
Otra medida es llevar pastillas de anticoncepción de emergencia (PAE) y en caso de violencia sexual tomarlas de inmediato, así como números telefónicos para pedir ayuda en casos de emergencia.
 
La religiosa de Movilidad Humana en Michoacán, Alejandra Samaniego Maya, recordó el caso de una mujer que fue deportada de EU: “Al momento de la deportación se vino sin sus hijos; los vigilaba por teléfono, les llamaba. Los niños se habían quedado con una tía”.
 
Otra situación fue la de dos mujeres nicaragüenses que llegaron al albergue “ya cansadas y sin dinero, y aun así me dijeron que seguirían porque en su país no hay nada de qué vivir”, relató.
 
Samaniego Maya demandó al gobierno programas de atención para las mujeres que se quedan México y para las migrantes, ya que –criticó– “parece que sólo importan las remesas y se olvida de la situación que enfrentan las personas al momento de irse, así como el estado emocional de quienes se quedan”.
 
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