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Patriarcado, machismo y sexismo

Por Guadalupe Cruz Jaimes

El patriarcado es una forma de organización política, económica, religiosa y social, con base en la idea de autoridad y liderazgo del hombre, en la que predominan los varones sobre las mujeres, cita la comunicóloga y estudiosa de temas de género, Nuria Varela en su obra Feminismo para principiantes.

Varela cita a Dolores Reguant, quien señala que “el patriarcado surgió de una toma de poder histórico por parte de los hombres, quienes se apropiaron de la sexualidad y reproducción de las mujeres y de su producto, las y los hijos, creando al mismo tiempo un orden simbólico a través de los mitos y la religión que lo perpetúan como única estructura posible”.

El patriarcado es un sistema político, su existencia no quiere decir que las mujeres no tengan ningún tipo de poder o derechos, sin embargo estás se encuentran bajo el predominio de los varones.

“Las formas de patriarcado varían, la vida de las mujeres en algunas partes del mundo está cambiando, pero el patriarcado sigue gozando de buena salud”, afirma Varela.

Ejemplo de ello, dice, es la situación de las mujeres en Arabia Saudita, donde no disfrutan de ningún derecho fundamental, a diferencia de las habitantes de Europa, quienes al menos “formal y legalmente” han conseguido sus derechos.

Analizar el patriarcado como un sistema político supuso ver hasta dónde se llegaba el control y dominio de los varones sobre las mujeres. Al darse cuenta de que ese control se extendía también a las familias, a las relaciones sexuales, laborales… las feministas popularizaron la idea de que lo personal es político.

Cuando se organizaron los grupos de autoconciencia, dice la autora, las mujeres se dieron cuenta de que aquello que cada una suponía que sólo le ocurría a ella, por haber hecho una mala elección de pareja, no era nada personal: eran experiencias comunes a todas las mujeres, “fruto de un sistema opresor”.

“El objetivo del feminismo es acabar con el patriarcado como forma de organización política”, indica.

Hasta antes de que la teoría feminista redefiniera el concepto de patriarcado, éste era considerado “el gobierno de los patriarcas”, de ancianos bondadosos cuya autoridad provenía de la sabiduría.

La autora refiere que es a partir del siglo XIX, cuando el término patriarcado comienza a utilizarse “en sentido crítico”, debido a las teorías feministas que explican que “la hegemonía masculina en la sociedad es una usurpación”.

En los años setenta, el feminismo radical es el que utiliza este término como “pieza clave” de su análisis de la realidad.

El machismo es un término estrechamente ligado al patriarcado, explica Varela, ya que “es un discurso de la desigualdad. Consiste en la discriminación basada en la creencia de que los hombres son superiores a las mujeres”.

El machismo “se utiliza para referirse a actos o palabras con las que de forma ofensiva se muestra el sexismo que forma parte de la sociedad”, puntualiza.

En tanto, “el sexismo se define como el conjunto de todos y cada uno de los métodos empleados en el seno del patriarcado para poder mantener en situación de inferioridad, subordinación y explotación al sexo dominado: el femenino”, señala la autora.

El sexismo abarca todos los ámbitos de la vida y las relaciones humanas.

La autora concluye que el machismo es un piropo mientras que el sexismo es la división de educación por sexos, que oscila entre enseñar a las niñas a coser, hasta la prohibición de estudiar.

08/GCJ/GG/CV

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