Inicio » Poner fin al matrimonio infantil en África
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Clarisse, con 17 años, ya tiene dos hijos y viven junto a su marido y sus otras esposas en la zona rural al sur de Chad. Hace tres años vio cómo su mamá y sus hermanas preparaban comida para un día de fiesta. Al principio celebró como todo el mundo sin darse cuenta de que se trataba de su propia boda. Cuando se dio cuenta se puso frenética.
 
“Traté de escapar, pero me agarraron. Me encontré con un esposo tres veces mayor que yo. La escuela se había terminado, así nada más. Diez meses después me vi con un bebé en brazos”, relató.
 
Clarisse es una de las millones de niñas que en todo el mundo, y en especial en África, son entregadas en matrimonio cada año. Muchas de ellas se vuelven esposas a edades tan tempranas como los ocho años, a menudo casadas con hombres mucho mayores.
 
Una de cada tres niñas de países de bajos y medianos ingresos se casa antes de los 18 años, y una de cada nueve antes de los 15. Se estima que de no revertirse la tendencia, unos 15.1 millones de adolescentes contraerán matrimonio cada año.
 
El continente africano toleró el matrimonio infantil demasiado tiempo con varios argumentos y justificaciones mal planteadas. Pero nuestras niñas, que han llevado la carga de esta práctica perjudicial, no pueden esperar más su prohibición. No se debe permitir que siga el matrimonio infantil. Ni un día más.
 
De los 41 países con una prevalencia de matrimonio infantil de 30 por ciento o más, 30 están en África. La práctica está más acentuada en África occidental, donde dos de cada cinco mujeres se casan antes de los 18, y una de cada seis a los 15.
 
Se sabe que muchas creencias y normas sociales, culturales, religiosas y tradicionales promueven la persistencia del matrimonio infantil en África.
 
Además, la dimensión económica es una fuerza que impulsa la práctica. Para muchas familias pobres, el matrimonio infantil es una fuente de ingresos y, por lo tanto, una estrategia de supervivencia.
 
IMPACTOS
 
Independientemente de los factores favorables y de las justificaciones mencionadas, el matrimonio infantil tiene un severo y dañino impacto sobre las niñas y la sociedad en general. Compromete su salud, educación y las oportunidades para desarrollar su potencial.
 
Muchas “niñas-esposas” quedan expuestas a embarazos y partos antes de estar preparadas física y psicológicamente.
 
En Sudán, Awatif, ahora de 24 años, fue entregada en matrimonio a los 14 cuando todavía estaba en la escuela. En contra de su voluntad dejó de estudiar en quinto grado y en seguida quedó embarazada.
 
“Estuve varios días en casa con un trabajo de parto obstruido, fue doloroso y creí que me moría. Mi familia me llevó al hospital para que me atendieran. Sobreviví, pero mi hijo no, y tuve una fístula obstétrica”, relató. A raíz de eso, su esposo la abandonó y le pidió el divorcio.
 
El director ejecutivo del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), Babatunde Osotimehin, dijo: “Ninguna sociedad puede permitirse oportunidades perdidas, talento desperdiciado ni personas explotadas a causa del matrimonio infantil”.
 
DESAFÍOS
 
El matrimonio infantil es un problema de salud pública y de Derechos Humanos (DH), que no puede dejar de atenderse. En primer lugar, viola instrumentos de DH como la Convención sobre los Derechos del Niño y la Carta Africana sobre los Derechos y el Bienestar del Niño.
 
Por lo tanto es una obligación de las autoridades del continente proteger los derechos de las niñas a quienes los gobiernos se comprometieron a defender. Esto incluye terminar con el matrimonio infantil.
 
Si se quiere poner fin a la práctica es necesario tomar medidas en todos los ámbitos para cambiar normas sociales dañinas y empoderar a las niñas.
 
En especial, los gobiernos, la sociedad civil, los líderes comunitarios y las familias que se tomen en serio terminar con el matrimonio infantil deben considerar promulgar, aplicar y reunir apoyo comunitario para aprobar leyes que dispongan una edad mínima para casarse.
 
Terminar con el matrimonio infantil no sólo ayudará a proteger los derechos de las niñas, sino que contribuirá en gran medida a reducir la prevalencia de embarazos en adolescentes.
 
Nuestro objetivo debe ser tolerancia cero. Aprobar leyes que prohíban el matrimonio infantil es un buen primer paso, pero a menos que se hagan cumplir y que se cuente con respaldo de la comunidad, el impacto será mínimo.
 
Existen grandes esfuerzos con resultados prometedores en todo el continente africano que desafían el “status quo” de esta práctica dañina. Hemos visto iniciativas buenas como las escuelas de esposos, en Níger, y las iniciativas para adolescentes, en muchos otros países de la región.
 
En Mozambique, la iniciativa “Foro de niñas” les ofrece una plataforma para mejorar sus posibilidades de toma de decisiones, para aumentar su empoderamiento y construir una opinión sobre cuestiones como el matrimonio y la salud sexual y reproductiva.
 
La educación no es la única clave para desarrollar el potencial de las niñas, sino que contribuye a demorar el matrimonio en todo el continente.
 
Varios estudios indican que las que tienen un bajo nivel educativo tienen más probabilidades de casarse antes, mientras que las que están en secundaria tienen seis veces menos posibilidades de contraer matrimonio en la infancia.
 
La educación obligatoria para todos, en especial para las niñas, es una intervención clave que las autoridades pueden poner en práctica.
 
CAMPAÑA
 
El continente ha sido testigo de un renovado compromiso político para atender este problema, de la mano de la presidenta de la Comisión de la Unión Africana (UA), Nkosazana Dlamini-Zuma.
 
“Debemos eliminar el matrimonio infantil”, señaló. “Las niñas casadas a temprana edad soportan la presión de tener hijos aún siendo niñas”. Este compromiso se lleva a la práctica a través de una nueva campaña para ponerle fin.
 
Los objetivos de la campaña son: terminar con el matrimonio infantil mediante acciones y políticas que protejan y promuevan los DH; generar consciencia sobre el matrimonio infantil; eliminar barreras y obstáculos para el cumplimiento de la ley; determinar el impacto socioeconómico del matrimonio infantil, y aumentar la capacidad de los actores no estatales para llevar adelante un diálogo político basado en la evidencia y las actividades operativas.
 
El UNFPA cree que la campaña de la UA para terminar con el matrimonio infantil representa un punto de inflexión en esta lucha. Es hora de que no toleremos más que las niñas se conviertan en esposas. Llegó la hora de comprometernos a garantizarles la posibilidad de desarrollar todo su potencial.
 
*Julitta Onabanjo es directora regional del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) para  África oriental y austral.
 
**Benoit Kalasa es director regional del UNFPA para África occidental y central.
 
***Mohamed Abdel-Ahad es director regional de UNFPA para el norte de África y los países árabes.
 
****Este artículo fue originalmente publicado por la agencia internacional de noticias IPS.
 
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