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Por desnutrición mueren 41% de niños menores de un año

Por Silvia Magally

La desnutrición es uno de los grandes problemas de salud que se enfrentan actualmente en el mundo; por ella ocurren cada año en los países en desarrollo más del 41 por ciento de las muertes en niños de seis a 24 meses de edad, lo que equivale a 2.3 millones aproximadamente.

De acuerdo a una investigación del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), publicada por el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), los niños que sobreviven a la desnutrición padecen secuelas permanentes lo que implica pérdidas millonarias.

Las principales repercusiones del desmedro en niños menores de dos años de edad son el incremento en la mortalidad –estimado en 20 por ciento–, la presencia de infecciones agudas y la discapacidad intelectual.

En la investigación Estrategias familiares de vida y su relación con desnutrición en niños menores de dos años, los estudiosos identificaron numerosos factores relacionados con la desnutrición como la ingesta insuficiente de proteínas, las carencias de micronutrientes como vitamina A, hierro y zinc; así como cambios en los patrones de alimentación, parasitosis intestinal y otros padecimientos crónicos.

Asimismo se establece también que las estrategias familiares de vida son determinantes para que ocurra la desnutrición, por lo que recomendaron que las características de la vida familiar deben ser consideradas por los programas que pretenden abatir este padecimiento.

Los investigadores que participan en la investigación visitaron 633 domicilios de las familias consideradas en este estudio, efectuado en hogares del estado de Tlaxcala.

Su análisis arrojó que en las familias con un niño desnutrido, las madres tenían menos de 20 años de edad y un ingreso per capita mensual menor a los 385 pesos.

De ese ingreso mensual, se encontró que estas familias destinan más del 25 por ciento para alimentos y las madres invierten menos de 10.5 horas por semana para las actividades de crianza y cuidado de los niños.

Además, las familias con problemas de desnutrición no tuvieron el apoyo de instituciones de seguridad social.

En estos núcleos familiares se halló baja escolaridad de los padres (seis años o menos), condiciones de vivienda desfavorables representadas por hacinamiento y carencia de servicios públicos como drenaje.

Los investigadores advierten en el documento, que en los hogares de niños desnutridos las madres de familia tuvieron una baja escolaridad con una conducta reproductiva caracterizada por el intervalo entre los nacimientos de sus hijos de 36 meses.

Concluyen que la salud y nutrición de los infantes dependen de la calidad de la alimentación, del cuidado de la familia, de su edad y sexo, de la escolaridad de los padres y de los ingresos económicos.

Finalmente determinaron que las mujeres con mayor educación mantienen mejores condiciones higiénicas y son más receptivas a la información en salud; adicionalmente son más capaces de transformar los insumos de la familia en salud.

       
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