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Por todas las mujeres

Por Marta Guerrero González

Por Digna Ochoa y por cada una de las olvidadas.

Sin saña pero con alivio recibimos la noticia de la Suprema Corte de Justicia en el caso de Flora Ileana Abraham, a quien el tráfico de influencias y las presiones políticas estuvieron a nada de negarle la acción de la justicia.

Sin embargo, dentro de poco su asesino, Armando Medina Millet, podrá salir de prisión y reincorporarse a la sociedad con un as bajo la manga, la duda que logró sembrar durante diez años, por lo menos en su círculo más cercano y en algunos influenciados por el poder.

Pese a todo lo alegado, la contundencia de los peritajes y el expediente llevó a los ministros a la conclusión de la culpabilidad del reo.

Pero todo esto tomó diez largos años y cabe preguntarse, ¿qué hubiera pasado si la familia de Flora Ileana no ejerciera un contra peso frente al gobierno? No necesitamos de mucha imaginación para conocer la respuesta.

Lo que nuestros legisladores tendrían que pensar es en el desgaste, la tristeza y el dolor para la familia durante un proceso que casi dura toda la sentencia, con el beneficio que le otorga la ley, poco menos de mitad de la condena.

Y, ¿la víctima, y su familia cuál beneficio recibe? Hoy sienten alivio porque finalmente se hizo justicia, pero dentro de uno o dos años, verán al asesino de su hija en entera libertad de rehacer su vida, para Flora esa posibilidad no existe.

Si las penas no fueran blandas, si no existiesen las reducciones exageradas de las condenas, si hubiera más mujeres jueces y ministras y, los hombres encargados de la impartición de justicia reconocieran la violencia doméstica como una de las principales causas de la mortalidad femenina y juzgaran con un sentido verdaderamente ejemplar, estaríamos en el camino correcto para combatir a los golpeadores, a los intimidadores y a los asesinos que impunemente viven en libertad y siguen practicando la misma o mayor violencia en contra de las mujeres.

¿Readaptación social? ¿Existe el arrepentimiento en alguien que no acepta su culpa? Los jueces soltaron a un secuestrador apodado el Pinky, el delincuente al ser capturado tenía 16 años, menor de edad y por tanto protegido por nuestras leyes (a las dos personas que privó de su libertad también eran menores de edad y eso no constituyó un atenuante para ellos), el delincuente se clavó un pica hielos varias veces en su cuerpo, hiriéndose, sólo cinco meses antes de ser liberado ¿es eso una conducta normal, de verdad los jueces piensan que ese muchacho que soltaron no va a reincidir en sus crímenes? ¿Bajo qué criterios reducen las penas y sueltan a los asesinos?

Es verdad que en las cárceles hay muchos inocentes y muchos arrepentidos pero su liberación debe tomarse después de un cuidadoso estudio. Armando Medina Millet ha sido sentenciado por asesinar a su esposa, la instancia máxima ha ratificado su culpa. Esa y no otra es la verdad legal y no puede ser excusado de prisión quien verdaderamente no se arrepiente y éste individuo ni siquiera admite que la mató… ¿de qué se tiene que arrepentir alguien que no acepta ser un golpeador y un asesino? ¿Puede caber en él la venganza?

2005/MG/SJ

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