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Por una cultura de adopción contra la prevención de embarazos: Vida y Familia

Por Carolina Velásquez

Más que promover una educación sexual, lo que hace falta en México “es difundir la cultura de la adopción”, opina Marilú Mariscal de Vilchis, enfermera especializada, fundadora de la asociación civil “Vida y Familia”.

La también ejecutiva empresarial al frente de la asociación aliada a Provida, -que niega los derechos sexuales y reproductivos de la población en especial de la femenina-, tiene como principal tarea, agilizar los trámites para la adopción de los hijos e hijas de aquellas mujeres que han llegado a esta organización de corte ultraconservador.

En cuanto a una la cultura de prevención del embarazo, Mariscal de Vilchis insistió en que “lo que queremos es el sí a la vida. La educación sexual es importante para prevenir el embarazo no deseado, pero entre más lejos estemos, por así decirlo, de la animalidad, más perfectos vamos a ser los seres humanos”.

“Vida y Familia”, cuenta con albergues en 12 ciudades del país, en los que se trabaja con el lema de “ayuda a mujeres y bebés con futuro”, con apoyos privados y gubernamentales.

Según datos de la organización, las mujeres embarazadas que ingresan –de 20 a 100 en promedio, por mes, en las tres casas del área metropolitana– lo hacen de tiempo completo.

Reciben terapia psicológica, servicio médico, clases de manualidades pero sobre todo servicios religiosos católicos (catecismo y misa) y a cambio, ellas se ocupan de la limpieza y el mantenimiento del lugar.

La mayoría son trabajadoras domésticas, empleadas de pequeños negocios y/o comercios, obreras–, cada una “cuesta” a la administración de la casa aproximadamente tres mil pesos mensuales, informó Mariscal de Vilchis.

La atención ginecológica corre a cargo de hospitales del Sistema Nacional de Salud y cuentan en esta ciudad con un convenio firmado con la asociación el Hospital G. A. González de la Secretaría de Salud (SS), que se encarga de manera gratuita de hacer el seguimiento en todo el embarazo hasta el parto.

De acuerdo con los testimonios, el objetivo es que las mujeres decidan qué hacer con su embarazo. “Primero es el sí a la vida, que conserven a su bebé y si no pueden, entonces, lo damos en adopción”.

De acuerdo con una investigación de Sofía González Caccia –especialista por una década en línea telefónica en crisis para mujeres violadas y golpeadas en la Asociación Canadiense de Centros de Asalto Sexual (CASAC, por sus siglas en inglés)–, una de las irregularidades más importantes que encontró en estos lugares es que las funcionarias responsables de su manejo, integrantes de Provida.

En circunstancias económicas difíciles, sin apoyo de la familia y, mucho menos, del padre del bebé, las mujeres llegan a estos lugares confundidas, con sentimiento de culpa y sin información legal.

Al salir luego de una estancia de varios meses hasta que dio a luz, Sandra, de 30 años, declaró haberse sentido bien durante su estancia en el albergue de la colonia San Jerónimo, en la ciudad de México, al final decidió dar en adopción a su hijo.

“Yo duré ahí todo mi embarazo. Lo pensé detenidamente y di al niño en adopción. Tenía otro bebé de un año y medio al que debía darle bastante atención, no podía con dos, entonces como no contaba con mi esposo y yo no tenía trabajo…”, señala Sandra

Con ocho meses de embarazo, Lourdes espera que nazca su bebé para darlo en adopción, una vez concluidos los trámites regresará a Cuernavaca a buscar trabajo, “en lo que sea”, unas veces en casa otras en el campo.

Dar en adopción, fue la decisión de Margarita, de 19 años, , obrera en una pequeña fábrica de costura del estado de México desde hace tres años, con una buena relación de pareja “nos llevábamos muy bien” hasta el embarazo.

De acuerdo con la fundadora de Vida y Familia, al nacer y antes de darlo en adopción la madre conoce al bebé. Ellas generalmente toman la decisión fundamentalmente por problemas económicos, sin embargo estas mujeres no reciben información en estos lugares para prevenir embarazos posteriores mucho menos en casos de violación, conocen la legislación que les permitiría interrumpir su embarazo.

La documentación de adopción se entrega a la asociación para dárselas a los futuros padres adoptivos. El trámite puede llevarse de 20 días a seis meses. Nos hemos tardado hasta ocho meses, aceptó Mariscal de Vilchis.

“Hasta ahora no se nos ha quedado ninguno”, agrega la fundadora de Vida y Familia y asegura que, en promedio, existen en espera de un niño o niña para adopción, 200 matrimonios.

Según informes de la asociación, Vida y Familia realiza un seguimiento de los padres adoptivos y los niños y niñas adoptados. Las madres que deciden ésta opción no vuelven a saber de ellos.

Algunas reinciden, pero son las menos, el uno por ciento, dicen. Otras que no tienen a donde ir son canalizadas a un albergue, sobre todo de religiosas, donde pueden estar con un pago mínimo por un tiempo con sus bebés.

Los casos de las madres que deciden no dar en adopción y quedarse con el bebé, no siempre tienen un desenlace feliz.

Ana y Patricia se conocieron en 1998 en la casa de Vida y Familia de San Jerónimo, en el Distrito Federal. Ellas tomaron opciones distintas. Ana se llevó con ella a su hija y Patricia lo dió en adopción, luego se arrepintió y antes de firmar los papeles le regresaron al bebé, tiempo después ingresó nuevamente al albergue con un segundo embarazo.

Para agilizar los trámites de la adopción Vida y Familia se coordina con autoridades del Sistema Nacional de la Familia (DIF) y actualmente participa en la conformación de un Consejo de Adopción en el estado de México con organizaciones civiles y gubernamentales.

Desde 1985 Vida y Familia, participó en las reformas al Código Civil que cambiaron el concepto de adopción simple al de adopción plena, con esto se protege a los padres que adoptan y los hijos adoptados.

“Busqué garantías para los padres que adoptan y los bebés adoptados. Con estos cambios la madre biológica pierde la patria potestad, no conoce a los padres adoptivos, entrega al bebé lo antes posible, en el acta de nacimiento no aparece la leyenda de que la criatura es adoptada y puede gozar de los mismos derechos que cualquier hijo biológico”, explica Mariscal de Vilchis.

La mujer que da en adopción pierde la patria potestad la madre biológica ya no puede reclamar al hijo y si no conoce a los padres adoptivos para evitar cualquier tipo de chantaje futuro.

Mariscal de Vilchis–, considera que a futuro un menor institucionalizado al no tener una familia es un agresor potencial de la sociedad.

En un discurso conservador, opina que “la familia es el núcleo de paz y tranquilidad, donde papá y mamá luchan por el bien de ese niño” al considerar que hay que sacar a los niños de las instituciones y darlos en adopción.

Como parte de esta labor Vida y Familia recibe a todas las embarazadas que Mariscal de Vilchis define en desamparo. “Nuestras casas necesitan a más mujeres embarazadas. Hemos atendido a más de siete mil y son pocas”.

De lo nunca habla Mariscal de Vilchis es de las cantidades que tienen que desembolsar los matrimonios que desean ser padres mediante la adopción de hijas e hijos de mujeres que llevan a Vida y Familia.

2004/CV/LR/SM

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