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Queman casa a mujer que se fue de jornalera a Sinaloa

Por Isabel Ortega Morales, corresponsal

Anita Villalva Vásquez no tiene opción. Aún con malestares por un tumor en el estómago, ella tiene que emigrar a los campos agrícolas del norte del país para mantener a sus siete hijos menores de edad, además de reunir dinero para pagar un préstamo que pidió para construir su casa.
 
En su comunidad Lagunilla Yucutini, en la sierra de Guerrero, ella no tiene para comer. “Si me quedo sentada no como y nadie va a venir a decirme que deje de trabajar por estar enferma, o que alguien me diga ‘ten este dinero para que comas tú y tus hijos’”, cuenta esta mujer a Cimacnoticias.
 
Anita, de 37 años, dice que no tiene tiempo para esperar en el hospital de Tlapa a ser atendida, porque “te dicen que vuelvas, que regreses”, y ella ya está a punto de partir hacia el norte y eso le impide volver a la atención médica o dar seguimiento a sus citas.
 
A Anita no le gusta emigrar y menos como jornalera. Recuerda que la primera ocasión se emocionó, pero luego se arrepintió “porque la vida allá es muy dura como jornalera, y a veces no hay ni agua para tomar”, pero señala que no tiene opción: “Debo sobrevivir y darle de comer a mis hijos”.
 
Ella se va a los campos de Villa Juárez en el estado de Sinaloa, donde trabajará de 7 de la mañana a 6 de la tarde.
 
Empezó a emigrar desde que tenía siete años. Junto con sus padres se incorporó a los campos de cultivo del norte del país “cuando todavía las niñas trabajaban”. “Eso fue hasta 1995, ahora ya no las dejan si no tienen más de 16 años de edad”, menciona.
 
Ha migrado 10 ocasiones y una de ellas permaneció por espacio de 6 años porque cuando regresó “encontré mi casa quemada” junto con todas sus pertenencias. “Me quedé sin casa, ni ropa, ni dinero, ni comida, ni apoyo”.
 
Gana de 120 a 130 pesos al día e invierte 100 pesos por persona en comida diaria. “Unos huevos o salsa te sale en 50 pesos”, aparte debe pagar la comida. “Mal comida ahorras, aunque sea un poco”, es decir 200 pesos a la semana, explica.
 
Anita es madre soltera; su marido se fue con otra mujer y no sólo no le da dinero, sino que tampoco sabe nada de él y se quedó con sus siete hijos que estudian la primaria y la secundaria, éstos últimos trabajan como jornaleros.
 
De los siete hijos que parten rumbo a Sinaloa, cinco son hombres y dos mujeres, trabajarán cuatro: Anita y tres hijos varones. Los otros se quedarán en “un cuarto donde entran hasta tres familias”, o los muchachos “hasta 15 o 20 en un cuarto juntos”.
 
Señala que no tiene opción de trabajo en su pueblo, ubicado en la región de la Montaña de Guerrero, en el segundo municipio con más alta pobreza de Latinoamérica, Metlatónoc, y además debe pagar un préstamo e intereses que pidió para construir su casa.
 
Por ello piensa permanecer entre seis y ocho meses en Sinaloa. “A veces me desespero y prefiero irme (al norte)”, dice.
 
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