Inicio Ratzinger, en el “banquillo de los acusados”

Ratzinger, en el “banquillo de los acusados”

Por Guadalupe Cruz Jaimes

Integrantes de la academia y la sociedad civil denunciaron la violación sistemática por parte de la jerarquía católica, encabezada por el papa Benedicto XVI, de los Derechos Humanos de las mujeres y la infancia, por lo que demandaron justicia.

En la víspera de la visita papal a México, María del Consuelo Mejía, directora de Católicas por el Derecho a Decidir (CDD), señaló que Joseph Ratzinger debe rendir cuentas por el encubrimiento de los abusos cometidos en contra de niñas, niños y mujeres en la institución que representa.

Durante la presentación hoy del libro “El caso del Papa”, que se realizó en Casa Lamm, la activista, junto con especialistas en el tema, exigió castigo para los curas pederastas, la reparación del daño a las cientos de víctimas, y el cese a la injerencia de la Iglesia en la creación de políticas que afectan la vida y sexualidad de las personas.

En entrevista, Mejía expresó su preocupación por la participación activa de la jerarquía católica en la elaboración de políticas públicas, normas y acuerdos internacionales con el propósito de obstaculizar el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

Puso como ejemplo que en la reciente sesión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer de Naciones Unidas, no hubo consenso para incluir el tema de la salud reproductiva para las mujeres rurales por la oposición de algunos países liderados por El Vaticano.

Lo que las organizaciones pretendían en la reunión de la ONU era lograr un acuerdo para garantizar a las campesinas servicios de salud básica, como la atención prenatal, detalló María Consuelo Mejía.

Este hecho, abundó, es una “manifestación concreta de una idea misógina de que las mujeres no tenemos la misma dignidad que los hombres y que tenemos que seguir calladas y sumisas”.

ENCUBRIMIENTO

La directora de CDD indicó que la violación “más clara a la dignidad de las mujeres y a sus Derechos Humanos es el impedimento de ser parte de quienes deciden las políticas y los mandatos” que afectan la vida de las católicas, al emitir en 2010 las “Normas Sustantivas” que consideran la ordenación sacerdotal de las mujeres como un delito más grave que la pederastia cometida por los curas.

Las “Normas Sustantivas” también incluyeron que los miembros de la Iglesia que conozcan casos de pederastia están sujetos al secreto pontificio, es decir que de hacerlo público serán sancionados.

De acuerdo con Geoffrey Robertson, autor de “El caso del Papa”, la secrecía representa uno de los obstáculos más críticos para que las víctimas de pederastia tengan acceso a la justicia, citó durante la presentación del texto Amparo Espinosa, directora de Documentación y Estudios de Mujeres (DEMAC).

La dirigente de DEMAC, organización dedicada a publicar estudios que contribuyen al empoderamiento de las mujeres, indicó que las violaciones a los derechos de las feligreses han pasado “inadvertidas” por la Iglesia, y tuvo que ser el problema de la pederastia el que colocó a la jerarquía en el “banquillo de los acusados”.

Sin embargo, lejos de procurar justicia y la no repetición de este delito, El Vaticano ha procurado una política institucional de encubrimiento de los responsables, a quienes libera de toda culpa al argumentar en sus reglamentos que la pederastia es resultado de impulsos incontrolables, que sólo amerita su cambio de arquidiócesis o de parroquia.

Espinosa mencionó un caso que involucra directamente al Papa, quien en 1996 estando al frente de la oficina vaticana como Cardenal, dejó impune la escandalosa violación sexual de 200 niños sordos durante 20 años por un cura en Wisconsin, Estados Unidos.

El ahora sumo pontífice se negó a escuchar a las víctimas, jamás ejerció alguna “acción punitoria” en contra del prelado pederasta, sostuvo la investigadora. En cambio, cuando el sacerdote enfermó gravemente, el Papa indicó que se pusiera fin a su juicio para que muriera como “miembro respetable de su comunidad”.

En contraste, la gran mayoría de la comunidad católica demanda que los curas pederastas sean castigados, muestra de ello, es que el 87 por ciento de las y los fieles en México exige acciones drásticas contra los sacerdotes que cometan este delito, según la Encuesta de Opinión Católica en México 2010, realizada por CDD.

Roberto Blancarte, director de El Colegio de México, indicó que el silencio de la Iglesia para encubrir los múltiples casos de pederastia será un “silencio culposo” con el que mañana inicia la visita a México de Joseph Ratzinger.

Durante la presentación del libro, el experto en religión, laicidad y democracia sostuvo que la secrecía y la “autorregulación” de la Iglesia para resolver la pederastia al interior y no entregar a los responsables de este delito, es inválida y propicia que los casos de abusos “contra los más débiles” continúen.

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