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Responsabiliza Raúl Vera a directivos de Pasta de Conchos

La muerte de los mineros en la zona carbonífera de Coahuila causa indignación en el obispo de Saltillo, Raúl Vera, quien asegura que mientras no se ponga un hasta aquí a los concesionarios, ellos gozarán de impunidad y las minas serán tumbas potenciales.

A menos de 30 días del primer aniversario de la explosión de la mina número ocho en el ejido Pasta de Conchos, San Juan de Sabinas, Coahuila, donde perdieron la vida 65 mineros, el obispo demanda una solución a las pésimas condiciones en que siguen laborando los mineros mexicanos y que la semana pasada cobró la vida de otro trabajador en la misma región coahuilense.

En entrevista con Cimacnoticias, se muestra dolido ante la falta de respuesta de las autoridades, pese a la reciente creación de la Comisión Especial para Conocer las Responsabilidades y Origen de la Tragedia de la Mina Pasta de Conchos en el Congreso Federal y al anuncio de la Procuraduría General de Justicia de esa entidad de solicitar órdenes de aprehensión contra funcionarios de la Secretaría del Trabajo y de la empresa Industrial Minera México.

La tragedia del 19 de febrero de 2006 en Pasta de Conchos no sólo dejó sin vida a 65 hombres, también cambió el destino de sus esposas, pues la mayoría eran casados y dejó en la orfandad a unos cien niños y niñas, recuerda el obispo.

No se puede dejar a los concesionarios en esa impunidad, son ellos y no sus subalternos los directamente responsables del trabajo y la vida de los mineros, sostiene el obispo Raúl Vera, quien también señala que hay complicidad de los empresarios con los inspectores de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STyPS).

Por mordidas o de gratis, como lo hicieran, la STyPS pasó por alto toda falta de responsabilidad que tenían para salvaguardar la vida de los 65 mineros y no lo hicieron así, como poco a poco se ha demostrado.

Explica que el rescate de dos cuerpos ha demostrado que murieron aplastados y quienes pudieron salir no lo hicieron por las malas condiciones de Pasta de Conchos, lo que no sucedió en otra mina de arrastre en Nuevo León este año, donde sólo hubo heridos, gracias a que ahí las condiciones eran diferentes, pues el tiro de la mina está construido de acuerdo a la norma.

El obispo Vera describe cómo Pasta de Conchos, la mina de carbón de Industrial Minera de México, carecía de arcos, de una parrilla de acero para proteger a los trabajadores en caso de derrumbe y de falta de ventilación, ya que en dos kilómetros, distancia que había sido perforada, sólo había un tiro de ventilación.

También se ha comprobado, dice Vera, que en la mina había una alta concentración de carbón en las paredes, que crea un ambiente con un comburente fortísimo: el carbón se convierte en un horno para fundir acero.

El obispo de la Diócesis de Saltillo aseguró que estas condiciones favorecían el desastre y ocasionaran el crimen de 65 trabajadores, responsabilidad de los directivos de la mina y no de los encargados de la ventilación o el sistema eléctrico porque, de ser así, los empresarios tendrán que demostrar que los directivos se robaron el dinero para mejorar las condiciones de la mina, pero por allá todo mundo sabía es que estos empresarios no invertían en nada.

Expuso que en la actualidad la empresa concesionada habla de cerrar la mina, pero lo que van hacer es abrir otra puerta, no están dispuestos a dejar ahí unas 10 toneladas de carbón que todavía tiene la mina número 8 de Pasta de Conchos y que venden directamente a Altos Hornos de México (AMSA).

De acuerdo con la publicación La Familia de Pasta de Conchos, en los últimos 117 años murieron en las minas de esa región carbonífera mil 662 mineros, a los que el 17 de enero se sumó uno más con la muerte de Juan Pedro Flores Castillo, trabajador de uno de los pocitos propiedad de Javier Arizpe, dueño de la empresa Drumak, SA de CV.

En Pasta de Conchos perecieron 65 mineros que trabajaban de tercer turno en la mina número ocho, misma que explotó durante la madrugada del 19 de febrero. Y hasta la fecha sólo han sido rescatados los cuerpos de Felipe de Jesús Torres Reyna, de 49 años, y de José Manuel Peña, de 52 años de edad.

07/SJ/GG

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