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Salud reproductiva en riesgo por alimentos alterados

Por Miriam Ruiz

Sin presupuestos para investigaciones amplias en México, empresas e instituciones seguirán negando los impactos de los alimentos con modificaciones químicas y genéticas en detrimento de la salud reproductiva.

Cada niña con pubertad precoz relacionada con la ingestión de pollos artificialmente engordados, cada mujer con infecciones vaginales por productos lácteos con antibióticos, y cada aborto espontáneo causado por la persistencia del DDT en el ambiente, están lejos de ser “evidencia contundente.”

Al año y medio de edad, una niña en esta ciudad presentó un incipiente crecimiento del vello púbico. Cesó en cuanto dejaron de alimentarla con pollo. En un año, la pediatra Isabel Zurbia Flores Soltero observó dos casos más de pubertad precoz en una niña de seis y otra de 10 años de edad, también vinculados al consumo de pollos criados con hormonas sintéticas.

“Ahora recomiendo a las mamás que alimenten a sus hijos con los pollos más flacos y tristes que encuentren”, anota Zurbia, quien tiene en su haber casi una década como neonatóloga en el Hospital Infantil “Federico Gómez” de la Secretaría de Salud.

En su experiencia, Zurbia –impulsora del retorno de la lactancia materna en México– dijo a esta agencia de noticias que son escasos los estudios suficientemente amplios para llegar a evidencias concluyentes sobre transgénicos, hormonas y otros aditivos en alimentos principalmente. Pero la clínica da indicios que no alejan la preocupación.

SEGUNDO TIEMPO: ANTIBIOTICOS

Las empresas farmacéuticas ocupan abundantes espacios publicitarios para anunciar medicamentos contra la clamidiasis, infección de transmisión sexual (ITS) que se presenta con mayor frecuencia en mujeres jóvenes y que, sin síntomas o tratamiento, puede producir infertilidad. Existen indicios de que el abuso de antibióticos se vincula con su aparición recurrente.

En México todavía es generalizado suministrar dosis preventivas de antibióticos a las vacas para evitar la inflamación de ubres y otras enfermedades, de acuerdo con el investigador Luis Pérez Lugo de la Universidad de Chapingo. Estos antibióticos pasan a los productos lácteos, sin que las investigaciones en el país puedan determinar sus consecuencias.

Pero “el abuso de antibióticos en ganado y cosechas, la automedicación, y la sobreprescripción de antibióticos contribuyen a la aparición de cepas resistentes de bacterias”, establece la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Entre tales bacterias están las que producen infecciones de transmisión sexual (ITS), con lo que se establece el círculo de cuadros reacios a los tratamientos.

TERCER TIEMPO: PESTICIDAS Y COP

Aunque el DDT fue prohibido junto con otros contaminantes de la “Docena Sucia” en México desde el 2000, mujeres y bebés pagarán las consecuencias de su uso, indica en entrevista Mariana Boy integrante de Greenpeace, y responsable de una intensa campaña para erradicar los compuestos orgánicos persistentes (COP). Estos químicos son solubles en las grasas y se acumulan a través de la cadena alimenticia afectando más al último eslabón: las personas.

Por acumularse en los tejidos grasos, las mujeres embarazadas y su leche materna registran las tasas más altas de pesticidas, concretamente DDT, el cual persiste durante más de una década en cultivos de café, jitomate, tabaco y en productos lácteos, peces y carne de res, sin reconocer fronteras nacionales o regionales.

Disminución de la fertilidad, aumento de abortos y cáncer de mama, son reconocidos por la ONU como efectos del uso de pesticidas. Y al pasar la carga de contaminantes de madre a hijo se ha comprobado que pueden producir alteraciones en el desarrollo psicomotriz, y déficit de atención.

Un estudio de tres investigadores estadounidenses en el valle del Yaqui, Sonora, descubrió que los efectos de estos químicos provocaron retardo en la coordinación de menores de cuatro y cinco años de edad.

LA CEREZA EN EL PASTEL: TRANSGENICOS

Apenas la semana pasada, en el seminario “En defensa del maíz”, realizado en esta ciudad, la investigadora uruguaya Silvia Ribeiro aseguró que una variedad elaborada por la empresa estadounidense EP Side contiene un espermicida que podría ocasionar esterilidad humana al contaminar a otras especies.

La FAO –prudente a la hora de hablar de transgénicos– reconoce que algunas variedades de estos alimentos genéticamente modificados causarían alergias si el gen original es alergeno conocido, como ya ocurrió con una variedad de soya con genes de nuez. Y nuevamente, habría la posibilidad de crear resistencia hacia algunos antibióticos.

Mientras tanto, la población mexicana consume alimentos genéticamente modificados en cientos de productos, ya que no se pueden diferenciar a simple vista. Algunas empresas lo reconocen a través de su Servicio a Clientes. Pero las míticas hamburguesas del payasito aseguran no usar transgénicos.

En entrevista, Hector Magallón, impulsor de la campaña de consumidores en Greenpeace, confirma que hay indicios claros de efectos a la salud pero aún se desconoce su dimensión. Desafortunadamente, dice Magallón, se asume que si la persona no se muere no causa daño, aunque aún no existen estudios de los efectos a largo plazo.

“No queremos que la historia de los transgénicos sea una repetición de la historia del DDT hace 40 años, que no presentó efectos inmediatos y cuyos daños ahora son claros.”

Los estudios sobre efectos por contaminación ambiental en la salud reproductiva son largos y costosos. Por ejemplo, Victor Hugo Borga y Mariano Cebrián del Centro de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional, estudian desde hace ocho años las causas de abortos espontáneos, bajo peso al nacer y anencefalia como resultado de la polución en la Ciudad de México, sin tener todavía evidencias contundentes.

Las investigaciones seguirán el mismo curso ante la inminente fuga de cerebros en México, por el desinterés oficial para abrir las convocatorias al Sistema Nacional de Investigadores (SNI), así como para impulsar más proyectos, denuncia un grupo de jóvenes científicos a la prensa. A su vez, los especialistas afirman que en 2001 el 80% del mayor presupuesto para investigación se repartió en 17% de proyectos aprobados.

Algunas medidas preventivas están en puerta, tales como lograr mejores condiciones para quienes impulsan el comercio justo y los cultivos orgánicos. Y otra, que el Codigo Alimentario de la FAO y Organización Mundial de la Salud (OMS) promuevan la etiquetación de los transgénicos, como ya lo hace con la comida “light”.

Marrakech, antigua capital de Marruecos, es la sede del Foro Mundial de Autoridades de Reglamentación sobre Inocuidad de los Alimentos, organizada por la FAO y la OMS que se realiza del 28 al 30 de enero de este año, donde se espera que las naciones tomen medidas para una alimentación menos peligrosa.

       
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