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Se fueron los talibanes, no la discriminación

Por Silvia Torralba, corresponsal

Sabe que debe volver a ser mujer, aunque le cuesta. Tiene diez años que se viste de hombre en Afganistán para mantener a sus padres y a sus hermanos, desde la llegada de los talibanes al gobierno en 1996. Nadia Ghulan Dastgeer ahora está en Barcelona. Intenta vestirse otra vez de mujer.

“Cuando tenía 8 años vivía tranquila con mi familia. Pero cuando empezó la guerra una bomba explotó en nuestra casa y quedé herida. Durante dos años estuve hospitalizada y, en ese tiempo, se instauró el régimen talibán. Al salir del hospital, me enteré de que las mujeres no podíamos trabajar. Un día, mi hermano salió a comprar comida pero no regresó, lo mataron en la calle las fuerzas militares. Fue entonces cuando compré ropa de hombre y empecé a buscar trabajo.”

Quien habla es Nadia Ghulan Dastgeer, una joven afgana de 21 años que, desde que los talibanes llegaron al poder en 1996, se ha visto obligada a vestir de hombre para poder trabajar y ganar el dinero con el que mantener a sus padres enfermos y a sus hermanos pequeños. En todo este tiempo, Nadia ha trabajado en una granja, ha cavado pozos y ha reparado bicicletas, pero siempre vestida de hombre y con una identidad que no era la suya.

Aunque hace algunos años cayó el régimen talibán, la realidad para las mujeres en Afganistán no ha mejorado demasiado. En todos estos años, Nadia ha querido recuperar su identidad, pero no lo ha hecho por temor a que la gente la reconozca debido a las cicatrices y su cara desfigurada, provocadas por la bomba que cayó en su casa cuando era pequeña.

Cuando se recupere de las operaciones, Nadia volverá a Afganistán y, junto a su familia, se trasladará a una nueva residencia y su verdadera identidad de mujer.

Ahora, a través de la Asociación para los Derechos Humanos en Afganistán (ASDHA) y con el apoyo de la fundación Cirujanos Plástikos Mundi y el Hospital Clínico, Nadia ha venido a Barcelona para someterse a varias operaciones de cirugía plástica que, dentro de unos cuatro meses, le permitirán volver a vestirse de mujer sin problemas.

Cuando se haya recuperado volverá a Afganistán y, como explica Mónica Bernabé, presidenta de ASDHA, se trasladará con su familia a una nueva residencia.

POCOS CAMBIOS PARA LAS AFGANAS

Aunque Nadia ha venido a Barcelona para operarse, estos días ha participado en unas jornadas organizadas por la Asociación para los Derechos Humanos en Afganistán para hablar sobre la violencia de género en este país, cinco años después de la caída del régimen talibán.

En el año 2001, el gobierno talibán cayó tras la intervención norteamericana en el país. Y en 2003 Afganistán aprobó una nueva Constitución, que establece la igualdad ante la ley de hombres y mujeres. Pero en la práctica esta igualdad aún está lejos de cumplirse.

Uno de los principales problemas que afrontan las mujeres afganas es el de la seguridad, sobre todo en las zonas rurales. Como señalan desde ASDHA, “se ha restablecido el derecho a la educación y la asistencia sanitaria, pero la posibilidad de que una mujer pueda ir a la escuela, a la universidad o al médico depende de la voluntad del padre, el hermano o el marido”.

Asimismo, hasta la fecha no se ha creado en Afganistán ninguna institución en la que las mujeres puedan denunciar violaciones de derechos humanos y durante este año 2006 el Gobierno incluso ha planteado la posibilidad de eliminar el Ministerio de Asuntos de la Mujer, la única cartera dirigida las mujeres en el país.

A este hecho se suman los problemas de seguridad que afrontan las mujeres afganas. “La situación es cada vez peor, sobre todo en las zonas rurales”, advierte Shinkai Karokhail, diputada afgana, fundadora de la asociación Afgan Women”s Education Center (AWEC) y otra de las participantes en las jornadas celebradas estos días en Barcelona, que pide a la comunidad internacional que no se olvide de las mujeres afganas.

ACTIVISMO DE MUJERES AFGANAS

A pesar de todo, muchas mujeres afganas se esfuerzan por tener un clima de normalidad y reivindicar los derechos de las mujeres del país. Ejemplo de ello es AWEC, una de las entidades afganas más progresistas y que trabaja con mujeres encarceladas por delitos “morales”.

También destacan la Red de Mujeres Afganas y su labor formativa, y HAWCA (Humanitarian Assistance for the Women and Children of Afganisthan), con proyectos educativos y con una de la tres únicas casas de acogida para mujeres maltratadas que hay en la zona.

Precisamente Nadia colabora con HAWCA reivindicando los derechos de las mujeres en Afganistán y denuncia la situación de inseguridad que éstas viven en el país. Sin embargo, tiene claro que desea recuperar su identidad como mujer.

“Las mujeres no tienen tantos derechos como los hombres, pero igualmente sé que debo volver a ser una mujer. Antes quizás tenía más derechos, pero no eran mis derechos porque el hecho de hablar de igual a igual con hombres era un riesgo para mí”, explica. “No ha sido fácil vivir así. No quiero seguir teniendo esta identidad ni continuar moviéndome como un hombre. Ya veré qué pasa cuando sea mujer, pero lo tengo que hacer porque todo este tiempo también he vivido con miedo.”

¿QUÉ PUEDO HACER YO?

La Asociación para los Derechos Humanos en Afganistán necesita apoyo económico para sufragar los gastos de la estancia de Nadia en Barcelona mientras se recupera de las operaciones quirúrgicas. Si quieres colaborar, entra en su página web www.afganeses.com

y contacta con la entidad.

06/ST/GG

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