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Sigamos con esto

Por Juana Eugenia Olvera Méndez*

Hubo una época (entre los griegos) en que el conocimiento era uno solo. No estaba dividido como ahora. Las enseñanzas comprendían la mayoría de las materias que ahora, por sí mismos, forman un conocimiento.
 
Así que conjunto a que las niñas y niños aprendieran todo lo relacionado con las funciones de su cuerpo, aprendían matemáticas y geometría, valores que les permitían vivir en una sociedad más equilibrada, más sana.
 
Pitágoras de Samos (580 a 520 A.C.) hablaba de la música de las estrellas, del número que es la Ley del Universo y la unidad como la Ley de Dios, y con ello moldeaba a quienes posteriormente continuarían con su enseñanza.
 
En el siglo III antes de Cristo llegó a vivir a la isla de Cos, patria de Hipócrates, un astrólogo caldeo: Beroso, quien se dedicó a escribir una historia de su país y al margen iba haciendo anotaciones astrológicas.
 
En esa historia relataba que el conocimiento de ella se debía a un dios civilizador llamado Oanes, que además les enseñó muchas otras cosas como agricultura, ganadería, etcétera.
 
Al difundirse este conocimiento entre los griegos, lo acertado de las predicciones despertó gran interés y surgieron rápidamente cientos de adeptos. Hubo tal interés en la astrología que incluso llegaron a tener un zodíaco propio que iniciaba en el signo de Cáncer.
 
Posteriormente, y aparentemente bajo la influencia de Hiparco, se regresó al zodíaco caldeo que aún empleamos en la actualidad y que inicia con el signo de Aries.
 
El primer compendio moderno de astrología, el Tetrabiblos, se atribuye al gran astrónomo, matemático y geógrafo: Claudio Ptolomeo, nacido en Alejandría (120-190 D.C.). En esta obra sentó las bases de las influencias cósmicas básicas que construyen el meollo de la práctica astrológica moderna.
 
Bajo la cultura griega y con Ptolomeo en particular, el zodíaco se racionaliza y crea las bases de su funcionamiento que permanecen casi inalteradas.
 
En la Roma Imperial, los astrólogos llegaron a estar de moda, sin embargo, no tenían asegurado, ni mucho menos, su sustento que en la mayoría de los casos dependía del capricho de cada emperador e incluso de las preferencias momentáneas de éstos.
 
Por ejemplo, a Tiberio le vaticinaron su alto destino en el momento del nacimiento, por lo que a lo largo de su vida estuvo rodeado de astrólogos y los protegió. Claudio prefirió dejarse orientar por los augures y desterró a los astrólogos.
 
El zodíaco es una franja en la vía láctea de aproximadamente 17 grados de la eclíptica (órbita aparente del camino del sol alrededor de la tierra), en donde se encuentran las 12 constelaciones. Se llama zodíaco porque casi todas ellas tienen nombres de animales.
 
Antiguamente las constelaciones coincidían con los signos, pero debido a la precesión de los equinoccios ha habido un desplazamiento en el mismo, por lo que el punto de inicio del recorrido del Sol que se marcaba a los cero grados de Aries, se encuentra ya en la constelación de Piscis y para el año 3300 se encontrará en el centro de Acuario.
 
Hacia el año 900 de nuestra era, el punto de inicio se encontraba en el centro de Aries.
 
La difusión de la astrología alcanzó su apogeo en los siglos XIV y XV. Se enseñaba en las universidades y era necesario su conocimiento para todo estudiante. Los grandes sabios de ésa época eran astrólogos y gracias a ellos tenemos conocimientos reglamentados y universales como son las leyes de Newton, Kepler, etcétera.
 
Dante, Emerson, Bacon, Santo Tomás de Aquino, Goethe, Shakespeare, Leonardo da Vinci, Galileo, etcétera, son sólo unos cuantos de los cientos que se adentraron en el estudio de los astros, y lograron penetrar sus misterios dejándonos grandes conocimientos que a la vista de la ciencia oficial son únicamente ciencia (astronomía), ya que la astrología en sí es un arte.
 
Posteriormente fue objeto de persecución por la Inquisición y pese a sus detractores y charlatanes, logra sobrevivir y la vemos ganando adeptos.
 
*Narradora oral, astróloga y terapeuta.
 
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