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Sociedad civil da la cara ante auge de trata en Chihuahua

Por Patricia Mayorga, corresponsal

Como un cáncer, el delito de trata de personas se extiende en el estado de Chihuahua ante la indiferencia de las autoridades encargadas de investigar los casos de mujeres desaparecidas y asesinadas en la entidad.

De 2008 a la fecha, por lo menos 40 de esos casos podrían estar ligados a la trata de personas, denuncia Norma Ledezma, presidenta de Justicia para Nuestras Hijas, organización civil que acompaña a las familias de las víctimas en su demanda de que los crímenes se esclarezcan y sean castigados.

La activista explica que en Ciudad Juárez hay por lo menos 30 casos de mujeres desaparecidas con características de trata, mientras que en la ciudad de Chihuahua se presume que unos 10 casos de feminicidio podrían estar ligados a la comisión de ese delito.

Ledezma destaca que desde 2008 han sido rescatadas de las redes de traficantes de personas al menos 18 jóvenes del estado. La cifra se refiere a los casos que Justicia para Nuestras Hijas investiga como coadyuvante ante la Fiscalía General del estado.

Varias de esas jóvenes fueron trasladadas a otras ciudades o entidades. Pero muchas más no tuvieron la fortuna de ser rescatadas: fueron encontradas asesinadas.

La dirigente de la organización civil observa que hay expedientes de hace 10 años para el caso de la capital del estado y de hasta 20 años para Ciudad Juárez, en los que puede presumirse que hubo trata de personas.

Y es que esas redes criminales reclutan o “enganchan” con engaños o con la desaparición forzada a niñas, mujeres adolescentes y jóvenes para sacarlas de su entorno y llevarlas incluso a otros países.

“Antes no teníamos conocimiento, no estábamos preparados como padres de familia para exigir a las autoridades que se investigaran (las desapariciones) como trata de personas. Las autoridades sólo se abocaban a indagar el entorno más cercano de las víctimas, a las familias. Ellas sabían de qué se trataba, nosotros no y no hicieron nada. Pero ahora sí sabemos y podemos exigir”, advierte Norma Ledezma.

Con la experiencia que hoy tienen las mamás de Justicia para Nuestras Hijas se ha podido establecer las coincidencias de los casos con las características del delito, abunda.

¿DÓNDE ESTÁN?

“A las mamás de las primeras cuatro mujeres que desaparecieron en Chihuahua (capital) las traían en Piedras Negras o en Nuevo Casas Grandes. (Las autoridades) les decían que andaban juntas y que se habían ido por su voluntad, pero no era cierto.

“Nosotros les decíamos que investigaran bien porque todas estaban desapareciendo del centro (de la ciudad) y tenían características parecidas, pero no: Se concretaron a investigar nada más a las familias. ¿Qué pasó con Neyra? ¿Qué pasó con Viviana?”, reclama la activista.

Justicia para Nuestras Hijas cuenta con información ?explica? de que en la ciudad de Chihuahua, el municipio de Ojinaga y en otras localidades del estado hay centros de prostitución en los que operan redes de trata.

Sin embargo, lamenta Ledezma, lo anterior no se ha podido demostrar, toda vez que esos sitios se “disfrazan de negocios de masajes”, por ejemplo.

“Sí hay lugares donde se consume trata, pero es más difícil evidenciarlo de lo que parece porque no va a consumir trata el obrero de maquila que gana 800 pesos a la quincena, ni el obrero de una construcción. El que consume trata es el que tiene manera de hacerlo, porque cuesta. El que consume trata es el político, el empresario, el narcotraficante, el que está en la delincuencia organizada”, señala.

“Tenemos un testimonio de aquí de Chihuahua que nos dice que entre más chiquita es la víctima mejor les pagan el servicio. El negocio de trata es de delincuentes de cuello blanco, no es de una red de trata el mariguano que te ve feo, con mirada lujuriosa; es el que aparenta una vida de día y de noche tiene otra”.

EL CASO DE KARLA

A sus 16 años, Karla acudía con frecuencia a las canchas o el parque de su colonia, en la ciudad de Chihuahua. Una tarde, “Raúl” ?un joven no mal parecido de unos 20 años de edad? le hizo plática. La historia se repitió algunos días.

Al paso del tiempo, “Raúl” le dijo a Karla que estaba profundamente enamorado de ella y la convenció de que se fuera con él. El joven le advirtió que la relación de ambos era secreta y que por tanto ella no podía decirle a nadie. Sin embargo, Karla contó todo a una amiga. Era el año 2011. Un día, ella ya no regresó a su casa. La familia buscó e indagó sobre su paradero.

“Raúl” jamás forzó a Karla para irse con él; ésa es una característica común en el delito de trata de personas, explica Norma Ledezma, quien encabezó la búsqueda de la joven.

“(Los tratantes) buscan a sus víctimas vulnerables, a personas que tienen una necesidad emocional, problemas familiares y económicos”, detalla. De niña, Karla fue abusada sexualmente por un familiar cercano.

Con la información de la amiga, Justicia para Nuestras Hijas supo que Karla y “Raúl” habían viajado a la Ciudad de México.

La activista explica el modus operandi de las redes de trata: “El protagónico (“Raúl”) se lleva a la muchacha, pero se queda otro cómplice cerca del lugar de donde ella fue sustraída, y así informa de lo que está pasando, quién investiga o si la familia se da cuenta o no de lo que sucede. Hay alguien que siempre sabe los pasos que se están dando”.

“ENGANCHADA”

Tiempo después, Karla llamó a su mamá por teléfono: “Estoy bien, no me busquen, estoy con mi novio y estoy feliz, no me busquen”. La madre advirtió a las autoridades que su hija es menor de edad y que deseaba traerla de regreso a Chihuahua.

En las investigaciones intervino la Fiscalía Especial para los Delitos de Violencia Contra las Mujeres y Trata de Personas (Fevimtra).

Un hombre se comunicó con la madre para decirle que Karla “estaba bien, que la amaba y que deseaba casarse con ella”. La mamá dijo que los apoyaría, pero que debían regresar a Chihuahua.

Para ese momento, los otros integrantes de la red ya sabían que las autoridades investigaban el paradero de la joven. La Fevimtra logró ubicar puntos cercanos al domicilio de Karla, pero no el lugar exacto.

Ella vivía en una casa con “Raúl” y con su supuesta mamá. Tras una semana de sostener relaciones con Karla, el joven le dijo que debía trabajar y que la compartiría sexualmente con otros hombres, que “para eso estaba ahí”.

No obstante, ante la inminencia de que las autoridades encontraran a la menor de edad, “Raúl” la abandonó en una estación del Metro. En ese mismo momento llegó otro joven, “Alonso”. El “enganchador” le dijo a Karla que era primo de “Raúl” y que sabía los fines para los que la había llevado al DF. El tratante le aseguró que “la protegería”.

Luego la llevó a unos condominios. Karla le confesó a “Alonso” que ya no quería regresar a Chihuahua, que tenía miedo de enfrentar a su familia. A las dos semanas se casaron.

“Les roban sus mentes, su voluntad, al grado de que no necesitan amarrarlas o encerrarlas, (los tratantes) saben que las tienen dominadas”, acusó Norma Ledezma.

Al paso del tiempo ?y al igual que “Raúl” ?, “Alonso” le dijo a Karla que tenía que trabajar y que la llevaría para que “acompañara a otros señores”.

Una vecina con la que Karla ya había entablado amistad previamente, le dijo a la joven que “Alonso” llevaba mujeres con frecuencia a sus casa y que se casaban con él con el mismo vestido blanco ante un juez falso. Ése era el lugar donde las reclutaban y había otro donde trabajaban.

Un día, Karla escapó por el patio de la vecina, quien también ya había denunciado el hecho ante la Fevimtra. La joven fue rescatada y trasladada a Chihuahua.

Karla y su familia ya no viven en esa ciudad. Los integrantes de la red siguen sin ser identificados. Tras el rescate “Alonso” habló por teléfono con la mamá de Karla para intentar convencerla de su interés por ella. En llamadas posteriores el tratante le advirtió que cesara la investigación y que “nunca” daría con los delincuentes.

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