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Tecnología y cambio climático devastan comunidades

Por Patricia Mayorga Ordóñez

Los efectos del cambio climático pusieron en evidencia los daños que han sufrido las comunidades indígenas debido a la explotación indiscriminada de tierras y bosques, a la implementación de tecnología que ha suplido el desarrollo de jardines botánicos y de otras actividades que se llevaban a cabo con respeto a la naturaleza en las diferentes regiones indígenas.

El desarrollo de tecnología energética instrumentado por Pemexyla Comisión Federal de Electricidad en el municipio de Nacajucan del estado de Tabasco provoca el deceso por leucemia de tres a cuatro niñas y niños al año, de acuerdo con investigaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México, denunció Candelaria Lázaro Lázaro, de la comunidad de Yucta.

Asimismo, exigió a los empresarios y autoridades, que los dejen desarrollar sus comunidades como ellos saben, que no los utilicen como empleados para impulsar intereses meramente mercantiles.

Lo anterior, en la conferencia “Construyendo puentes en el cambio climático. De las negociaciones internacionales a la realidad nacional, local y ciudadana”, que arrancó ayer y concluyó hoy en el Museo de la Ciudad de México.

Candelaria fue víctima de la fuerte inundación que sufrió el estado de Tabasco en 2007; perdió su patrimonio y fue testigo de la migración de familias completas de las comunidades rurales a las sociales, lo cual conlleva un cambio radical de usos y costumbres.

“Estoy preocupada, asustada con el cambio climático”, manifestó. “Cuando se inundó Tabasco, pensamos que era un castigo de Dios, pero ahora sabemos que no, que somos nosotros mismos y el Gobierno los responsables. Ahora me enteré bien de que hay un acuerdo de Kioto que ya va a terminar y que los pueblos indígenas no conocíamos. Pero ¿cómo podemos ayudar si no nos dan información?”

Indicó que los políticos y los empresarios se olvidaron de ellos, de los indígenas, y sólo se han dedicado a recabar recursos humanos. Por ello, demandó que se respeten los pueblos indígenas, los que durante siglos han conservado el medio ambiente.

Atribuyó a los programas de gobierno y de inversión privada las consecuencias de los daños devastadores que sufren las regiones indígenas. “A nosotros –en Tabasco y en su comunidad– nos está tocando vivir la parte más difícil del cambio climático. Ya basta de que nos den dinero para comparar refrigeradores. Éste es un problema de relación directa de persona a persona y de tierra a cielo”.

La casa donde vive Candelaria, como la de muchas otras familias, quedó tres metros debajo del mar el año pasado. “Mis esfuerzos no sirvieron. En las instituciones creían que nuestro dolor interno se quitaba con un vale de 10 mil pesos, con llevarnos a albergues o a condominios, pero nosotros estamos acostumbrados a otros hábitos, queremos que nos regresen a nuestro pueblo”.

A quienes representarán a México en la Conferencia Internacional de Copenhague, Dinamarca, durante este mes, les pidió que recuerden que en las comunidades indígenas habitan seres humanos. “No nos vamos a convertir en empleados. Queremos seguir subsistiendo y hacer lo que sabemos hacer”.

UN CAMBIO DEVASTADOR

Candelaria nació en Tucta. Su vivienda estaba compuesta por palmas y un poco de madera, como la mayoría de aquella comunidad. Para asistir a la primaria, ella y sus compañeros se transportaban en caballo o en ocasiones a pie. La escuela estaba elaborada con madera.

“No veíamos tele. Había más actividad de trabajo para cuidar las huertas, ayudar a la familia en trabajos artesanales, en la pesca; había más convivencia con la familia y con la comunidad. Nuestros usos y costumbres eran naturales. Había lazos estrechos también con autoridades”.

Cuando Candelaria llegó a la secundaria, arribó a su comunidad el Instituto Nacional lndigenista (INI), cuyo representante era Andrés Manuel López Obrador, quien la apoyó para ingresar a la escuela y trabajar en el instituto en favor de su comunidad. La joven estudiante pronto formó parte de la radiodifusora. Era una locutora bilingüe incisiva que colocaban problemáticas de los indígenas sobre la mesa.

Con su trabajo logró la credibilidad de su gente y se convirtió en gestora de su pueblo ante las autoridades gubernamentales. Concluyó el nivel de preparatoria y posteriormente estudió la carrera de teatro y danza. Realizó una gira con la compañía de laboratorio de teatro campesino-indígena, y con ello llegaron más oportunidades para su desarrollo profesional.

Hasta ahí, el apoyo de la tecnología, de apertura hacia su desarrollo fue favorable y así lo reconoce, porque hoy sus hijas son estudiantes destacadas. Pero el impulso de la tecnología con ha provocado la sobreexplotación de la región, insiste Candelaria, quien indica que el principal problema ahora es allegarse información y actuar para regresar a sus usos y costumbres. Está convencida de que pueden contribuir a revertir los efectos del cambio climático.

Y es que para implementar programas y establecer viviendas, y para impulsar la ganadería y la siembra de peces camarones, entre otros dañaron el ecosistema, introdujeron microtienditas y quitaron los jardines botánicos, por ejemplo.

Ahora, como consecuencia, la comunidad de Candelaria está a un metro de los pozos de petróleo, y tiene cerca lagunas y arroyos con alto potencial de inundaciones severas.

MUJERES INDÍGENAS Y CAMBIO CLIMÁTICO

Para las mujeres los retos son más grandes ante la difícil situación económica de las familias, porque deben salir a trabajar y esto choca con sus usos y costumbres.

“Yo me casé a los 13 años porque así era, así eran las costumbres”. El desarrollo y capacidad de Candelaria, causó crisis en su matrimonio. Cuando ella tenía 33 años, su vida de pareja se había agotado. “Es que nunca nos quisimos, pero él se sentía humillado si nos divorciábamos, por eso me aguanté”.

Como en este ejemplo, es común que los hombres en su comunidad se sientan limitados ante el desarrollo de las mujeres en el ámbito laboral. Pero ella, quien ahora está separada, retomó con mayor fuerza sus luchas: por su comunidad, por su familia, por las mujeres y por la justicia social.

Hoy, ella, como muchas mujeres y hombres de las comunidades indígenas, se han dado cuenta de que muchas instituciones se han acercado a ellos con el único fin de recaudar dinero, por lo que en nombre de ellas y ellos exigió respeto y libertad para contribuir al mejoramiento del medio ambiente como ellos saben, con conocimiento natural y sentido común.

09/PMO/YT/LGL

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