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Tlachinollan surgió para darle voz a los pueblos indígenas

Por la Redacción

Durante 1992 en varios países de América Latina, se comenzaron a gestar movimientos de los pueblos indígenas que expresaban su rechazo a la conquista española que en esa época cumplió medio siglo.

Dos años después, en México se agravó el descontento social y por ende surgieron grupos organizados que compartían la búsqueda de la libertad, democracia, justicia y dignidad. En ese contexto se formó el Centro de Derechos Humanos de la Montaña “Tlachinollan”.

Abel Barrera Hernández, director y fundador de esta organización de la sociedad civil, señala que cuando en la región se reflexionaba sobre el descubrimiento de América y el posterior “encuentro” de dos mundos, también fue hora de pensar en los pueblos indígenas.

Y frente a la complejidad de la situación en la que las y los indígenas se encontraban, fue entonces que un grupo de profesionistas se comprometieron con el proyecto que representaba Tlachinollan.

Con la tarea de entender las dinámicas regionales, darle voz a los pueblos y denunciar todas aquellas situaciones que representaran violaciones a Derechos Humanos, Tlachinollan, se inició con las herramientas básicas.

En 1994, la Organización de Naciones Unidas (ONU) presentó un proyecto de declaración sobre los derechos de los pueblos indígenas. En este documento incluyó los derechos y las libertades de los pueblos indígenas, incluidos el mantenimiento y el desarrollo de características e identidades étnicas y culturales.

También circunscribió la protección a derechos relativos a las religiones, los idiomas y las instituciones educacionales, la propiedad, posesión y uso de las tierras y recursos naturales indígenas y la protección de la propiedad cultural e intelectual.

Aunque en esta declaración se incluyó la libre determinación, el autogobierno o la autonomía de los pueblos indígenas, en cuestiones relacionadas con sus propios asuntos internos y locales, a decir de Tlachinollan en Guerrero, el gobierno llega a incidir en estos asuntos.

Por esta razón el Centro de Derechos Humanos de la Montaña hace 16 años decidió comenzar un trabajo a favor de las comunidades de esa zona, y es que en esta entidad hay cuatro grupos de población indígena. Cerca de un 40 por ciento de la población es nahua, el 28 por ciento son mixtecos, el 22 por ciento tlapaneco y un nueve por ciento amuzgos.

La zona de la Montaña de Guerrero es uno de los lugares donde ocurren más injusticias y violaciones a derechos humanos, documentadas por Tlachinollan, de ahí su compromiso por seguir trabajando en la región.

10/AGM/LR

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