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TLCAN no mejoró el campo y la desgravación está consumada

Por Redaccion

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), firmado por los tres países de la región en 1994, no ha mejorado la situación en el campo mexicano y no tiene posibilidades de modificación, afirmó Carlos JavierCabrera, de la Facultad de Economía (FE) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Las consecuencias son: disminuyó la inversión pública en el rubro agropecuario, desaparecieron las instituciones encargadas de brindar apoyo y se redujeron los centros de investigación, dijo el académico, de acuerdo con un comunicado de la institución.

Mientras en el Zócalo de esta ciudad se realiza elVIII Foro Social, Antonio Gazol Sánchez, también de la FE, sostuvo que este año se liberaron artículos dispuestos en el capítulo tercero, relativo a acceso a mercados. Se contemplan productos considerados sensibles por México como el maíz y frijol; mientras que Estados Unidos determinó el azúcar y algunos lácteos.

Alrededor de 49 millones de mexicanos, equivalente al47 por ciento de la población, viven en pobreza, gran parte de ellos en las zonas rurales del país, afirmó Cabrera Adame, académico de la Facultad de Economía (FE) de la UNAM.

Por su parte, Antonio Gazol Sánchez, de esa misma Facultad, señaló que el TLCAN “ya está rebasado” y los productos sensibles que quedaron liberados a partir del primero de enero de 2008, como maíz, frijol, leche en polvo y naranja, son parte de un acuerdo trilateral que inició en 1994 con plazos que se han cumplido en estos 14 años, sin que en su momento se hiciera nada para fortalecerlos.

De acuerdo con el documento Los Subsidios Agrícolas en los Países del TLCAN, elaborado por el Centro de Estudios de las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados, el sector agropecuario mexicano ha reducido su participación en el Producto Interno Bruto (PIB) total, al pasar de 7.9 por ciento en 1988 a 3.4 en 2005.

El trabajo consigna que en 2006 el valor total de la producción agropecuaria de Estados Unidos ascendió a más de 265 mil millones de dólares, de los que 44 por ciento correspondió a bienes agrícolas; 45 por ciento a ganaderos, y el resto a productos forestales y servicios.

Asimismo, su producción exportadora representó, en términos de valor, el 43 por ciento de las exportaciones mundiales de arroz; el 46 del trigo; el 42 de algodón; y el 37 por ciento de soya. Asimismo, absorbió más del 17 por ciento de las importaciones mundiales de productos agropecuarios.

En 2006, Estados Unidos otorgó subsidios directos e indirectos de 150 dólares promedio por hectárea por productor, mientras que en México fue de sólo 45 dólares y en Canadá de 52, en promedio. En 2005, EU destinó 37 mil millones de dólares en este rubro.

Los subsidios agropecuarios totales que los estadounidenses otorgaron en 2005 fueron casi 20 veces superiores a los de nuestro país en el mismo año. Para el periodo 2004-2008, se estima que Estados Unidos subsidie con más de 150 mil millones de dólares a sus productores agrícolas, mientras que los nacionales no excederán los 27 mil millones, señala dicho análisis.

Ante ello, Cabrera Adame consideró que México ya no puede acudir a un panel de controversias con Estados Unidos y Canadá para negociar o revisar algunas partes del acuerdo, porque “es un hecho consumado la desgravación total y ya entró en vigor”.

No obstante, aseguró que la caída en la producción de alimentos y aumento de la pobreza en el campo han sido drásticos antes y después de su firma, a causa de que “el Estado mexicano ha renunciado al compromiso con el crecimiento económico y la generación de empleos, y se ha preocupado más por mantener el nivel de las variables macroeconómicas”.

Tras destacar que la pobreza en el país no se ha podido resolver a lo largo de los siglos, recordó que para el primer quinquenio de este siglo, de acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, esta condición había alcanzado a 48.9 millones de personas, y de este grupo el 61.8 por ciento, casi dos tercios, correspondía a habitantes del agro mexicano.

“El TLCAN no es el causante de todos los males que se presentan en el campo. El descenso de la producción agrícola inició mucho antes de que entrara en vigor el acuerdo, que permitió aumentarán notablemente las exportaciones mexicanas, sobre todo las manufactureras, vinculadas a las maquiladoras, pero ello no se tradujo en mayor productividad, más empleos y mejores ingresos”, dijo.

Cabrera Adame aseveró que hay sectores de la sociedad que piden se revise el capítulo séptimo del TLCAN, pero hace tres lustros existía la posibilidad “de que los gobiernos pudieran adoptar medidas para proteger, impulsar o fortalecer la producción de sus sectores agropecuarios”, pero no se hizo absolutamente nada.

Por el contrario, refirió que a lo largo de ese tiempo disminuyó la inversión pública en este rubro, desaparecieron instituciones públicas encargadas de brindar apoyo a los agricultores y se redujeron los centros de investigación. Sin embargo, hay sectores ganadores, como los de frutas y hortalizas, en regiones focalizadas.

Un panel de controversia a convocatoria mexicana, expuso, es una “vía con escasas posibilidades de instrumentarse y de tener resultados favorables; el problema central ha sido el descuido en el fomento de la producción agropecuaria”.

Gazol Sánchez explicó que el TLCAN inició 14 años atrás y el primer día de este año se liberaron artículos dispuestos en el capítulo tercero, relativo al acceso a mercados, donde se contemplan productos sensibles por México como el maíz y frijol, entre otros, mientras que en este inciso Estados Unidos determinó el azúcar y algunos lácteos.

Al respecto, detalló que el país es un importador de los alimentos antes señalados desde hace muchos años atrás, condición que no ha cambiado por la falta de políticas públicas para acompañar una apertura comercial caracterizada por su proceso de integración irresponsable, que no observa diferencias y asimetrías.

Más adelante, concluyó que “no hemos hecho la tarea en lo agropecuario ni en nada más. El TLCAN ha contribuido con gran eficacia a aumentar los desequilibrios regionales, porque no contempla nada para cerrar brechas entre los países”.

08/GG/CV

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