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Tragedia apocalíptica

Por Lucero Saldaña

Nueva Orleans, considerada la cuna de la música del Jazz, del Blues, ciudad multicultural que por su forma de media luna en la costa este de los Estados Unidos, es llamada ciudad del creciente, vive en estos momentos una historia de tragedia, cuyos efectos tendrán sin duda un fuerte impacto económico para el país considerado con un desarrollo sólido.

Pero también la evaluación de lo que este hecho devastador ha ocasionado, debe hacerse en lo social, lo cultural, lo humano, lo religioso y en lo político en cuanto al estado de derecho y el restablecimiento de las instituciones.

Las cifras preliminares basadas en un programa de computación operado por diversas compañías aseguradoras, utilizando mucha información de sus bases de datos sobre los lugares más afectados, muestran que las pérdidas oscilan entre 10 mil millones de dólares y 25 mil millones de dólares.

Población, concentración de viviendas, tipos de construcción y montos a cubrir, así como la velocidad de los vientos, la cantidad de lluvia registrada en centímetros cúbicos y la trayectoria que tomó la tormenta son otros aspectos considerados.

Además, de estas mediciones económicas se ha expresado con cierta precisión sobre la probable situación de que se registren severas pérdidas en las plataformas petroleras mar adentro.

Sin embargo, se debe subrayar que existen factores externos que incrementarán de manera dramática las pérdidas. Por ejemplo, en condiciones como este desastre, el material para construcción suele subir dramáticamente por que existe una gran demanda del mismo para iniciar la reconstrucción, además, existe un gran número de pérdidas que no están aseguradas, lo cual, según expertos, pueden subir las cifras hasta 50 mil millones de dólares.

Ahora la evacuación es imperante ya que se carece de energía eléctrica, las redes de comunicación no funcionan, no habrá agua potable, tampoco comida, el huracán Katrina sembró destrucción y horror en Luisiana, Alabama y Mississipi, tres Estados del sur de EUA, donde las autoridades temen un balance de decesos de cientos de pérdidas humanas. Quienes sobrevivan lo harán con gran afectación a su salud física y mental. Nueva Orleans asociada a la frase: “qué los buenos momentos perduren”, hoy se han agotado.

Un desastre humanitario con escenas infernales y con historias de horror. De entre las condiciones deterioradas, está la parte humana con saqueos, epidemias y violencia, incluso en el Superdome hay dos reportes de violaciones sexuales, una de ellas involucrando una niña.

Es una situación increíblemente explosiva, sin orden, sin autoridades que puedan ejercer las decisiones, particularmente la Gobernadora de Luisiana, cuyo reto es dirigir y coordinar el rescate y restauración del orden y la legalidad.

Desde el punto de vista religioso se ha expresado que la catástrofe ocasionada por Katrina es el castigo de Dios al Presidente Bus. Sin embargo, el libro de Apocalipsis señala que la ira de Dios se da cuando las personas no oyen el llamado a vivir solidariamente, aquellos que no se arrepienten y se humillan pidiendo perdón cuando hay errores, pero esto no solo involucra a los gobernantes, sino a todos los habitantes de las naciones.

El envío de tropas mexicanas para efectuar el plan DN 3 de ayuda humanitaria y su respaldo por el pueblo mexicano demuestra la generosidad de quien da lo que tiene. Por cierto hubo dificultad para lograr el número de votos para que el Senado de la República autorizara la salida de soldados del territorio nacional, no por oposición sino por falta de asistencia al momento de la votación, este es uno de los problemas que sin duda se tendrán por ser un año electoral el 2006.

No sólo se ha perdido la belleza de una gran ciudad, su comercio, turismo, su música y la gastronomía, que por cierto; el famoso trompetista Louis Armstrong refería en la despedida de sus cartas: “judías rojas y arrozmente tuyo”.

Desafortunadamente también se pierde la condición humana y flota la basura, cuerpos sin vida y vida sin esperanza. Nuestra solidaridad ante la desgracia y una necesidad de considerar que podemos perder todo siempre y cuando conservemos la dignidad humana.

* Senadora mexicana. [email protected]

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