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Violencia contra las mujeres incrementa feminización de VIH

Por Lourdes Godínez Leal

El informe presentado esta semana por el Programa Conjunto de Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA) reconoce que la desigualdad entre géneros ha disminuido la capacidad de las mujeres para protegerse de infecciones de transmisión sexual incluido el VIH/SIDA, lo que las expone a una mayor vulnerabilidad a la violencia sexual y a contraer el virus.

En el mundo la mitad de infecciones por VIH –33 millones de personas viven con el virus– corresponde a mujeres, según cifras del mismo organismo.

Esto obedece, en gran medida, según Human Rights Watch (HRW), a la subordinación política, social, económica y sexual que enfrentan las mujeres, consagrada en las leyes y preservada en prácticas culturales.

Violencia familiar, falta de legislaciones que protejan a las mujeres y educación sexual van de la mano con la feminización del VIH, dice Rebeca Schleifer, representante del Programa Salud y Derechos Humanos de HRW, en entrevista con Cimacnoticias.

Las mujeres no se protegen por miedo y a muchas, cuando hablan a sus esposos de usar condón, las acusan de tener relaciones extramaritales, de ser infieles y hasta las golpean.

La relación entre violencia, uso del condón y capacidad de decidir de las mujeres para protegerse es compleja, está muy ligada y no es un fenómeno propio de México, donde hay una cultura patriarcal y machista, ni de países con menores ingresos, dice la experta en salud autora de investigaciones en derechos humanos y VIH/SIDA en el mundo. Por miedo a sufrir violencia, las mujeres tienen problemas para conseguir protección para su relación más íntima, señala.

Las que son violentadas por sus parejas no pueden negar a éstos la relación sexual, tampoco pueden exigirles que utilicen preservativo por temor a ser “castigadas” con la violencia, que en la mayoría se traduce en golpes o abandono, sostiene Schleifer.

En muchos países donde no existen legislaciones que protejan los derechos humanos de las mujeres, se “fomenta” este tipo de prácticas y cuando una mujer denuncia violencia, por lo general el caso no suele perseguirse porque “las agencias policiales piensan que no es importante”, dice la experta.

En muchos países, señala, se sigue considerando que el sexo entre las personas casadas es un derecho del esposo y una obligación de la mujer: “Es muy difícil para una mujer decir: espérame un momento, quiero hablar de tus amantes, yo quiero usar un condón”.

Una mujer de Uganda relata: “Aún cuando ya estaba infectado por el VIH, él quería seguir teniendo relaciones sexuales. Se rehusaba a usar el condón. Dijo que no podía comer confites con el papel puesto”.

DESVENTAJAS

En muchos países, incluido México, existen leyes que restringen la capacidad de las mujeres para poseer, heredar o disponer de bienes, además de que padecen discriminación en acceso a educación, empleo, vivienda o crédito.

HRW ha señalado que la falta de igualdad legal y social tiene como consecuencia que las mujeres dependan económicamente de sus esposos, dejándolas con pocas opciones distintas a continuar en relaciones donde no pueden rehusarse al sexo o insistir en el uso del condón.

La organización civil Salud Integral para la Mujer (SIPAM), con trabajo en derechos sexuales y reproductivos y una área especializada en VIH, considera que son los factores sociales los que ponen en “más riesgo” a las mujeres, ya que el conjunto de estas prácticas y normas culturales establecen patrones de conducta diferenciados para cada uno de los géneros, lo que las coloca en mayor desventaja.

En Revelaciones, Mujeres y SIDA, SIPAM sostiene que los roles tradicionales de género promueven la idea de que para un hombre “lo esperado y socialmente aceptado” es tener varias parejas sexuales, mientras que para una mujer lo “apropiado” es tener relaciones sexuales con una sola persona.

Esto ha propiciado por generaciones que a las mujeres les resulte difícil sugerir el uso del condón a su pareja sexual, muchas veces por el temor de ser consideradas “demasiado experimentadas sexualmente”.

Tampoco tienen muchas opciones para disminuir el contagio por sus parejas porque, en muchos casos, la mujer no puede exigirle fidelidad a su pareja, negarse a una relación sexual o negociar el uso del condón.

Muchas veces, aunque las mujeres tengan temor de contraer SIDA o quieran adoptar conductas menos riesgosas, no tienen el poder para hacerlo. Para muchas las relaciones sexuales están vinculadas directa o indirectamente con la seguridad económica, por temor a perder a la pareja o a la violencia de ésta.

MEXICANAS Y VIH/SIDA

En 2007, aproximadamente 21 por ciento de nuevos casos diagnosticados de SIDA en México fueron en mujeres.

La transmisión heterosexual del VIH está incrementándose en la medida que más mujeres son infectadas por sus parejas, según el Centro Nacional para la Prevención y Control del VIH (Censida).

La misma fuente refirió que más del 90 por ciento de estas infecciones se dieron por vía sexual, principalmente por relaciones sexuales sin protección.

Y estima que el sexo sin protección entre hombres es la causa de más de la mitad de las infecciones por VIH, 57 por ciento, registradas en México hasta diciembre de 2006.

Al 30 de junio de 2008, reporta Censida, el 97.1 por ciento de casos diagnosticados este año fue por transmisión sexual y 58 por ciento por contacto heterosexual.

En el mismo periodo se registró un 75.8 por ciento de casos acumulados de SIDA en mujeres, de 15 a 44 años de edad, mientras que en hombres el porcentaje se ubicó en 79 por ciento.

Rebeca Schleifer, de HRW, considera que lo que hace falta para incidir en la prevención de las mujeres al VIH es insistir en que la desigualdad entre géneros y la violencia contribuyen a una expansión más rápida de la enfermedad entre las mujeres.

Para ello, dijo, se requiere voluntad y recursos, las campañas no bastan si no hay detrás un trabajo de formación y capacitación de todos los sectores de la sociedad en el tema.

08/LGL/GGQ

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