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Violencia de género en el país de la igualdad y la fraternidad

Por Coralie Faure

“No podía hablar a otro chico, ni siquiera voltearme en la calle, porque me gritaba insultos”, explica Sylvaine. “Tenía miedo salir afuera, me había prometido matarme” describe Linda, que no tuvo otra solución que irse a vivir en otra ciudad para huir su “ex”. Linda y Sylvaine son dos amigas de 21 años, quienes juntas, han conseguido salvarse de la violencia de sus parejas respectivas.

En el país que dice ser la cuna de los derechos humanos y que ha firmado los principales tratados de derechos humanos, a menudo se vulnera el derecho de las mujeres a la libertad, a la igualdad, a la seguridad y, a veces, a la vida. Está bien tener derechos, pero es mejor si se aplican, sostiene Amnistía Internacional en su campaña Alto a la Violencia contra las Mujeres.

Al contrario de las ideas preconcebidas, la violencia toca a todas las mujeres cualquiera que sea su origen, edad o clase social. Como en cualquier otro país, el autor de la violencia es a menudo un conocido, cercano a la victima, y en la mayor parte de los casos, su propia pareja.

En Francia, de acuerdo con una investigación realizada por Catherine Vautrin, la viceministra para la Cohesión Social y la Paridad, una mujer muere cada cuatro días a causa de las palizas de su compañero, y una de cada diez mujeres dice haber sido victima de la violencia de su pareja durante los 12 últimos meses.

Un juez dijo: “Se le acusa de haber agredido a una persona” y el acusado contestó “No era una persona, señoría, era mi mujer”. Esta cita, presentada por un jefe de policía, traduce un sentimiento de propiedad del cuerpo y del espíritu de las mujeres. La violencia en contra de las mujeres está integrada en un sistema de discriminación escondido detrás de las normas sociales.

Así el reto es grande: cambiar las prácticas, pero también las mentalidades, mediante las leyes, en primer término, refiere Amnistía Internacional en su informe sobre la violencia de género en Francia.

Cuando la ley llama “delito” a un acto determinado, contribuye cambiar la mirada que fijamos sobre el, y eso hasta el ámbito familiar. Entonces la ley tiene entre otro un papel simbólico y educativo muy importante.

“Liberar las palabras” exige la asociación “Ni Putas, Ni Sumisas”, porque un obstáculo al acceso a la justicia por la víctima viene de la dificultad para denunciar a su agresor, con quien tiene una relación intima. El sentimiento de culpabilidad, el miedo, las preocupaciones por la vivienda o los hijos, así como la complejidad del tramité, explican su silencio.

Además, a las relaciones de dominación y de violencia de los hombres sobre ellas se añaden a menudo con otras formas de discriminación, como las vinculadas con la migración. Así que las mujeres extranjeras, en promedio más aisladas, que ignoran el francés, y corren un riesgo de expulsión del país, son muy vulnerables.

Por eso en su investigación sobre la violencia a contra de las mujeres en Francia, Amnistía Internacional llama el Estado a tomar medidas par defender el respeto entre hombres y mujeres, de cualquier nacionalidad o situación administrativa, en el seno de la pareja.

06/CF/MR

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