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Violencia en el parto hospitalario

Por la Redacción

En los hospitales se pretende que las mujeres “tengan” su parto lo más rápido posible aplicando pitocina, una droga que imita a la hormona natural oxitocina. El resultado de su utilización es un parto más doloroso, violento y, claro, más rápido. La aplicación de pitocina como una rutina ha provocado patologías y emergencias con más intervenciones médicas de las que un parto normal y natural requiere.

La oxitocina es una hormona natural almacenada y secretada en diversas cantidades por la glándula pituitaria posterior. Su función hace que el útero tenga contracciones y colabora, así, con el proceso del parto.

Esta hormona es generada naturalmente por la madre durante las labores y está vinculada, además, con las sensaciones placenteras: en los estímulos sexuales, en la lactancia y en la formación del vínculo madre-bebé.

La pitocina tiene la intención de imitar a la hormona natural, e inunda los sitios receptores de oxitocina natural con niveles altos y anormales. De esta manera inhibe la producción y recepción normal de la hormona. Todo esto se hace con la intención de acelerar el parto, sin tomar en cuenta el proceso natural.

En los hospitales de Costa Rica, al igual que en México, se aplica la pitocina junto con un suero intravenoso en la gran mayoría de partos normales que no requerían la droga, sino mejores condiciones para que la mujer se entregue a las sensaciones del parto, y que este proceso fluya en una manera saludable.

Según la institución médica el cuerpo funciona como una máquina a la que se le deben aplicar medicamentos para que funcione mejor, más rápido y de manera eficiente. Esto está vinculado con las rutinas hospitalarias. Hoy se pretende que un parto no tarde más de doce horas desde su admisión al hospital, sin individualizar los casos.

El protagonismo de las mujeres y sus bebés en el proceso del parto tendría un impacto positivo impresionante sobre el éxito del parto y el nacimiento, y reduciría el uso de pitocín.

Riesgos por su utilización:

Produce dolor excesivo. Esto refuerza los miedos y la idea de que los dolores del parto son insoportables, y que las mujeres no son capaces de parir sin intervención médica.

Genera alta tasa de cesáreas. Su uso es una de las principales causas de cesáreas en Costa Rica por dos razones: provoca sufrimiento fetal, y el dolor extremo crea una situación de gran agotamiento en las mujeres que terminan agradeciendo la intervención quirúrgica.

Asimismo, aumenta el riesgo de una hemorragia postparto y de utilización innecesaria del monitoreo electrónico, el cual ha sido señalado como un factor iatrogénico, es decir, que favorece efectos negativos provocados por el equipo médico. Finalmente, algunas madres son hipersensibles a la droga.

Para el bebé existe el riesgo de tener sufrimiento fetal y, en ciertos casos, daño cerebral o muerte. La fuerza extraordinaria y la duración de las contracciones provocadas artificialmente, le restan tiempo al bebé para su recuperación y reabastecimiento de oxigeno, e incluso algunos estudios refieren efectos a largo plazo en el recién nacido, como predisposición a la ictericia.

Algunas alternativas al uso de pitocina son bailar, caminar y sensaciones de placer sexual al inicio del parto para estimular la secreción natural de oxitocina. Crear un ambiente agradable y cálido, tranquilo, en el que la mujer pueda tomar decisiones y llevar su propio ritmo en el proceso del parto. La libertad de movimiento y de tomar posiciones facilita el proceso del parto, así como permitir a la madre comer y tomar líquidos para conservar la energía necesaria.

Tomar duchas y baños tibios, sentirse protegida y relajada estimula la oxitocina. Algunas necesidades fundamentales para sentirse así son: luces bajas, música o sonidos suaves, estar acompañada por personas elegidas por la mujer, privacidad, espacios acogedores, actitudes amorosas, ropa adecuada, no hacer tactos vaginales rutinarios, respeto, y algunas veces estar sola para poder concentrarse y sentir y vivir las sensaciones del parto.

Según el reglamento de salud vigente, usted tiene derecho a información completa y precisa sobre todos los tratamientos y procedimientos que se le pretendan aplicar a usted y a su bebé, y a tomar la decisión que más crea conveniente.

       
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