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Yo os declaro marido y sierva

Por CIMAC Redacción

La discriminación que sufren las casadas cuando quieren divorciarse en los países árabes ha sido denunciada por la organización Human Rights Watch (HRW). La ONG señala que, mientras que el hombre puede abandonar a su mujer con sólo pronunciar las palabras “te repudio”, a la mujer conseguir el divorcio le cuesta años de pleitos judiciales, publica hoy en su portada Las ciudad de las mujeres en la red.

El Mundo

Aunque del informe se deduce que las leyes y la jurisprudencia islámica son la causa principal de la desigualdad de derechos maritales, la organización ha querido dejar claro que “no busca juzgar o interpretar los principios de ninguna religión; sólo nos importan las violaciones de derechos humanos resultantes de la aplicación de la ley.”

El caso del repudio es el más claro: un hombre puede repudiar a la mujer hasta tres veces, y en el lapso de tiempo que transcurre entre la primera y la tercera, puede volver a reclamarla cuando él quiera. Solo la tercera vez que pronuncie la sentencia “yo te repudio” puede la mujer considerarse definitivamente separada, aunque deberá esperar un año para volverse a casar con otro hombre.

Un calvario para las mujeres

En caso de que sea la esposa la que decide emprender el proceso de divorcio, la vía más rápida es renunciar voluntariamente a la pensión alimenticia, devolver la dote que el marido pagó y renunciar a la herencia que legalmente le correspondería, lo que la deja en total indefensión (la casa familiar es siempre para el marido, aunque sea la madre la que guarda la custodia de los hijos).

Como esta vía supone enormes gastos, queda fuera del alcance de la mayoría de egipcias, que deben buscar entonces el llamado ‘divorcio de ofensas’, esto es demostrar palpablemente uno de estos cuatro casos: que el marido padece una enfermedad mental o incurable, incluida la impotencia; que no mantiene a la familia; que está preso o prófugo o que “daña” física o mentalmente a su mujer.

Y es aquí donde comienza el infierno de una casada sin medios que quiere divorciarse: en un país donde un juez puede oír 60 casos por día, las causas por divorcios suelen retrasarse meses, y muchas veces años.

En Egipto no existe ni un solo juez o fiscal de sexo femenino, “lo que hace sospechoso al sistema judicial por entero”, según el informe. Un juez que aparece citado por su nombre y apellido llegó a decir a los investigadores: “Lo que es dañino para unas, no lo es para otras. Algunas mujeres aceptan los golpes e insultos como una broma, otras no”.

No sólo es la mujer la que debe demostrar los ‘daños’ ante el tribunal, sino que en caso de que los pruebe, entonces el juez pone en marcha un ‘mecanismo de mediación’ para reconciliar a los cónyuges, algo que no existe en el caso del repudio o divorcio del varón.

Con múltiples impedimentos para acceder a las pensiones alimenticias, la inexistencia de casas de acogida y la barrera de impedimentos legales para divorciarse en los juzgados, los matrimonios fracasados “condenan a las mujeres a una vida de violencia”, recuerda la ONG.

Un testimonio recogido por una de las víctimas es revelador: “Yo quería el divorcio pero él se negó. Salió de casa y me dijo: ‘No lo conseguirás, tú te vas a quedar aquí sólo por si acaso, como una rueda de repuesto’.

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