REPORTAJE
DERECHOS HUMANOS
   Parteras, lideresas y campesinas creen que otro mundo es posible
Activistas, respuesta social ante incumplimientos del Estado
Defensoras en entrevista con Cimacnoticias | CIMACFoto: César Martínez López
Por: Anayeli García, Gabriela Godínez y Guadalupe Gómez
Cimacnoticias | Ciudad de México.- 17/04/2017 Las mujeres de las comunidades campesinas e indígenas, a quienes el sistema económico, político y social ubica en el último escalón, por su condición de género y pobreza, no se conforman, nunca se han conformado, con un presente así, ni con que sea ese el futuro para sus hijas e hijos. Por eso convierten esta sociedad doliente, sociedad de carencias, en una de resistencia y trabajo.
 
Es el caso de Margarita Amalia Cruz, a quien no le gusta que la vean como víctima y evita llamar “ataques” a los obstáculos que encuentra cuando defiende los derechos de las jornaleras de San Quintín; prefiere describir cómo viven 12 horas bajo el sol por un pago de 120 pesos diarios.
 
Desde los 8 años de edad hasta los 37 ella fue jornalera en aquel valle de Baja California, donde ahora dirige Mujeres en Defensa de la Mujer (Naxihi na xinxe na xih), que participó en el movimiento de jornaleros agrícolas iniciado en 2015.
 
Desde los años 80, cuando Margarita llegó de la zona mixteca de Oaxaca a San Quintín, la situación ha cambiado poco. Hoy, como entonces, trabajan ahí migrantes, mixtecos, zapotecas, triquis y nahuas de Oaxaca, Guerrero y Veracruz.
 
En 1985 Margarita y los otros 30 niños que trabajaban para la compañía ABC soñaban “con un futuro mejor”, pero terminaban viendo como normales los maltratos, el bajo salario, la fumigación con agroquímicos.
 
Hoy las cosas cambiaron, se modernizaron, hay invernaderos… “pero para proteger el cultivo, no a las personas”, ironiza, porque las trabajadoras, de una temperatura muy alta, salen súbitamente al frío de la tarde y enferman, mientras otras pasan horas en cuclillas, en la fresa, la coliflor y el brócoli, lo que les provoca intensos dolores musculares. 
 
De esa realidad surgió en 1997 un grupo de mujeres artesanas y en 2004 exigieron afiliación al Seguro Social. Ahora, Mujeres en Defensa de la Mujer trabaja por los derechos laborales y el rescate de la medicina tradicional, a través de la Casa de la Mujer Indígena, enfocada a la prevención de la violencia de género y promoción de la salud sexual y reproductiva. Tiene además un programa en la radio indigenista XEQUIN, la Voz del Valle.
 
Y busca vincularse con organizaciones que defienden la tierra y el territorio, porque “cuando una empresa internacional entra a nuestros territorios no solo llega a explotar las manos jornaleras, también a explotar la tierra, a destruir la naturaleza; luego se van y dejan tierras infértiles”.
 
LA PARTERÍA, ALIVIO A LA INJUSTICIA 
 
Ayudar a una mujer a parir es un oficio que fascina, “es querer ayudar, decir basta de tanta injusticia hacia las mujeres”, dice María de la Luz Díaz Hernández, indígena y partera tradicional de la ranchería San Rafael, en Comitán, Chiapas, entidad con mayor número de parteras en el país.
 
Es una de las casi 3 mil parteras en el estado, que trabajan sobre todo en comunidades rurales e indígenas y atienden 9 por ciento de los casi 90 mil partos al año (Sinais, 2014). Hace un mes, Luz fundó, con otras cuatro parteras, Camati, “Mujeres construyendo desde abajo”.
 
Desde los 17 años de edad, Luz camina montañas hasta donde la necesita una mujer embarazada, pese a las secuelas que le dejó la poliomielitis. Supo que sería partera porque soñó, durante un mes, que una mujer le pedía ayuda para parir, un oficio que era también el de su abuelo.
 
La labor de Luz es indispensable en un estado donde hay apenas 2 mil 240 camas de hospital (Dirección General de Información en Salud, 2014), lo que explica por qué en 2014 hubo 68.1 muertes de mujeres por cada 100 mil nacidos vivos (Observatorio de Mortalidad Materna).
 
Camati también consigue fondos para llevar a un hospital a las mujeres que lo requieren, da talleres de sexualidad a adolescentes y tiene una casa donde trabajan con herbolaria.
 
POR LA MADRE TIERRA
 
Rosenda Maldonado Godínez, coordinadora de la Red Nacional de Mujeres Indígenas Tejiendo Derechos por la Madre Tierra y Territorio (Renamitt), dice que las indígenas trabajan la tierra, viven de ella, pero sin derechos ni reconocimiento.
 
Nació en la sierra norte de Veracruz y promueve con Renamitt el derecho de las mujeres a la tenencia de la tierra, que “no es propiedad porque para las indígenas la tierra no es propiedad de nadie, decimos que nosotras somos de la tierra”, explica.
 
Renamitt se fundó en 2013 con integrantes de Oaxaca, Chiapas, Veracruz, Guerrero, Jalisco y Chihuahua, pero desde 2008 representa jurídicamente a mujeres y capacita sobre uso y aprovechamiento de los bienes comunes.
 
La también presidenta de Agrupación de Derechos Humanos Xochitépetl dice que muchas mujeres solas, debido a la migración, van a las asambleas porque están a cargo de parcelas y solares, pero no tienen poder de decisión. Un caso frecuente, ya que de los 12.3 millones de mujeres en el medio rural, sólo 5 por ciento tienen derechos reconocidos sobre sus tierras, según Inegi. 
 
Por eso, Renamitt busca que sean reconocidas como ejidatarias, además de que podrían ser comisarias de bienes ejidales o comunales y participar en las decisiones, ahora que la Ley Agraria garantiza la equidad en esos organismos. 
 
Renamitt trabaja también sobre el impacto de empresas y megaproyectos, como mineras e hidroeléctricas, en tierras ejidales, que ignoran la opinión de los pueblos indígenas. 
 
“MUJERES MILENARIAS”, AL RESCATE DEL MAGUEY
 
En 2014, recién egresada de Ingeniería Forestal, en el Instituto Tecnológico de Los Valles de Oaxaca, Bibiana Bautista Gaytán, mixteca de 30 años, involucró a las mujeres de Santa María Apazco en el rescate de la producción del pulque y en el aprovechamiento de productos del maguey, como gusanos, pencas y azúcar para personas con diabetes.  
 
Fundaron “Mujeres Milenarias”, en donde trabajan 30 mujeres y 10 hombres, entre ellas adultas mayores que quedaron solas por la migración y madres que mantienen a sus hijos. 
 
Aprovechan la Feria Regional y la fiesta de la Concepción para vender sus productos. Además, “Las pulqueras”, como se hacen llamar, recolectan y separan basura, apoyan la participación política y derechos de las mujeres, y su meta es una microempresa para aprovechar todas las cualidades de la planta.
 
17/AGM/GGG/GGQ
 







NACIONAL
DERECHOS HUMANOS
   Mixtecas de la comunidad de Apazco se organizan
“Mujeres Milenarias” rescatan tradición del maguey
CIMACFoto: César Martínez López
Por: Anayeli García Martínez
Cimacnoticias | Ciudad de México.- 25/03/2017 Hace 3 años las mujeres mixtecas de Santa María Apazco, un municipio ubicado a tres horas de la ciudad de Oaxaca, sumaron esfuerzos para aprovechar los beneficios del maguey, una planta de la que pueden obtener aguamiel, pulque, gusanos para comer, pencas para cocinar la barbacoa o hasta inulina, azúcar que pueden consumir las personas con diabetes.
 
En 2014, recién egresada de la carrera de Ingeniería Forestal, en el Instituto Tecnológico de Los Valles de Oaxaca, Bibiana Bautista Gaytán se dio a la tarea de involucrar a las mujeres en el rescate de la producción del pulque, una de las tradiciones más importantes del municipio, y con ello comenzar la explotación de los beneficios del maguey. 
 
De este proyecto para mantener viva la bebida prehispánica, considerada por los pueblos indígenas como un regalo de los dioses, nació la organización “Mujeres Milenarias”, una agrupación que hoy congrega a 30 mujeres y 10 hombres, según cuenta en entrevista Bibiana Bautista, ingeniera indígena de 28 años de edad, hablante de mixteco y especialista en el manejo de recursos forestales.
 
El pulque se cataloga como una bebida alcohólica pero a decir de esta dirigente social si se consume con medida es una bebida benéfica para la salud por su riqueza en hierro y calcio; además ha servido para que las mujeres de Apazco, en su mayoría adultas mayores que quedaron solas porque sus hijos migraron, aprovechen los bienes que da la tierra y obtengan ingresos económicos.
 
Con el pulque, este grupo de mixtecas se dio cuenta de que la producción no sólo corresponde a los hombres, que ellas también podían trabajar, por eso en la organización también hay madres que crían a sus hijos sin una pareja, porque en la búsqueda de ingresos económicos también encontraron la forma de conocer los terrenos de cultivo donde ya plantan frijol o maíz.
 
Bibiana Bautista comenzó a trabajar con el pulque desde el año 2010 cuando se integró a la organización de la feria regional del pulque que cada 6 de diciembre se instala previo a la fiesta patronal de la virgen de la Inmaculada Concepción, que se celebra el 8 de ese mes. Esa es la ocasión perfecta para vender y mostrar sus productos a los visitantes y hacer gala de los rituales indígenas.   
 
Bibiana Bautista Gaytán | CIMACFoto: César Martínez López

 
Para llegar a estos días de fiesta, las mujeres ya trabajaron la tierra, ordenaron sus cultivos, extrajeron aguamiel del maguey y fermentaron el pulque. Las “pulqueras”, como se hacen llamar, aprendieron que hay que ser pacientes porque pueden pasar hasta 7 años desde que se planta un maguey hasta que está listo para ser productivo.
 
De la mano de Bibiana, las mujeres también se han vuelto expertas en sus plantas; las riegan, las podan, les quitan los ciruelos y las observan para ver cuándo crece la piña y están listas para ser trabajadas, con suerte un maguey les puede dar 40 o 60 litros del líquido dulce, blanco y espeso que servirá para deleitar paladares. 
 
Ahora “Mujeres Milenarias” trabaja para crecer y llevar sus conocimientos a más personas; pero no sólo se dedican a hacer viveros de maguey, también promueven la conservación del medio ambiente, hacen recolección y separación de basura, apoyan la participación política femenina y los derechos de las mujeres.
 
Hija de una familia tradicional y con cuatro hermanos, Bibiana pudo quedarse en la Ciudad de Oaxaca pero decidió regresar a Apazco a fomentar uno de los oficios más importantes que pueden heredar las abuelas y los abuelos. Su meta es tener una microempresa que en el futuro pueda aprovechar otras cualidades de esta planta y sigue trabajando en ello.  
 
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