Ya podemos dormir tranquilos. Dice el señor Vicente Fox Quesada, no el presidente de la República o el jefe del Estado mexicano, de acuerdo a un cable de la gubernamental agencia Notimex, fechado en Miami: «Yo no tengo absolutamente ninguna expresión, de parte de mi señora, que tenga algún interés o alguna intención en participar como candidata (a la Presidencia)».
El marido de Marta Sahagún Jiménez persiste, 32 meses y 17 días después de que le colocaron la banda presidencia en San Lázaro –por lo visto sin enterarse todavía–, en internacionalizar la frivolidad: que la aldea se entere que más que una nación que aspira a insertarse con perfil y proyecto nacionales propios en la compleja y disputada globalización, él puja para que seamos un país globero.
Cual capítulo estelar de telenovela exitosa del Canal de las estrellas, o de la competidora cuyo dueño adeuda en auténtico crédito a la palabra 29.8 millones de dólares de 1993 al huésped más distinguido de Almoloyita, Fox Quesada dijo lacrimógeno a Telemundo, la segunda mayor televisora latina de Estados Unidos:
«Creo que ambos estamos construyendo planes, muy pero muy padres, para irnos al rancho, allá a escribir –amenaza con más Reflexiones–, ojalá a montar a caballo si el médico me deja, y a estar cerca de los hijos y de la familia, esto es lo que estamos pensando».
Por lo visto la previsión pública –registrada por la odiada «prensa escrita», como le llama la pareja presidencial–, de doña Mercedes Quesada de Fox en cuanto a que a aquélla la sostiene hoy el interés político y material –obviamente cito de memoria–, le tiene sin cuidado al «hijo terco», como también le denomina la vasca señora.
Pero ocurre que esta telenovela de la vida privada de los Fox, se transmite en horario estelar y de lo íntimo, en consecuencia, se muta en hecho político insoslayable para el comentario.
Valga la precisión porque nunca me ocupo de la vida privada de los hombres del poder institucional y fáctico, mientras sean capaces y aptos para mantenerla en el ámbito de su recámara o de su hogar.
En política no existen hechos casuales ni inconexos. Y curiosamente la supuesta declinación a la precandidatura presidencial –ignoramos que giro de 180 grados nos presente mañana Fox– de la señora también conocida como La Jefa –y no precisamente por Olga Wornat sino por los espacios políticos, económicos e institucionales que ocupa–, la da a conocer su marido un día después de que en grotesca actitud de «democratismo» reconociera que la disputa por la «sucesión presidencial ya está en marcha en todos los partidos; cada uno, cada persona tiene la mirada puesta en 2006».
Y no sólo. Generoso y libérrimo nos jura: «No los reprimiré». Después del rotundo fracaso que conquistó en las urnas, y debilitado como quedó por asumir el papel de propagandista obtuso de foxilandia más que de su presunto partido, el PAN, resulta pretencioso y hasta ridículo suponer que Fox tenga la capacidad para establecer las reglas del juego para el gabinetazo y menos para los factores de poder real hacia el 2006.
El banderazo anticipado para la sucesión de Fox tiene no sólo el sello de la experiencia propia en Guanajuato, como plataforma política y económica para buscar desde tres años antes el camino que lo conduciría a Los Pinos.
Implica, sobre todo, la confesión temprana y explícita del agotamiento personal para gobernar; la incapacidad e ineptitud para sacar al país del estancamiento económico y a la ciudadanía del desaliento cívico, para conducir al país durante tres años más.
Es también una estrategia, me temo que sin futuro exitoso para el aún Presidente, para trasladar al Congreso las responsabilidades de un gobierno sin rumbo y un gabinete desarticulado.
2003/EI/MEL
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