En esta capital, como en las principales ciudades del país, las mujeres indígenas viven la falta de acceso a servicios públicos de salud, educación y vivienda, entre otros, además de la permanente discriminación.
Para huir de la pobreza, en el caso de la ciudad de México las mujeres jóvenes se concentran en delegaciones que tienen colonias residenciales como la Benito Juárez, Coyoacán y Alvaro Obregón.
Muchas de ellas no saben de la existencia de programas federales o locales que realizan el «gobierno del cambio» o el de «La Ciudad de la Esperanza». Sólo entendieron que debido a la pobreza en sus lugares de origen tuvieron que buscar opciones de sobrevivencia.
La mayoría proviene de las entidades del centro del país para incorporarse al empleo informal: lavar, planchar, lavar, vender fruta o quesadillas en las calles.
LA REALIDAD
«¡Mira, ya vista a la India María!», resalta, con la voz firme e indignada Josefina Flores, indígena mazahua originaria de San Antonio Pueblo Nuevo, estado de México, haciendo referencia a cómo es tratada en esta capital.
Ella comparte las mismas condiciones de vida que 60 familias mazahuas y 20 «desdobladas», expresión con la que se refiere a dos familias que viven en un solo cuarto. El predio, considerado de alto riesgo, se ubica en la calle de Mesones, en el Centro Histórico.
Las mujeres indígenas, comenta, cuando vas a dar a luz y llegan al hospital, te dicen: «tu no veniste a la consulta, no tienes derecho de ser atendida. Por eso se mueren muchas indígenas en esta ciudad».
Tenemos muchos obstáculos para acceder a servicios básicos como de salud, educación o asuntos administrativos, dice Josefina.
Orgullosa de portar su vestimenta y collares vistosos, refiere que hay muchas mujeres solas y madres solteras. Hasta hoy, con la tercera generación, las parejas sólo tienen dos o tres hijos.
La tristeza la invade cuando habla de los hijos e hijas, pues dice que ir a la escuela no implica problema, el asunto es al interior porque las niñas y niños por su vestimenta, les hacen burla: «Mira, se viste como la India María».
En ese sentido, Josefina, de 49 años de edad, con mirada fija, dice: «muchas de nuestras hijas e hijos ya no quieren portar nuestra vestimenta por temor a la burla».
UNA OPINIÓN
En trabajos de la socióloga de la UNAM Julia Flores Dávila, se menciona que la mayoría de los pobladores indígenas en las ciudades (78 por ciento) se encuentra ocupada en el sector informal.
Flores Dávila señala que en las zonas urbanas se detectó que 78.8 por ciento de los hombres trabajan, mientras que la población femenina alcanza 45.7 por ciento, cifra que contrasta con el porcentaje nacional de población de mujeres que trabaja, de 31.3 por ciento.
Es decir, asegura la investigadora, la inserción de las mujeres indígenas al trabajo es inducida por la pobreza.
2003/RGL/RGR