Desde un enfoque holístico y bajo el principio de trabajo simultáneo con mente y cuerpo, Jack Painter, creador de la integración postural, propone al terapeuta realizar un trabajo desde el cuerpo del paciente (cliente) para la transformación conjunta de su yo interno y externo.
A partir de su experiencia de crecimiento personal, trabajo en consultorio y formación profesional –con rolfing, trabajo reichiano, Gestalt, acupuntura, polaridad, Painter comprobó que a nivel mental y físico los seres humanos desarrollamos una corteza externa y un núcleo interno para protegernos contra posibles experiencias dolorosas.
Con esto, dice, tendemos a separar y aislar las experiencias internas y externas creyendo que si logramos manejar una parte adecuadamente, la otra seguirá el ejemplo.
Una forma más de manipularnos que nos lleva muchas veces a desarrollar los músculos exteriores del cuerpo (extrínsecos), que nos sirven para correr, levantar cosas y arrojarlas, tratando de resolver nuestros problemas mediante el poder y la fuerza solamente. Al hacerlo de esta manera nulificamos los músculos interiores (intrínsecos) que inician y coordinan los movimientos externos
Con el tiempo, señala Painter, a nivel físico vamos creando en nuestro «yo soy corporal» un desequilibrio entre una corteza dura y un núcleo blando que «nos deja los músculos atados, rígidos y torpes por fuera. Y a nivel emocional quizá creamos que si nuestra vida es activa exteriormente también lo será internamente» (Integración postural, 1990).
El rolfing es la técnica que aplica este autor, ablandando la musculatura con un trabajo gradual de afuera hacia adentro. «La estrategia es ablandar y reorganizar las partes del sistema facial (capa de tejido que cubre al músculo) endurecidas y atoradas, lo cual proporciona a su vez movilidad y equilibrio a los músculos cubiertos por la fascia», expone.
Su experiencia le demostró que hay que tener cuidado con esto, pues hay una forma sutil en que nuestra coraza cambia de lugar sus defensas y «es posible que la tensión liberada en la superficie pase a un sitio más profundo y protegido».
Para que una transformación desde el cuerpo sea auténtica, el terapeuta debe respetar el ritmo de cada persona para aguantar y asimilar el cambio y avanzar poco a poco observando en forma integral el trabajo de manipulaciones físicas (fascias) y el emocional con sentimientos y actitudes externas, opina Painter.
Y es optimista, cuando se le toca a una persona de esta forma –a cualquier nivel o profundidad, en una relación de afuera hacia adentro y viceversa–, su respuesta es instantánea y se reacomoda en cualquier parte y dimensión.
Sobre este tema continuaremos en la próxima entrega.
* Periodista mexicana y psicoterapeuta Gestalt
[email protected]
06/CV/LR