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Mujeres de maíz

Por Soledad Jarquín Edgar

La historia de las mujeres sigue ligada al maíz. Pero su relación tiene poco que ver con el pasado milenario del Popol Vuh: de lo que hoy se trata es de la sobrevivencia pura, de la siembra de un cultivo quizá amenazado por el grano mejorado.

Olga Toro tiene cinco años esperando que le respondan si el maíz que le dijeron que era transgénico tendrá alguna repercusión en la salud de sus hijos e hijas. Persiste la duda y lamenta la pérdida de su maíz milenario, la semilla que heredó de sus antepasados, cuando en su intento por producir más sembró «un poco» de maíz de Conasupo (hoy Diconsa) en sus terrenos y con ello contaminó su maíz criollo y lo perdió.

De 44 años de edad, Olga vive en la comunidad de Capulalpan de Méndez en la Sierra Juárez, de Oaxaca a poco más de dos mil 500 metros sobre el nivel del mar.

En su comunidad de calles pavimentadas, habitan unas tres mil personas que se esfuerzan cada día por preservar lo suyo: sus recursos naturales y sacar adelante a las nuevas generaciones, «ofrecerles algo mejor». Otros, vencidos por la lentitud de ese desarrollo de primer mundo, optaron por emigrar.

Olga es madre de seis hijos. Tres y tres, dice con orgullo. Como cada año en sus casi dos hectáreas siembra maíz y obtiene una tonelada y media, en promedio, de la mítica semilla. De ellas, selecciona las mejores para la próxima cosecha.

Pero en 1999 escuchó que en tierras como Tuxtepec y Pinotepa Nacional, el maíz mejorado permitía a los campesinos de esas localidades obtener hasta siete toneladas por hectárea.

El maíz que siembran es de Conasupo, explica, por eso compró maíz de la paraestatal y se fue al campo. Sembró el 80 por ciento con su semilla criolla y un 20 por ciento más con la semilla que venden en las tiendas comunitarias.

Sí, afirma, «tuvimos en ese maíz un rendimiento superior en un 25 por ciento». Al año siguiente repitió el proceso, pero esta vez la semilla de Diconsa no dio ningún fruto.

En 2001, la Unión de Comunidades Zapotecas y Chinatecas (Uzachi) realizó un estudio y su maíz criollo fue seleccionado. Ella les dio la muestra. Meses después, «ingenieras de la organización vinieron y me dijeron que mi maíz estaba contaminado (por proteínas) en un 23 por ciento», entonces les comenté que había sembrado maíz de Diconsa y ellas me dijeron que había contaminado el maíz criollo. «Perdí mi maíz y hasta la tranquilidad», comenta.

Desde entonces nada es igual, Olga tiene temor, vive sin saber que va a pasar, porque sus hijas e hijos comieron de ese maíz y nadie le ha dicho si eso les traerá problemas de salud.

Hasta hoy –asegura la campesina- no sabemos a ciencia cierta de dónde viene el maíz de Diconsa. «Ellos dicen que lo traen de la Costa y de Tuxtepec, otros dicen que viene de África y Estados Unidos, pero a ciencia cierta no lo sabemos.

Sin embargo, en la región, la bodega Diconsa ubicada en Ixtlán de Juárez, distribuye cada año un millón 800 toneladas de maíz, como informó personal que labora en el ese almacén, que vende el producto en unas 65 poblaciones. Afirman que este maíz se utiliza para consumo humano y en una mínima parte como alimento de los animales de traspatio.

El maíz Diconsa, cuyo costo de venta es de 2.50 pesos, mientras que producirlo tiene un costo de seis pesos por kilogramo, se distribuye en bolsas donde antes contenían azúcar. Es decir, no tiene leyendas que indiquen su procedencia real ni los fines para los cuáles pueden ser utilizados, aunque de acuerdo con una empleada de Diconsa, este maíz procede de Veracruz y Tehuacán, «porque eso le han dicho».

Olga confirma el dato. «A mi nadie me dijo que no podía sembrar el maíz de Diconsa» y ante la necesidad de incrementar la producción y viendo lo que pasaba en otras partes del estado sembró el maíz de la paraestatal.

Baldemar Mendoza Jiménez, agrónomo de la Unión de Organizaciones de la Sierra Juárez de Oaxaca (Unosjo), afirma que para la gente de estas comunidades resulta entonces «irónico pensar que lo que es bueno para comer no sirve para sembrar» y es que «algunas bolsas de Diconsa, ahora sí, traen el letrero que indica que es sólo para consumo humano», completa Olga.

Aunque existen nuevos estudios de empresas internacionales que señalan que no se contaminó el maíz y en 2003 Diconsa negó que el grano que vende en las comunidades sea transgénico, lo cierto señala Unosjo es que hay pruebas de la presencia de maíz transgénico en Oaxaca y ante las pruebas de plantas y mazorcas con deformaciones o incapaces de polinizar al año siguiente, todo parece irrefutable.

06/SJ/LR

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